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¿Quién es más importante?

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Vaiejí (Génesis 47:28-50:26 )

por Rav Ari Kahn

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Cábala.

En la penúltima escena de la vida de Iaakov, Iosef es llamado al lecho de su padre enfermo y lleva con él a sus dos hijos. Previamente, Iaakov había hecho que Iosef le prometiera que lo enterraría en la Tierra de Israel. En sus últimos días, Iaakov se dispone a bendecir a los hijos de Iosef y a concederles el mismo estatus que a las tribus. Iaakov asigna a Efraim y a Menashé un lugar entre sus propios hijos en vez de contarlos entre sus nietos. Su estatus como tribus le da a su padre, Iosef, una "doble porción", el derecho del hijo primogénito.

¿Acaso las interacciones de despedida de Iaakov con Iosef fueron meramente expresiones adicionales del favoritismo que Iaakov ya había mostrado por Iosef durante su juventud? ¿Por qué desde su lecho de muerte Iaakov le pidió específicamente a Iosef (y no a todos sus hijos) que lo enterraran en la tumba ancestral? Si bien podemos decir que Iosef era entre todos el que tenía el poder para cumplir ese pedido, no había ningún problema en que se los pidiera a todos los hermanos como grupo. ¿Y por qué sólo los hijos de Iosef fueron elevados a un estatus superior que el resto de los nietos de Iaakov? ¿Por qué ellos, y por extensión su padre Iosef, fueron favorecidos con una doble herencia? ¿Acaso esta bendición fue una continuación del trato preferencial que encendió los celos de los hermanos y los llevó a vender a Iosef como esclavo?

Después de anunciar esta doble herencia, Iaakov pidió que Efraim y Menashé se acercaran a él para recibir su bendición, pero cuando se pararon junto a la cama de su abuelo, pareció que Iaakov se confundió:

Israel vio los hijos de Iosef, y dijo: "¿Quiénes son estos?" (Bereshit 48:8)

Hay muchas explicaciones posibles para esta confusión: un versículo posterior nos dice que Iaakov (Israel) tenía problemas de vista (Bereshit 48:10). Quizás simplemente no podía ver, o ya no podía ver lo suficiente como para distinguirlos.1 Una segunda posibilidad es que los hijos de Iosef nacidos en Egipto le hayan parecido extraños por su vestimenta y carruaje real, así como por su crianza.2 Una tercera posibilidad, sugerida por Rashi, es que la falta de claridad de Iaakov no fue un problema de visión sino de clarividencia: en ese momento Iaakov perdió su visión profética. Él no se confundió sino que se asustó y su pregunta no tuvo el objetivo de clarificar ni el nombre o la identidad de sus nietos, sino su valor, su identidad espiritual:

Israel vio a los hijos de Iosef — él deseaba bendecirlos, pero la Presencia Divina lo abandonó porque vio que de Efraim nacerían los malvados reyes Ierobam y Ajav, y que de Menashé nacerían Iehú y sus hijos (Midrash Tanjumá, Vaiejí 6). (Israel) preguntó: "¿Quiénes son estos?" — ¿De dónde vienen estos que son inadecuados para la bendición? (Rashi, Bereshit 48:8).

De acuerdo con Rashi, el mal acechaba en el futuro, algo que Iaakov nunca había visto antes, y eso le hizo perder su rúaj hakódesh y preguntarse si los hijos de Iosef realmente merecían la bendición que estaba a punto de darles. Iaakov vio el mal en el futuro: Ierobam, Ajav y Iehú, tres reyes malvados de Israel, que fueron descendientes de Iosef.

Iaakov no podía imaginar que de Iosef saliera semejante descendencia. Él nunca había visto algún aspecto negativo en la personalidad de su hijo favorito. Iosef era el hijo favorito de Iaakov.3 Desde una edad muy temprana, Iaakov supo que Iosef estaba destinado a la grandeza. Él vistió a Iosef con ropas reales especiales, dejando en claro a todo el que lo viera que Iosef era el ungido.

