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Responsabilidad social

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10/10/2012 | por Rav Ken Spiro

Los judíos introdujeron los conceptos claves de la moralidad moderna.

Las sociedades que no abrazaban el valor de la vida, que estaban constantemente atrapadas en acciones militares, que no les concedían derechos igualitarios a todos sus habitantes y que tenían una enorme población sin educar, con certeza no iban a poner mucho esfuerzo en programas de asistencia social. Todos los programas de asistencia social de hoy en día en América y Europa son producto de los últimos 100-150 años. Previo a eso, si eras pobre, era tu propia mala suerte – el gobierno no iba a ayudar.

Incluso peor eran las relaciones internacionales. Las fuerzas multinacionales encargadas del mantenimiento de la paz, la ayuda exterior, el Banco Mundial, etc., eran organizaciones completamente desconocidas en la antigüedad. Si le pedías ayuda exterior a Roma, te hubieran enviado cinco legiones. “Nos encargaremos de tus problemas” significaba “Te invadiremos y nos apoderaremos de tu país” Roma no quería hacer del mundo un lugar mejor para la humanidad. Roma estaba interesada en construir su imperio. Esta fue la realidad del mundo antiguo.

Por ejemplo, mira a Gengis Kan, el brillante líder de los mongoles en el siglo 13. Él y sus sucesores construyeron y mantuvieron uno de los imperios más grandes de la historia humana. Su visión del mundo está en consonancia con la mayoría de los líderes mundiales más grandes de toda la historia:

“La felicidad más grande es vencer a tus enemigos, perseguirlos, robarles su riqueza, ver a sus seres queridos bañados en lágrimas, acoger en tu regazo a sus esposas e hijas” (Gengis Kan, como fue registrado por el cronista Rashid-ad-Din)

Este valor fundamental crucial – la responsabilidad social – simplemente no era parte del mundo antiguo.

La Perspectiva de los Valores Antiguos

Hoy en día, consideramos que los valores expresados por el mundo antiguo son completamente bárbaros.

No es que todos los seres humanos de la historia fueron personas malvadas que pasaron sus vidas matando bebés, disputando guerras y mirando deportes sangrientos. La persona promedio de la antigüedad simplemente estaba tratando de ganarse la vida – de sobrevivir. Mientras que unos pocos individuos de la antigüedad predicaron la importancia de la paz y de la educación, la inmensa mayoría de la humanidad creyó y practicó lo contrario.

Seguro que Grecia, Roma y prácticamente todas las otras naciones aportaron valores a la civilización: arte y arquitectura, ingeniería, filosofía, gobierno y ciencia. No obstante, definitivamente no heredamos – de estas avanzadas civilizaciones – un sentido de moralidad ni de valores. La visión, que todos compartimos, de un mundo utópico – paz, afecto y armonía – no vinieron de esas antiguas naciones.

Yendo a la Fuente

Entonces, ¿cuál es el origen de los valores y de la ética que soñamos para nuestro mundo ideal?

Para resolver el misterio, veamos una cita de Paul Johnson, un historiador cristiano:

Una forma de resumir los 4.000 años de historia judía es preguntarnos qué le hubiera ocurrido a la especie humana si Abraham no hubiera sido un hombre de gran sagacidad, o si se hubiera quedado en Ur y hubiera guardado sus ideas elevadas para sí mismo, y por lo tanto, ningún pueblo judío en particular hubiera existido. Seguramente el mundo sin los judíos habría sido un lugar radicalmente diferente. Quizás la humanidad, eventualmente, habría descubierto todos los ideales judíos. Pero no podemos estar seguros. Todos los grandes descubrimientos conceptuales del intelecto humano parecen obvios e ineludibles una vez que han sido revelados, pero requieren un genio especial para ser formulados por primera vez. Los judíos tuvieron ese don.

A ellos les debemos la idea de la igualdad ante de la ley, tanto divina como humana; la santidad de la vida y la dignidad de la persona humana; la conciencia individual y la redención personal; la conciencia colectiva y la responsabilidad social; la paz como un ideal abstracto y el amor como la base de la justicia; y muchos otros asuntos que constituyen el mobiliario moral básico de la mente humana. Sin los judíos, este podría haber sido un lugar mucho más vacío.

Por sobre todo, los judíos nos enseñaron cómo racionalizar lo desconocido. El resultado fue el monoteísmo y las tres grandes religiones que lo profesan. Está más allá de nuestra capacidad imaginar cómo le podría haber ido al mundo si los judíos nunca hubieran existido.

Johnson está diciendo que el “menaje moral” básico del pensamiento moderno es atribuible a los judíos. Basado en lo que vimos del mundo en la antigüedad, verlo no está más allá de nuestra capacidad. Sin esos valores, la humanidad bien podría haberse destruido a sí misma una vez que hubiera obtenido el conocimiento tecnológico para ello.

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Este ensayo está adaptado de “Mundo Perfecto: El Impacto Judío en la Civilización” (WorldPerfect: The Jewish Impact on Civilization). En esta notable obra, el rabino Ken Spiro analiza 4.000 años de historia humana para mostrar cómo los valores éticos y morales occidentales provienen de la Torá.




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