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La dulce venganza de Yosef

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Vaiejí (Génesis 47:28-50:26 )

por Rav Zev Leff

Enseñanzas profundas de la parashá semanal del líder espiritual de Moshav Matitiyahu en Israel.

      “…Y ellos dijeron, “Tal vez Yosef va a albergar odio contra nosotros…”” (Génesis 50:15)

Al regresar de enterrar a Yaakov, los hermanos de Yosef sintieron que la actitud de Yosef hacia ellos había cambiado, y ellos dijeron:

      “Tal vez Yosef va a albergar odio contra nosotros y luego seguro nos va a devolver toda la maldad que nosotros le hicimos” (Génesis 50:15)

La palabra hebrea “lu” usualmente significa alevai – “si sólo” – una expresión de esperanza de que lo que sigue en la oración ocurra. En este contexto es muy difícil entender por qué los hermanos de Yosef habrían esperado que él los odiara y les devolviera el mal que ellos le hicieron. (ver Ohr HaJaim en el mismo verso).

Para entender la afirmación de los hermanos, es necesario entender primero por qué Yosef hizo pasar a sus hermanos por toda la terrible experiencia que comenzó con la acusación de ser espías. ¿Por qué no simplemente los perdonó desde el comienzo y reconoció lo que él subsecuentemente les diría: “Ustedes quisieron que mi venta fuera para mal, pero Dios hizo que fuera para bien”?

Cuando los hermanos aparecieron por primera vez delante de Yosef, él los reconoció y consideró cuidadosamente qué decirles. Y les habló “palabras duras”, preguntado “¿De dónde han venido?”. Ellos respondieron, “De la tierra de Canaan para conseguir comida”. Luego la Torá repite que Yosef reconoció a sus hermanos, pero que ellos no lo reconocieron a él. ¿Por qué la Torá dice que la pregunta de Yosef fue “dura”? Y, ¿por qué repite la Torá que Yosef reconoció a sus hermanos?

La Mishná (Pirkei Avot 3:1) cita a Akavia ben Mehalalel:

      “Considera tres cosas, y no pecarás. Debes saber de dónde vienes, hacia dónde vas y ante Quién rendirás cuentas eventualmente de todo lo que has hecho”.

Hay tres causas mayores de pecado – celos, lujuria y deseo de gloria. Si la persona recuerda que empezó, al igual que todos, desde una humilde gota de materia celular, entonces él no estará celoso de nadie. En vez de eso, va a apreciar que se le han dado medios para desarrollarse. Si la persona considera el fin último de su cuerpo físico – la descomposición en la tierra – entonces será mejor que controle sus deseos físicos. Y si la persona considera las cuentas que va a tener que rendir frente al Rey de Reyes, esto debe ayudarlo a minimizar cualquier ilusión de gloria y grandeza personal.

En principio, Yosef pensó que sus hermanos también lo reconocieron a él y por eso escogió cuidadosamente las palabras adecuadas para reprenderlos. Dado que esa injusticia emanó de un leve defecto de celos de su parte, Yosef desafío a sus hermanos con la afirmación, “¿De dónde vienen? Él hizo alusión a esa “humilde gota” de la cual todos provenimos y su pregunta implícita era: Considerando el lugar del cual todos venimos, ¿cómo pudieron haber sentido celos de mí? Cuando ellos tomaron su pregunta en forma literal y respondieron, “De Canaan para conseguir comida”, él se dio cuenta que no lo habían reconocido.

El Midrash relata que inicialmente Yosef quería revelarse a sus hermanos inmediatamente. Pero el ángel que lo dirigió hacia sus hermanos 22 años antes en Dosan (Génesis 37:15) se le apareció y le dijo que ellos habían venido a matarlo. Sólo en ese momento Yosef se disfrazó y los hizo pasar por la terrible experiencia de ser sospechosos de ser espías.

Esto puede entenderse de la siguiente manera. El ángel representa a la Divina Providencia que llevó a Yosef hacia sus hermanos. La aparición del ángel en ese momento era una señal de que todo el episodio estaba siendo orquestado desde Arriba. Al informarle a Yosef que sus hermanos aún deseaban matarlo, el ángel quiso que ellos fueran juzgados de acuerdo a su intención y no de acuerdo a como Dios había hecho que las cosas se dieran. Tal como dicen los Sabios, alguien que tiene la intención de comer cerdo y por error come casher aún requiere expiación.

