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Un hombre superó su adicción a la heroína y ayuda a otros que luchan con las drogas

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07/08/2022 | por Sara Pachter

Doug Rosen aprovechó su difícil lucha con las drogas para poder ayudar a otros.

A los 24 años, Doug Rosen ganaba dinero más rápido de lo que lo podía gastar. Como productor en Hollywood, volaba por todo el mundo, vestía ropa de diseñadores exclusivos y conducía un auto de lujo. Por fuera, todo estaba perfecto. Por dentro, se desmoronaba.

Doug pasaba todas las noches en fiestas con estrellas famosas, expuesto a todas las drogas del planeta. Gastaba cerca de $80.000 dólares al año sólo en drogas.

Se había subido a la escalera del éxito y nadie podía detenerlo. Eso hasta que perdió su trabajo, su novia y casi su vida.

Doug creció en California, asistiendo a lo que él llama la escuela pública judía: Beverly High. Llevaba una vida normal, durante la secundaria hacía deportes y asistía a bar y bat mitzvot cada fin de semana.

Cada noche, en la cena familiar se repetían las mismas preguntas:

—¿Cómo estuvo tu día?

—Bien.

—¿Qué aprendiste en la escuela?

—Nada.

Doug tenía problemas para articular sus sentimientos de inseguridad y falta de pertenencia. No sabía que eso era algo que sienten todos los adolescentes, sin importar cuán populares parecieran ser.

Cuando su madre fue diagnosticada con cáncer, él se aisló con los videojuegos para anestesiar el dolor.

Durante la escuela secundaria se mantuvo alejado de las drogas y el alcohol. Tenía amigos y buenas calificaciones. Una noche, durante el último año de secundaria, sus padres le dijeron: “Nos vamos a divorciar”.

Doug lloró toda la noche. Quería algo que calmara su dolor. Llamó a un amigo y le dijo: “¿Tienes un poco de marihuana?”.

Esa primera vez que probó marihuana, la droga lo ayudó a anestesiar el dolor del divorcio. Sus sentimientos de inseguridad desaparecieron instantáneamente y pensó: Así es como se deben sentir todos normalmente.

“No entendía que todos sentimos angustia a veces", explica Doug. "Yo quería sentir euforia”.

Al comenzar la universidad, Doug ya fumaba marihuana a diario. Sus padres lo sabían, pero él traía buenas calificaciones y parecía que se las estaba arreglando, al menos externamente.

Después de la universidad, Doug comenzó su carrera en la industria del entretenimiento. “Trabajaba en agencias y produciendo. En cierto momento, comencé a ganar demasiado dinero. Producía películas, volaba por todo el mundo y celebraba a lo loco. Me vi expuesto a todas las drogas… cocaína, heroína, todas esas cosas”.

Eventualmente perdió su trabajo y regresó a casa. Consumía drogas todos los días y sentía que no tenía ningún propósito. Incluso lo agarraron robando en la tienda Nordstrom y lo metieron a la cárcel.

El punto de inflexión fue cuando sus padres le dijeron que no pagarían la fianza a menos que fuera a rehabilitación.

Doug pasó nueve meses en Beit Teshuvá, una residencia judía que trata muchas clases de adicción. “Cuando entré por las puertas de Beit Teshuvá, no hubo juicios ni presiones con respecto a religión o conducta. Me dijeron: ‘Cumple el judaísmo como quieras. ¿Te equivocaste? Está bien, todos nos hemos equivocado’. Fue cálido y educativo”.

“Para los adictos a los opiáceos, el síndrome de abstinencia dura unas cuantas semanas. La recuperación requiere mucho trabajo. Tienes que desafiarte y esforzarte. Pero pase lo que pase, no consumes drogas. La primera vez que estuve allí, pensaba en drogas a cada segundo del día. Era lo que ocupaba cada pensamiento. Ahora estoy aquí sentado y nunca pienso en drogas”.

Rosen comenzó a ser voluntario del programa de prevención, asistiendo a escuelas y dando discursos.

Poco después comenzó a trabajar para Beit Teshuvá y eventualmente obtuvo su segundo título como terapeuta matrimonial y familiar. “Sabía que no podía regresar a la seductora vida del entretenimiento y mantenerme sobrio. Fui en una dirección diferente”.

Hoy, Doug está casado, tiene tres hijos y sigue sanando, ayudando a otros y devolviendo el favor. Aparecieron artículos sobre él en "LA Times" y otras revistas.

Él les dice a los jóvenes: “Yo siempre seré un adicto. Las drogas cambiaron mi cerebro. Es como pasar de ser un pepino a un pepinillo encurtido. Una vez que conviertes un pepino en pepinillo, no puedes volver atrás”.

Él repite una y otra vez que su historia no es la norma. “Cuando consumes drogas como heroína, puedes terminar muerto o en la cárcel. El mejor escenario es que termines en rehabilitación. Si tienes suerte, te mantienes sobrio”.

Su consejo: “No sigan la corriente. Ignoren las normas culturales. Mientras más puedan retrasar el consumo de drogas, mejor estarán”.

Su consejo para los padres: debemos entender que la época ha cambiado. “En ese entonces, la marihuana tenía como máximo 10% THC (tetrahidrocannabinol). Hoy tiene entre 18% y 30% y la que no tiene olor tiene 90%. Legalizamos una droga que básicamente es una droga diferente”.

“Yo aliento a las familias a permitir que sus hijos experimenten sentimientos incómodos para que puedan desarrollar estrategias para enfrentarlos. Los padres no deben intentar arreglar todos los problemas de sus hijos”.

Doug afirma que los niños occidentales sufren de ansiedad y depresión ocho veces más que los niños en países del Tercer Mundo. En esos países se preocupan por comida, refugio y procreación. Las necesidades básicas. Aquí nos preocupamos por tener el iPhone más nuevo, cuántos ‘likes’ tenemos y qué marca de auto conducimos.

“Pensamos que solucionar esos pequeños problemas nos hará sentir mejor, pero en realidad nos hace sentir peor. Entonces, cuando llega la verdadera dificultad, los niños no tienen las habilidades necesarias para enfrentarlas”.

Su consejo para los padres es que hay que estar informados, ser honestos y dejar que los hijos se equivoquen. Ayudarlos a desarrollar habilidades para enfrentar las dificultades; por ejemplo, ejercicios para combatir el estrés. Cuando estamos emocionalmente involucrados, es difícil poder ver realmente a nuestros hijos y mantener la objetividad. Ahí es donde Rosen puede ayudar.

Un adolescente escribió un tributo a Rosen en una revista: “Doug es mi mentor, mi coach de vida y uno de mis mejores amigos. Probablemente sea el terapeuta menos convencional que he conocido… Es la clase de hombre que aspiro a ser. Gracias Doug”.

Hoy Rosen aprovecha su experiencia para ayudar a otros, de a una persona a la vez.



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