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Enfrentando al Director Ejecutivo

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01/07/2008 | por AishLatino.com

Renueva tu contrato para el año que viene.

¿Por qué no viene Rosh Hashaná después de Iom Kipur? ¿No sería acaso más lógico que primero nos perdonen nuestros pecados en Iom Kipur y luego ir y enfrentar al Tribunal Celestial en el Día del Juicio ya más ávidos y relucientes?

Vamos a resolver esto usando el siguiente modelo económico.

El mismo día que recibes tu título de MBA, te llega una llamada telefónica de un importante ejecutivo que busca nuevos profesionales para contratar, y te pregunta si estás interesado en encabezar el departamento de ventas de una compañía recién formada por un salario ridículamente alto. Luego de meditarlo por unos ocho segundos, tú respondes: "Por supuesto".

Seis meses más tarde, estás muy ocupado supervisando un personal de 60 vendedores y el negocio definitivamente va muy bien. Un día recibes una llamada de uno de tus superiores en la firma. Parece ser que ha habido un pequeño descuido cuando abrieron la compañía – ¡nunca nadie se molestó en crear un departamento de contabilidad! Nadie sabe realmente si la compañía está ganando o perdiendo dinero. La llamada es para advertirte, que luego de un detallado estudio de cada departamento, probablemente habrá una reducción de personal.

"Hola, habla Daniel, de contabilidad. Por favor prepárate para una auditoria".

Luego de una semana recibes una llamada de "Daniel, de contabilidad", explicándote que cada jefe de departamento está siendo llamado a una auditoria, la cual determinará si el departamento ha sido provechoso o no. Él te pide que reúnas todos los registros posibles y te presentes ante el secretario ejecutivo en 30 días.

Tú realmente amas tu trabajo y tienes todas las intenciones de continuar en esta firma, así que trabajas muy duro haciendo una auditoria interna para recolectar toda la información y demostrar que tu departamento es realmente provechoso. Luego de aproximadamente dos semanas en este proceso, algo te empieza a preocupar. Los números no están sumando como deberían. Al parecer le estas costando a la compañía más de lo que le generas. Eres una desventaja para tu empresa.

Así que te quedas despierto noche tras noche, tratando de averiguar qué es lo que estas haciendo mal, y de qué forma lo vas a poder solucionar. Quizás si reconoces los problemas y propones una muy buena solución, podrías llegar a obtener una nueva oportunidad para hacerlo bien. Hey, a diferencia del nuevo reemplazante novato que les gustaría contratar en tu lugar, por lo menos sabes donde se encuentra la hemorragia y como hacer para detenerla.

Empiezas a probar y hacer algunos cambios aquí y allá, examinando cualquier posible mejoría, con gran interés, sensibilidad y perspicacia. Y con cada variación que implementas vas realmente comenzando a sentir como las cosas van cambiando para mejor.

El día de la revisión te encuentras extremadamente nervioso, pero sientes que has creado una pequeña ventana de esperanza con todas las mejorías que has hecho. Daniel amablemente te da la mano y apunta a un rincón de la habitación, donde el mismísimo Director Ejecutivo está sentado, profundamente concentrado en estudiar detenidamente tus documentos; frunciendo el ceño por ahí y mirando detenidamente por allá.

Esperas afuera de la oficina hasta que finalmente, luego de comerte las uñas por muchas horas, Daniel sale de la oficina y dice "Puedo ver que te has esforzado, pero no hay suficiente información como para avanzar. ¿Por qué no te damos diez días más para continuar implementando tus cambios y la próxima vez te reúnes con el Director Ejecutivo en persona?"

Los siguientes diez días son una mezcla de movimiento y actividad, considerando cautelosamente y midiendo cuidadosamente cualquier posible cambio y perfeccionamiento. El gran día ha llegado, y estás exhausto, ansioso, pero un poquito más esperanzado mientras caminas hacia la reunión con el Director Ejecutivo, sobrecargado con hojas de cálculo y toneladas de documentos.

Inmediatamente te lanzas a tu presentación, defendiendo tus logros, reconociendo tus errores y presentando la perfecta estrategia para prevenir una recaída en la rentabilidad.

El Director Ejecutivo examina meticulosamente todo tu papeleo y luego de lo que parece ser una eternidad, te mira y dice: "Lo siento, no es suficiente".

El Director Ejecutivo examina meticulosamente todo tu papeleo y luego de lo que parece ser una eternidad, te mira y dice: "Lo siento, no es suficiente".

Has agotado toda vía de esperanza y estas apunto de tirar la toalla, cuando de repente caes en la cuenta de que ¡El Director Ejecutivo resulta ser nada menos que tu padre!

Lo miras directamente a sus ojos, y en medio de sollozos incontrolables, le ruegas: "Se que realmente no estuve a la altura. Pero Papá ¡soy yo! ¿Podrías aflojar un poco la cuerda y darme un respiro sólo por esta vez?".

Temporada Festiva

El universo es la empresa de Dios, y su principal producto son las buenas acciones.