Mientras los hermanos no reconocieran su error en la venta de Yosef, ellos no podían arrepentirse de sus acciones. Por eso Yosef ideó un plan para que ellos reconocieran su error e hicieran expiación por él. Primero, les presentó una situación en la cual ellos pudieron observar a otra persona actuando como lo hicieron ellos, para así obtener una perspectiva objetiva sobre su propio comportamiento. Él les mostró cómo la evidencia circunstancial puede ser malinterpretada para hacerlos ver como espías, a pesar de que no había ni una pizca de verdad en la acusación. De esta forma ellos se darían cuenta que la evaluación de los motivos que tuvo Yosef para acusarlos a su padre y relatar sus sueños fue errónea.

Segundo, los puso en una situación donde su hermano Binyamin los ponía en peligro tanto en forma personal como en su futuro rol en el pueblo judío, tal como ellos percibían que Yosef lo hacía. La única diferencia entre las dos circunstancias era la ausencia de celos en el último caso. Al comparar sus diferentes respuestas en los dos casos, ellos verían cómo los celos habían coloreado sus respuestas con respecto a él. La preocupación por los sentimientos de su padre Yaakov y el amor por Binyamin, que jugaron un rol importante en los pensamientos de ellos en ese momento, también habrían estado presentes en el caso de Yosef de no haber sido por los celos.

Tercero, él buscó que se cumplieran los sueños de forma completa para que ellos pudieran reconocer claramente que aquellos sueños tenían una naturaleza profética y no, tal como ellos sospecharon, reflejos de los deseos subconscientes de Yosef. Además, el cumplimiento de los sueños permitió que Yosef pudiera prepararlos a ellos para sus futuros roles en la nación judía. Tal como lo afirma claramente el verso, “Él recordó los sueños que había soñado por ellos” – por ellos, no sobre ellos.

Cuarto, buscó tomar venganza, que cuando es apropiada puede ser beneficiosa. Los Sabios nos dicen que la venganza es grande, porque aparece entre dos nombres de Dios, “Un Dios de venganza es Dios”. Un estudioso de la Torá que no toma venganza como una serpiente, dicen los Sabios, ¡no es un estudioso de la Torá! El rabino Jaim Shmulevitz explica que la venganza es el vehículo para “igualar el marcador” con el mal y balancear la aparente ganancia y beneficio acumulado por malos medios. La venganza demuestra que el crimen no vale la pena y que la justicia prevalece. Pero hay una condición absoluta para la venganza: el que toma venganza no debe tener placer personal de ella. Debe ser como una serpiente que no tiene placer cuando muerde.

Desde esta perspectiva, podemos entender lo que dijo Yosef al nombrar a su hijo primogénito, “Dios me ha causado que olvide todos mis problemas y la casa de mi padre”. ¿Por qué dio gracias Yosef por olvidar la casa de su padre? Porque sólo al olvidar todas sus peleas personales y el dolor, su venganza podía ser pura. Es evidente a partir del repetido llanto de Yosef, que fue muy difícil para él continuar con toda la terrible experiencia de sus hermanos y que la venganza estaba lejos de ser “dulce” para él.

Quinto, Yosef buscó proveerles la oportunidad de recibir el arrepentimiento con sufrimiento y duda, para compensar y contrarrestar el dolor que ellos le causaron equivocadamente. Él los tiró al pozo de la prisión para que ellos pudieran experimentar en forma personal lo que él sintió cuando lo tiraron al pozo. Después los sacó y dejó a Shimon sólo, para que lloraran por el hermano que se había quedado en el pozo, como no lo hicieron cuando dejaron a Yosef. Luego les devolvió su dinero a sus sacos, que ellos interpretaron como un pago por la esclavitud de Shimon (ver Baalei Hatosafot). La repugnancia de ese dinero les recordó el haber tomado dinero por la venta de Yosef como esclavo.

Finalmente, Yosef buscó poner a sus hermanos en una situación similar para saber si su arrepentimiento era completo. La última prueba de un baal teshuvá es estar en la misma situación y no repetir el pecado. Por eso, Yosef le dio a Binyamin provisiones extras para despertar cualquier celo que pudieran sentir por el hijo que quedaba de Rajel, la esposa favorita de Yaakov.

