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La carta de la reina Ester a su pueblo es exactamente lo que necesitamos hoy

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16/03/2022 | por Slovie Jungreis-Wolff

Con todo lo que está sucediendo en el mundo, ahora más que nunca precisamos su mensaje.

Muerte por todos lados.

Imágenes de las atrocidades en Ucrania, millones de refugiados buscando un amparo seguro, comentarios sobre armas que vaporizan los cuerpos humanos y un nuevo orden mundial… Todo esto nos hace estremecer.

Y todo llega después de un año que estuvo repleto de viciosos ataques antisemitas, una pandemia terrible y una espantosa agitación mundial.

Alguien puede llegar a preguntarse: "¿Dónde está Dios?" Nos sentimos solos y alejados.

La reina Ester, quien arriesgó su vida para salvar a su pueblo, nos dejó una carta de fe y amor. Ella supo que nosotros, sus hijos, deberíamos enfrentar el odio y un sufrimiento indescriptible en nuestro largo deambular por esta tierra. El Rollo de Ester, la Meguilat Ester, infundiría esperanzas a sus descendientes.

"Ester pidió que estas palabras de Purim fueran aceptadas y escritas en un rollo" (Meguilat Ester 9:32).

Es como si Ester nos susurrara al oído: "Queridos hijos, ¿piensan que están solos? ¿Piensan que atraviesan un momento oscuro? ¡Mírenme! A cada hombre, mujer y niño en cada país de la tierra, le pido que escuche mis palabras y que lea mi Rollo, hasta el final de los tiempos. Porque mi historia es su historia. Ya estuvimos aquí antes. Nunca los abandonarán. Nunca pierdan su fe".

En toda la Meguilá el Nombre de Dios está oculto, es decir que no se lo menciona ni una vez, precisamente debido a esos momentos oscuros como los que enfrentamos ahora mismo.

Ester entendió que nuestro exilio nos llevaría a la más profunda desesperanza.

Ester entendió que nuestro exilio nos llevaría a la más profunda desesperanza. Nos metieron en vagones de ganado, nos dejaron morir en fosas comunes en el bosque de Babi Yar, nos gasearon, nos golpearon, nos insultaron y nos dijeron que nos arrojarían al mar. La tierra está manchada con la sangre de nuestra nación. Cuestionan nuestro derecho a existir. Nuestra tierra está rodeada por millones de personas que nos odian y sobre nuestras cabezas pende la amenaza de las armas nucleares iraníes. El mundo está en llamas. ¿A qué podemos aferrarnos?

En estos días de Purim, Ester nos convoca.

La historia de Purim describe que Ester era una huérfana. Su padre murió antes de que ella naciera y su madre expiró cuando Ester llegó al mundo. ¿Quién puede imaginar su soledad? ¿Quién puede imaginar cuán vulnerable se sentía? Sí, tenía a su amado tío, Mordejai, quien la educó desde que nació. Pero ser un huérfano implica que uno carece de las dos personas que pueden llegar a amarlo más en este mundo. ¿Adónde vas cuando tu corazón se quiebra y la vida parece ser demasiado pesada para seguir cargándola?

También nosotros podemos sentirnos como si fuéramos una nación huérfana. Nos sentimos indefensos cuando el mundo se para en nuestra contra.

Y hay momentos, en nuestras vidas privadas, en los que sentimos lo mismo. Solos. Desesperanzados. Quebrados en millones de piezas pequeñas. Preguntándonos qué va a pasar.

El Rollo de Ester es un testimonio de la mano oculta de Dios en nuestras vidas. Ella nos alienta a mirar más profundamente.

"¿Me ves? ¿Quién hubiera podido imaginar que una niña huérfana, sin sus padres, sola, se elevaría y se transformaría en la reina que salvaría a su pueblo? Hay un Plan Maestro que nos guía a todos y a cada uno. Nunca pierdas las esperanzas".

Cuando Mordejai le pidió a Ester que fuera a hablar con el rey Ajashverosh para salvar al pueblo, ella aceptó con una condición.

"Ve, reúne a todos los judíos y ayunen por mí". Aquí Ester nos revela una verdad oculta.

Si quieren luchar con éxito esta batalla, deben unirse. Todas las divisiones y conflictos deben terminar. Judío contra judío., Vecino contra vecino. Familia contra familia. No hay fuerza cuando están fragmentados. Únanse como una sola persona y entiendan que son una mishpajá, una familia de judíos. Es más lo que tienen en común que lo que los diferencia. Tienen raíces compartidas. Sean amables los unos con los otros.

Dejen de juzgar. Comiencen a amar. Traigan luz a un mundo oscuro.

Ester pidió que celebráramos Purim enviando regalos de alimentos, mishloaj manot, que diéramos caridad y compartiéramos una comida festiva. Ella nos dirigió con la capacidad de acercarnos a los demás con amistad y amor. No se trata de la comida o la belleza de los paquetes. Ester nos pide que proveamos alimento para el alma. Que nos acerquemos a los demás y abramos nuestro corazón a alguien que no se encuentra en nuestra atmósfera habitual… Porque sí, sin ninguna razón especial. Que disfrutemos juntos el milagro de nuestra existencia. Esta es la clave de nuestra redención. Deja de juzgar. Comienza a amar. Trae luz a un mundo oscuro.

Si podemos responder al desafío de Ester, también podremos transformar nuestros días de "tristeza a alegría, de congoja a festividad".

Aférrate a la esperanza de la reina Ester. Siente su amor. Vive guiado por el coraje. Descubre la fuerza de Purim.





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