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Los cuatro sabios que difundieron la Torá por todos los continentes

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07/08/2022 | por Eli Suli

Un incidente que causó que la sabiduría de la Torá se difundiera por varios continentes

La sabiduría de la Torá se difunde

Todo comenzó con una historia aventurera del siglo X, donde tuvo lugar un incidente que causó que la sabiduría de la Torá se difundiera por varios continentes. Abraham Ibn Dahub la escribió en Toledo en el año 1170:

“En Babel (Irak) la Yeshivá de Sura se había cerrado poco después del fallecimiento del Rab Saadia Gaón en el año 942, pero como los judíos de la ciudad no pudieron resistir el hundimiento de su famosa escuela, pusieron todo su empeño en darle una nueva vida enviando a cuatro jóvenes eruditos a pedir donativos a las comunidades más ricas del exterior, pero el destino quiso que ninguno de los cuatro regresara".

La flota del Califa de Córdoba

En aquellos años, la flota del Califa de Córdoba navegaba por las costas del sur de Italia. Su almirante, Ibn Rumahis, tenía la rigurosa orden de apresar todos los barcos que navegaban entre Bizancio e Italia y un día estos piratas capturaron un barco salido del puerto de Bari.

Entre los pasajeros, se encontraban a bordo cuatro jóvenes prisioneros y sabios judíos: Rab Jushiel (padre del famoso Rabenu Jananel), Rab Shemariah, Rab Moshé ben Janoj que viajaba con su esposa e hijo Janoj.

Y el cuarto erudito, cuyo nombre desconocemos, aunque ciertas fuentes dicen que se llamaba Rabí Nathán Hababli, quien fuera rescatado por otros judíos en Francia.

Al darse cuenta del valor de sus rehenes, los piratas no los dañaron, sino que los llevaron a diferentes comunidades judías para que los rescatasen, siendo vendidos como esclavos por Ibn Rumahis: Rab Shemariah fue entregado en Alejandría a unos judíos que lo llevaron a El Cairo como esclavo, donde se convirtió al poco tiempo en jefe de la comunidad. Al Rab Jushiel lo rescataron sus hermanos judíos en la ciudad de Kairouan, Túnez, siendo electo rabino de la gran comunidad que allí vivía, y Rab Moshé Janoj fue tomado como prisionero junto con su esposa e hijo.

La esposa de Rav Moshé ben Janoj

En el viaje de regreso a España, el almirante puso sus ojos en la esposa de Moshé ben Janoj y se enamoró de ésta.

Tanto la importunó esto que, para seguir siendo fiel a su esposo, ella tomó una drástica decisión: llena de miedo preguntó en hebreo a su marido si los que morían entre las olas del mar gozarían también de la resurrección.

Su esposo, sin sospechar el motivo de la pregunta, respondió con un pasuk del Tehilim, capítulo 68, pasuk 23: "Amar Hashem mibashan ashiv, ashiv mimesulot yam". (Dijo Dios: también los regresaré desde las profundidades del mar).

Recién había terminado de pronunciar estas palabras, ella se arrojó por la borda y se ahogó.

Después de este hecho, en el año 950, Rab Moshé fue llevado cautivo junto con su hijo a Andalucía.

Desolados por la pérdida de su esposa y madre, y peor aún, al ver cómo sus captores los exponían en el mercado de esclavos para su venta en pública subasta, la comunidad judía pagó por el rescate de los viajeros como era habitual en esos casos, sin sospechar que estaban comprando a unos sabios que elevarían a lo más alto el saber religioso de Al-Andaluz.

La sabiduría de Rab Moshé

Rab Moshé entró un día a la casa de estudios vestido como mendigo mientras Rab Nathán impartía una clase con un tema muy difícil del Talmud.

Por una discreta observación señalada por "el desconocido" durante la conferencia, ¡notaron su sabiduría!

Con gran asombro por parte de los alumnos, se puso de manifiesto que él era capaz de resolver las cuestiones más complicadas, por lo que aquel mismo día, el Rabino Nathán declaró:

“De hoy en adelante ya no seré mas vuestro Rab y juez, sino que este cargo corresponde a aquel peregrino pobremente vestido; sólo él es digno de ser el Dayán (juez) de la comunidad de Córdoba”, por lo que llegó a ser la cabeza de todas las comunidades de Andalucía.

Cuando el almirante Ibn Rumahis se enteró de cuán valioso era su esclavo, quiso anular la venta para obtener por él una suma mayor, pero Hasday Ibn Shaprut presentó el caso ante Abderramán III, quien denegó la petición del almirante, ya que el Califa estaba contento de que por medio de Rab Moshé ahora los judíos españoles tuvieran su propia escuela sin depender más de los Babilonios, como se hacía hasta ahora. Abderramán miraba con malos ojos que cada año desde Córdoba se enviaran importantes sumas de dinero a sus enemigos del Gaonato de Bagdad.

Una academia de gran prestigio

Córdoba comenzó a ensombrecer la fama de la ya debilitada Babilonia.

De una escuela Talmúdica hasta entonces discreta, se desarrolló con el Rab Moshé una academia de gran prestigio.

Con ello, Córdoba se convirtió en la luz de la Torá de Andalucía, de la cual entre tantos de sus discípulos se encontraban los famosos rabinos Rab Yosef ben Jasday ben Shaprut, Menajem ben Saruq, Dunas ben Labrat y Rab Shemuel Hanaguid.

De esta forma, el mensaje para las generaciones por venir es que más allá de las instancias terribles vividas por estos eruditos, aunque a nuestro pobre entender no comprendamos el por qué suceden las cosas, con el correr del tiempo podemos ver cómo Hashem fue preparando el proceso para la difusión y proyección de la Torá hacia todo el mundo conocido hasta entonces.


FUENTES:

Sefer Hakabalá, R Abraham Ibn Dahub, Amsterdam.

Historia de los judíos, pag. 195, de Vicente Risco. Ediciones Gloria. Editorial Maxtor, Valladolid.

Enciclopedia judía. Pag V 336 Y 337


Ilustración basada en un cuadro de Théo Tobiasse



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