Toda la farsa llegó a un clímax dramático cuando Yosef se reveló a sus hermanos. En ese momento la intensa verdad de su inocencia y el pecado de ellos fue tan claro que sirvió como la reprimenda más poderosa y efectiva. La incapacidad de los hermanos de responder es un presagio de nuestro propio silencio en el Día del Juicio cuando seamos confrontados con nuestros pecados, y todas nuestras insignificantes justificaciones se desvanezcan.

Todo este escenario, sin embargo, sería efectivo sólo si los hermanos hubieran actuado por temor a que Yosef usurpara sus roles en el pueblo judío, y no por un odio intrínseco hacia él y el deseo de matarlo. Los hermanos estaban convencidos de que ellos no eran culpables de este último pecado. Y a pesar de que originalmente ellos decidieron matar a Yosef, el hecho de que Reuven y Yehuda los convencieran fácilmente de no hacerlo, reveló que sus intenciones nunca fueron serias.

Al retornar a Egipto después de enterrar a Yaakov en Israel, los hermanos pasaron por el lugar donde Yosef fue vendido y Yosef fue al pozo y recitó la bendición, “Dios realizó un milagro para mí en este lugar”. Al ver esto, los hermanos se aterrorizaron y exclamaron:

      “Tal vez Yosef nos va a odiar y nos va a regresar todo el mal que nosotros le hicimos” (Génesis 50:15)

La ley es que una persona recita la bendición sobre un milagro sólo cuando su vida estuvo en peligro mortal, y los hermanos interpretaron la recitación de Yosef como prueba de que él pensó que ellos realmente pensaron matarlo.

Después de regresar a Egipto, Yosef dejó de invitar a sus hermanos a comer con él, lo que ellos interpretaron como una señal de una nueva actitud hacia ellos ahora que Yaakov ya no estaba con vida. Ellos razonaron que toda la terrible experiencia que Yosef los había hecho atravesar no compensaba por lo que Yosef vio como la intención de ellos de matarlo y que la expiación aún no era completa. Por eso, ellos exclamaron, lu (alevai – que sea así) que Yosef nos odie. Si Yosef está en lo correcto y somos culpables de esto también, pensaron, mejor que nos odie y así nos dé la oportunidad de limpiar nuestras pizarras para la eternidad. Por eso ellos se subyugaron completamente a él.

Yosef, sin embargo, los consoló y les explicó que él no pensó que ellos querían matarlo. Él hizo la bendición en el pozo porque sin que ellos lo supieran el pozo tenía serpientes venenosas y escorpiones y por eso él había estado en peligro de muerte. Y él había dejado de invitarlos a comer con él por una razón completamente distinta. Mientras Yaakov estaba vivo, Yosef se sentaba al final de la mesa porque Yaakov lo puso ahí. Pero ahora que Yehuda había recibido la bendición de la monarquía, Yosef sintió que no era adecuado que él continuara sentándose en la cabecera de la mesa. Como virrey de Egipto, sin embargo, habría sido un desaire para el Faraón si él no se sentaba en la cabecera de la mesa. Para evitar el problema, dejó de invitar a sus hermanos.

A pesar de todo esto, quedó una mancha relacionada con la venta de Yosef, precisamente porque Yosef les dijo a sus hermanos que ellos no debían pedirle perdón. Su razonamiento: a pesar de que ellos pretendían hacer el mal, Dios hizo que todo saliera bien. El rabino David Kronglass de Ner Israel en Baltimore, una vez destacó que un resultado beneficioso no es en sí mismo prueba de que no se necesite expiación y perdón. La Torá dice en relación a una mujer que viola una promesa, que sin su conocimiento su marido ya había anulado, “Dios la va a perdonar” (Números 30:13). La intención de pecar, incluso cuando no se cometió ningún pecado, requiere perdón. Por esa razón Rabí Akiva lloraba cada vez que leía el verso.

Rabí Akiva fue uno de los Diez Mártires cuyas muertes fueron la expiación final por la mancha dejada por la venta de Yosef. Él lloraba por el presentimiento del castigo que aún vendría por la falla de Yosef de permitir una expiación completa de sus hermanos.




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