Temblando de miedo en Jerusalem

10/10/2023

5 min de lectura

La visión personal de una residente de Jerusalem sobre la calamitosa guerra en Israel.

Al escuchar la primera sirena de ataque aéreo en la mañana de Shabat/Simjat Torá, me sentí confundida. El sonido escalofriante de la sirena implica que un misil o un cohete se dirige a tu área. ¿Pero quién nos estaba atacando? ¿Hamás? ¿Hezbolá desde la frontera norte? ¿Irán? Cuando terminó la sirena, oí un leve estruendo. El misil había caído en alguna parte, pero no cerca.

Un minuto más tarde, sonó una segunda sirena. Cuando los israelíes escuchan una sirena de ataque aéreo, supuestamente deben correr hacia el refugio antibombas del edificio o, en los edificios más modernos, a la "habitación protegida", construida de acero para proteger tanto de las bombas como de ataques químicos. Pero yo vivo en la Ciudad Vieja de Jerusalem, en una casa que tiene 900 años de antigüedad. No tenemos un refugio antibombas. Hay un refugio en un edificio al otro lado de la calle, pero está lleno de muebles y cosas de quienes viven en ese edificio. Así que me quedé en mi sala de estar.

Mi esposo ya estaba en la sinagoga, así que estaba sola en nuestro departamento. No estaba asustada. Como vivo a unos pocos cientos de metros del Monte del Templo, el lugar más sagrado del judaísmo y el tercer sitio más sagrado del islam, donde se encuentran las mezquitas de Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, sabía que ningún agresor musulmán estaría tan loco como para apuntar un proyectil a la Ciudad Vieja y arriesgarse a destruir los lugares sagrados del islam.

Unos 45 minutos más tarde, la sirena volvió a retumbar, seguida un minuto después por otra sirena. Claramente estábamos bajo ataque. Como era Shabat y Simjat Torá, no encendí mi celular ni la computadora para saber qué estaba pasando. Si hubiera existido algún peligro para mí o para otros que requiriera que hiciéramos algo, la ley judía me hubiera permitido usar mis artefactos electrónicos, pero sólo para satisfacer mi curiosidad, no tenía ninguna excusa para transgredir la santidad del día.

Tomé un libro de Salmos y recité varios capítulos. Durante los 38 años que he vivido en Israel y las muchas guerras que he pasado, sólo tuve una experiencia traumática con una sirena de ataque aéreo.

Hace algunos años, durante una de nuestras mini guerras con Hamás en Gaza, mi esposo y yo habíamos llevado a dos de nuestros nietos, de cuatro y seis años, al parque que queda del otro lado de la Ciudad Vieja. Al salir del parque, el sonido agudo de la sirena nos tomó por sorpresa. Las órdenes del Comando de Defensa Civil son buscar refugio en el edificio más cercano, pero por allí no había ningún edificio. Lo que se debe hacer entonces es acostarse boca abajo y protegerse la cabeza con los brazos. Si estás con un niño, obviamente tienes que cubrir su cuerpo con el tuyo.

En estado de pánico, comenzamos a correr hacia un árbol que había del otro lado de la calle. Cuando llegamos allí, la sirena ya se había detenido. Llevó mucho más tiempo hasta que mi corazón recuperó su ritmo normal. Después supimos que el misil había caído en el borde occidental de Jerusalem.

En la guerra

Jerusalem está a 80 kilómetros de la Franja de Gaza. A un cohete lanzado desde Gaza le lleva un minuto y medio llegar a Jerusalem. En Shabat, la sirena sonó unas nueve veces en Jerusalem. Pero yo no estaba demasiado preocupada. Ya hemos sido atacados muchas veces desde Gaza. Casi todos los misiles son interceptados por la Cúpula de Hierro o caen en terrenos vacíos, causando ocasionalmente daños materiales, pero rara vez hay heridos.

Me quedé paralizada por el shock y a la vez motivada a entrar en acción.

Apenas terminó el Shabat, encendí mi computadora y todo cambió. Las noticias me estremecieron como una avalancha de horror. Los terroristas de Hamás entraron en decenas de comunidades israelíes, había cientos de muertos y muchas mujeres, niños y ancianos habían sido llevados cautivos a Gaza. Era como una película de horror que cobraba vida. Las lágrimas no paraban.

Me quedé paralizada por el shock y a la vez motivada a entrar en acción. El grupo de WhasApp de mi barrio se llenó de mensajes: madres cuyos hijos habían sido convocado a servicio activo daban los nombres de sus hijos para que rezaran por ellos; números de teléfonos que no debían responderse porque había un ataque cibernético a Israel; grupos en línea para recitar Salmos; pedidos de donaciones de sangre; formularios para las personas ancianas y que viven solas para que recibieran servicios sociales; centros de recolección en nuestro barrio de latas y alimentos no perecederos para los civiles que no podían salir de los refugios anti bombas en el sur, así como artículos de tocador (cepillos de dientes, desodorantes, etc.) para los soldados y un formulario para anotarse para recibir a quienes viven cerca de la frontera de Gaza para que no tengan que quedarse dentro de los refugios anti bombas. De inmediato nos anotamos para recibir a una familia en nuestro hogar, pero hoy supe que la evacuación de las comunidades cercanas a la frontera de Gaza fue cancelada debido al peligro que implica viajar por esos caminos.

La sensación en Jerusalem es muy inquietante. Los supermercados y las tiendas de comestibles están abiertos y sus estantes están casi vacíos. Las tiendas, centros comerciales, restaurantes, pizzerías y todas las escuelas están cerradas. Incluso las clínicas del servicio de salud nacional que no cuentan con refugios anti bombas están cerradas. Los autobuses funcionan con un cronograma esquelético; muchos choferes fueron llamados a brindar servicio activo y los vehículos fueron requisados por el ejército.

Acabo de enterarme que el hijo de unos vecinos, que estaba desaparecido desde Shabat, fue encontrado muerto.

El factor de unión judía

Israel sufrió un ataque sorpresa pero en verdad yo no me sorprendí tanto. La milagrosa supervivencia del pueblo judío durante más de 4.000 años de historia, a través de guerras, masacres, expulsiones, cruzadas, pogromos y el Holocausto, nunca hubiera podido ser posible sin protección Divina. Y la protección Divina depende de un único factor: la unión entre los judíos.

Por favor, reza por todos nuestros soldados y civiles, en especial por quienes están cautivos en Gaza, Y algo más: ama a tu hermano judío. A todos.

Durante los últimos nueve meses, Israel se vio quebrada por una animosidad interna que nunca antes tuvo lugar en el Estado de Israel. Las protestas en favor y en contra de la reforma judicial estuvieron repletas de odio, y a veces incluso de violencia.

La violenta interrupción de un servicio de plegarias en Iom Kipur en Tel Aviv avivó las llamas del odio y la desconfianza entre judíos de diferentes perspectivas religiosas, provocando conmoción en todo el país. Yo presentía que sólo algo grave y calamitoso podía llegar a unirnos.

Y llegó: el día más sangriento en la historia del Estado de Israel. Ahora estamos nuevamente unidos, en el dolor y la determinación de derrotar al enemigo que quiere destruirnos a todos, sin distinciones religiosas ni políticas.

Hoy llamaron a mi hijo al servicio activo. Él está en una base en la frontera de Gaza. Rezo, tiemblo y lloro con las noticias.

Por favor, reza por todos nuestros soldados y civiles, en especial por quienes están cautivos en Gaza. Y algo más: ama a tu hermano judío. A todos.

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