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Las palabras de la viuda de un policía asesinado que todos debemos escuchar

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03/02/2022 | por Rav Benjamín Blech

Sin importar si nuestra pareja sale de casa en la mañana para enfrentar el peligro o simplemente para enfrentar las dificultades habituales de la vida cotidiana, todos tenemos que internalizar su profundo mensaje.

Miles de personas llegaron a presentar sus respetos el último viernes a Jason Rivera, un oficial novato del departamento de policía de Nueva York que fue asesinado a tiros junto a su compañero cuando respondieron a un llamado por violencia doméstica en Harlem.

Rivera siempre quiso ser policía. Él amaba ayudar a los demás. En una carta a su comandante en el 2020, al explicar "por qué me convertí en un oficial de policía", él describió su motivación conectada con una consciencia de que "algo tan pequeño como ayudar a un turista indicándole una dirección, o ayudar a una pareja a resolver una disputa, logra que aparezca una sonrisa en el rostro de una persona". Más que nada él quería que su vida fuera una vida de servicio a los demás.

Él dejó a su novia de la infancia, Luzuriaga, con quien se había casado en el mes de octubre. Su viuda de alguna manera encontró el coraje y las palabras para ofrecer unas frases emotivas que provocaron que hombres duros con uniformes azules bajaran sus cabezas, con los rostros mojados de lágrimas.

El asesinato de Rivera fue un duro recordatorio de la realidad de un oficial de policía. Cada día, al cumplir sus obligaciones, existe la posibilidad de morir. Un adiós apurado después del desayuno, un beso rápido al salir de la casa… eso puede convertirse en una despedida final, el último intercambio de un amor fugaz antes de la separación eterna.

El último día de vida de Rivera tuvo una tragedia adicional.

Luzuriaga, la viuda, podría haberlo ignorado y no mencionarlo al hablar en el funeral de su esposo. Pero para su crédito, lo compartió. Sin importar si nuestra pareja sale de la casa por la mañana para enfrentar el peligro o simplemente para enfrentar las dificultades normales de la vida cotidiana, tenemos que internalizar su profundo mensaje.

"Ese viernes fue diferente. Tuvimos una pelea. Tú sabes que a veces es difícil ser la esposa de un policía. Es difícil ser paciente cuando los planes se cancelan, cuando pasan días sin vernos, cuando tienes que escribir un informe que lleva una eternidad porque tienes que incluir demasiados detalles… Ese viernes peleamos porque yo no quería que usaras tu teléfono del trabajo cuando estábamos juntos… Salimos de tu departamento y como yo no quise seguir discutiendo, me pedí un taxi. Me preguntaste si estaba segura de que no quería que me llevaras a casa, que esa podía ser la última vez que viajáramos juntos. Yo te dije que no, y ese fue probablemente el mayor error que cometí en mi vida".

Lo que terminó siendo su último adiós estará eternamente teñido con palabras de enojo.

Un gran amor terminó con una pelea tonta. Imaginen el dolor adicional que acompaña la pérdida de un ser querido: lo que terminó siendo su último adiós estará eternamente teñido con palabras de enojo.

"Si tan sólo hubiera sabido que nunca lo volvería a ver", es una frase que repiten una y otra vez aquellos que no lograron reconocer que un destello momentáneo de ira, molestia o furia podría llegar a convertirse en el último contacto con la persona más amada de su vida.

Nunca olvidaré el terrible incidente que ocurrió con una mujer de mi ex congregación. Ella y su esposo eran una pareja suburbana de edad mediana que parecían tener muchos años de vida por delante. Incluso aquellos que se aman profundamente a veces pueden tener fuertes desacuerdos. Pero esta vez la pelea escaló más allá de toda lógica. En un ataque de furia, cuando su esposo estaba en la puerta a punto de partir a su trabajo, ella le gritó: "Espero que te caigas muerto y nunca regreses".

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Él llegó hasta la estación de trenes y cayó muerto de un infarto. Lo que ella deseó se volvió realidad. Hace más de 30 años que ha enviudado, y todavía no puede perdonarse a sí misma.

¿Acaso su maldición realmente provocó que él muriera? Lo dudo. ¿Fue la pelea y sus palabras dolorosas lo que lo llevaron a sufrir el infarto? Quizás. Pero lo que su esposa repitió una y otra vez durante el funeral y en los años siguientes fue: "Si tan sólo hubiera sabido que ese sería su último día en la tierra. Si tan sólo hubiera sabido que en verdad iba a morir".

La realidad es que todos vamos a morir un día. Ya sea que se trate de la muerte totalmente inesperada del policía asesinado, la víctima de una tragedia imprevista o de una enfermedad, nadie puede escapar a nuestro destino humano.

El Talmud registra el consejo de Rabí Eliezer: "Arrepiéntete un día antes de morir". Cuando sus discípulos le formularon la pregunta obvia: "¿Cómo podemos saber cuándo será ese día?", él les respondió: "Exactamente. Por esa razón debemos vivir cada día como si fuera nuestro último día".

En mis muchos años de rabinato, aprendí que no hay un dolor mayor que el de los sobrevivientes que perdieron a su pareja o a un ser querido tras una discusión marcada por palabras denigrantes.

Cuando nos veamos tentados a separarnos de un ser querido y estemos enojados, recordemos las palabras de la viuda de Jason Rivera reflejando su última discusión con su esposo: "Probablemente ese fue el mayor error que cometí en mi vida".




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