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Creer en nuestras capacidades

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Vaietzé (Génesis 28:10-32:3 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

Una de las mejores maneras de predecir si voy a lograr o no un objetivo es saber si creo que mis actos pueden obtener el resultado deseado. Creer en mi capacidad de lograr algo específico ayudará a generar un objetivo, alentará mi motivación e incrementará las probabilidades de éxito.

Este poder de creer en nuestras propias capacidades fue formulado por primera vez en la literatura psicológica por Albert Bandura y se conoce como autoeficacia. Bandura entendió que la autoeficacia es un dominio especifico, lo que implica que tenemos diferentes creencias respecto a nuestras capacidades, dependiendo de la clase de habilidad en discusión. Yo puedo tener un elevado nivel de autoeficacia para escribir, pero baja autoeficacia para los cálculos. Los investigadores posteriores sugirieron que también puede existir una autoeficacia general que no está relacionada con un dominio específico. Esto implica que tengo una creencia general respecto a mi capacidad de lograr tareas y superar barreras, sin importar de qué clase de tarea se trate.

Cuando Iaakov estaba camino a Jarán, soñó con ángeles que subían y bajaban del cielo. Esta visión lo impactó y logró entender que Dios estaba presente en ese lugar ("Por cierto Dios está presente en este lugar" - Génesis 28:16), algo de lo que, aparentemente, hasta ese momento no era consciente ("y yo no lo sabía"). Rav Shimshon de Ostropoli, quizás por sentirse incómodo ante la suposición de que Iaakov no hubiera comprendido la presencia de Dios antes del sueño, hace una segunda lectura de este versículo con un mensaje relacionado con la autoeficacia. Para entender por completo este punto, necesitamos primero algunos antecedentes.

En su visión del Trono de Dios, Iejezkel (10:14) describe haber visto cuatro rostros: un querubín, un león, un águila y un ser humano. El Talmud (Julín 91b) elabora sobre el sueño de Iaakov y sugiere que los ángeles subían y bajaban a observar la imagen del rostro humano del Trono y a compararlo con el rostro de Iaakov. Al ver la semejanza, ellos sintieron celos de su presencia en el Trono y quisieron dañarlo, pero Dios protegió a Iaakov.

Rav Shimshon de Ostropoli sugiere que Iaakov previamente tenía consciencia de que allí había criaturas que podían llegar a elevadas alturas espirituales. Él sabía que el querubín, el león y el águila tenían su sitio en el Trono Divino, pero no sabía que allí estaba también su imagen. Sólo después de su sueño, cuando vio que los ángeles comparaban la imagen del Trono con su rostro, comprendió su verdadero potencial.

En una creativa lectura del versículo, Rav Shimshon sugiere que en las palabras que eligió Iaakov está aludido el descubrimiento de la autoeficacia. Iaakov ya conocía el potencial espiritual de "ajen – por cierto", lo cual en hebreo se escribe alef-jaf-nun, representando al león (arié, que comienza con una alef), querubín (que comienza con una jaf), y de un águila (nesher, que comienza con una nun), Sin embargo, hasta su sueño, no tenía consciencia del potencial espiritual de anojí, literalmente "yo mismo", que se escribe alef-nun-jaf-iud, y representa los tres de ajen con la adición de la iud por Iaakov.

Este descubrimiento de la autoeficacia no era sobre un dominio específico. No estaba limitado sólo a las búsquedas espirituales. La nueva actitud de Iaakov impregnó todas sus interacciones, como queda claro a partir del episodio siguiente con los pastores junto al pozo. En un fuerte sermón ("La piedra sobre el pozo, ¿una roca o un guijarro?"), Rav Norman Lamm contrasta la actitud de los pastores con la de Iaakov. Cuando Iaakov les pregunta a los pastores por qué no están trabajando, le responden que hay una enorme piedra cubriendo el pozo de agua y que hasta que no lleguen más personas para ayudar a empujarla, "lo nujal" – simplemente no pueden hacerlo. Ellos no creen en su capacidad, por lo que ni siquiera lo intentan. Iaakov, que cree en su capacidad de lograr hacer lo necesario, se acerca a la roca, lo intenta y logra sacarla del pozo. Él cree en su capacidad de efectuar un cambio, se esfuerza y tiene éxito.

¿Cuántas áreas de la vida, espirituales o de otra clase, descartamos por ser demasiado difíciles o por no estar dentro de nuestras capacidades? Quizás si aprendemos esta lección de Iaakov, podemos trabajar en fortalecer nuestra autoeficacia al comprender nuestro potencial, hacer el esfuerzo e incrementar nuestras oportunidades de tener éxito y logros.




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