Dios creó un mundo sorprendentemente hermoso, diseñado de manera perfecta en muchos aspectos, pero también intencionalmente, lo creó deficiente en algunos otros. La perfección reina sobre los arrecifes de coral, en los bosques y parques nacionales y en el ingenioso diseño del ADN. Sin embargo, existen trozos de imperfección en cada niño hambriento y en cada enfermedad que causa miseria. Como cualquier padre bueno y prospero, Dios involucra a Sus hijos en el negocio, para completar Su trabajo, y les da el dinero extra que necesitan para alimentar a los hambrientos, los medios para curar las enfermedades y la fuerza para levantar al necesitado.

De hecho, la palabra en hebreo para caridad es Tzedaká, que viene de la palabra "justicia". La caridad trata de rectificar los bolsones de injusticia donde la riqueza parece estar repartida de modo disparejo. Esta persona no tiene suficiente dinero y su hermano tiene un poco extra. La acción caritativa busca enderezar lo incorrecto y que predomine la justicia.

Nosotros, los seres humanos, somos los empleados de Dios. Nuestro trabajo es claro. Contribuir con la base fundamental de esta empresa, hasta llegar a un punto de rentabilidad: los activos espirituales deben exceder los pasivos. Para asegurar que la firma continúe por un rumbo exitoso, se ha establecido un sistema de contabilidad que examina el desempeño de cada uno de los empleados, comparado frente a la base fundamental de la empresa.

Rosh Hashaná es el día de contabilidad, en que cada judío es llamado ante los Contadores Celestiales, que ponen en la balanza cada transacción espiritual, al igual que cada infracción, para determinar si el contrato del empleado será renovado para el año siguiente. Es por esta razón que los judíos acostumbran en Elul, el mes que antecede a Rosh Hashaná, a examinar cuidadosamente cada una de sus acciones, para ver en que manera han influido espiritualmente en la rentabilidad total de la empresa; el universo de Dios.

Al hacer Teshuvá, arrepentimiento, nos damos cuenta qué cosas hemos hecho mal y, de forma igualmente importante, qué es lo que haremos para arreglarlo. Así que luego, el Día del Juicio, llegamos a la sinagoga en cierta forma asustados, retraídos y reflexivos, pero listos para suplicar por una renovación del contrato – un año más de vida – porque al menos hemos identificado el problema y hemos tomado medidas para que no vuelva a suceder.

Pero, ¿quiénes pueden decir que han hecho todo lo posible como empleados de Dios y que, por lo tanto, tienen asegurado un resultado positivo en Rosh Hashaná? Es por esto que se nos pide considerar nuestro destino, al estar colgando de la balanza, y se nos da hasta Iom Kipur para examinar más detenidamente nuestros problemas morales e implementar de mejor forma nuestras resoluciones y mejorías necesarias. En Iom Kipur estamos tan consumidos por la incertidumbre sobre nuestro destino, que ni siquiera podemos pensar en comer o beber. Una y otra vez, mientras estamos frente al Director Ejecutivo, nada más ni nada menos que Dios Todopoderoso, intentamos dar la cara por nuestros pecados y determinar no repetirlos nunca más. Ya finalizando el día, debemos concluir que a pesar de nuestra teshuvá aún podríamos pensar que estamos una pizca por debajo de lo requerido para renovar nuestro contrato de vida.

Justo cuando parece estar todo perdido, alzamos la vista y nos damos cuenta que Dios es nuestro propio Padre en el cielo. Así que en la ultima plegaria del servicio de las Grandes Fiestas, le suplicamos a Él, "Avinu Malkeinu - ¡Padre Nuestro, Rey Nuestro!" Papá, soy yo, tu hijo. Se que lo he echado a perder, pero por favor, por esta vez, dame un respiro. ¿Qué padre podría resistir ese tipo de sinceridad de parte de su querido hijo?

Así que Él nos perdona, pero nos pide someternos a un desafío más. "Ahora que ya estamos saldados, tú y Yo, ¿Por qué no vienes a Mi casa y ves si te puedes llevar igualmente bien con tus hermanos?

La fiesta de Sucot se trata de dejar nuestras moradas permanentes y mudarnos a una casa de muros tan resistentes como tú los quieras construir, pero una en que el techo – la separación y la barrera entre nosotros y Dios – es de cubierta floja, dejada intencionalmente así. Esto la hace Su casa. Se nos comanda más adelante, en Sucot, tomar las cuatro especies, cada una simbolizando un tipo diferente de judío, y sostenerlas juntas cada día de la festividad. Luego de restaurar nuestra relación con el Todopoderoso, Él nos invita a Su casa, donde se nos pide unirnos con todo el Pueblo Judío y vivir armoniosamente como una gran familia por una semana entera.

Ahora que nos hemos reunido como familia, Dios se resiste a dejarnos ir luego de siete días, y con deseo nos pide quedarnos por un día más, al cual llamamos Shmini Atzeret, "el octavo, el extendido" de la festividad.

Y el último día de esta festividad es llamada Simjat Torá, "la alegría de la Torá". Bailamos con gran euforia sujetando los sagrados rollos de la Torá muy cerca de nuestro cuerpo, mientras circundamos la bimá.
Según los místicos judíos, Simjat Torá no se trata solamente de celebrar alegremente la belleza de la Torá, sino que una vez restaurada nuestra relación con nuestro Padre y con nuestros hermanos y hermanas, es la Torá y por extensión Dios mismo, Quien con mucha alegría celebra con nosotros, Sus queridos hijos.

¡Qué increíble mes! ¡Qué maravillosa forma de comenzar el año!



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