En general, los sueños de Iosef eran acordes con las expectativas y las aspiraciones de Iaakov. Iosef, el hijo de su amada esposa Rajel, no era como los otros hijos. Sus sueños de dominio político y económico simplemente hacían eco de lo que Iaakov ya intuía: Iosef había nacido para ser un líder. Sin embargo, los otros hijos de Iaakov no tomaron bien las predicciones de su propia subordinación. Los celos llevaron al odio, lo que casi lleva al asesinato y terminó causando la venta de Iosef.

Desde el momento en que Iosef relató sus sueños a su padre y a sus hermanos, sus sueños quedaron bajo la superficie de la narrativa durante el resto de Bereshit. Los hermanos se refirieron a lo que creyeron eran delirios de grandeza de Iosef al planificar cómo deshacerse de él:

Entonces un hombre dijo a su hermano: "Aquí viene el soñador. Ahora matémoslo y arrojémoslo a uno de los pozos, y diremos que una bestia salvaje lo devoró. ¡Y veremos qué será de sus sueños!" (Bereshit 37:19-20).

Muchos años después, cuando los hermanos llegaron a buscar alimento, no imaginaron que los sueños de poder y superioridad económica de Iosef no eran delirios sino profecías. Ellos se postraron ante Iosef, como su sueño predijo que lo harían, le rogaron alimento, como sus sueños predijeron que lo harían. Para Iosef, los sueños son un elemento real y poderoso de su conciencia; él recuerda los sueños desde el momento en que sus hermanos reaparecieron en su vida:

Ahora Iosef era el virrey de la tierra, era él quien dispensaba raciones a todos los habitantes de la tierra. Los hermanos de Iosef llegaron y se postraron bajo ante él, con sus rostros sobre el suelo. Cuando Iosef vio a sus hermanos, los reconoció, pero actuó como un extraño con ellos y les habló con dureza. Les preguntó: "¿De dónde vienen?" Ellos dijeron: "De la tierra de Canaán, a conseguir alimento". Porque si bien Iosef reconoció a sus hermanos, ellos no lo reconocieron a él. Recordando los sueños que había soñado sobre ellos, Iosef les dijo: "Ustedes son espías, vinieron a ver la tierra en su desnudez" (Bereshit 42:6-9).

En un poderoso intercambio lleno de una deliciosa ironía, los hermanos se postran ante el poderoso proveedor de alimento, sin saber que es el hermano hace tiempo perdido y casi asesinado, a quien secuestraron y vendieron. Sólo Iosef recuerda los sueños, y los sueños se volvieron realidad.4 Sin embargo, la situación se parece a la famosa pregunta filosófica: "Si un árbol cae en el bosque y nadie lo escucha…" ¿Podemos decir que los hermanos realmente se postraron ante Iosef, si no sabían que era él? Para que los sueños se cumplieran, ¿debían sentir realmente e interiorizar la subordinación a Iosef o reconocer su grandeza?

Por el momento dejemos esta pregunta de lado y recordemos que los sueños son el trasfondo y no el tema central de la tensión que se genera durante su encuentro. El tema principal parece ser que Iosef mide la moralidad de sus hermanos: ¿Continúan siendo el mismo grupo envidioso y malicioso? ¿Está a salvo Biniamín, su hermano menor? ¿El padre aún vive? ¿Ellos cambiaron durante los años de separación? ¿Se arrepienten de la forma en que lo trataron? ¿Existe una posibilidad de que se reconcilien?

Desde el momento en que Iosef oyó los sueños del Faraón, supo que sus hermanos llegarían pronto. También supo que apenas llegaran se postrarían, pero había mucho más que no sabía. Cuando los hermanos llegaron y se postraron ante él sin saber su verdadera identidad, Iosef escucha y mira con atención. Los somete a una serie de pruebas rigurosas para responder a sus propias preguntas y, al final, los hermanos (particularmente Iehudá) pasan la prueba: Iehudá está dispuesto a sacrificarse y convertirse en esclavo para que Biniamín quede en libertad. Iosef, que entiende mejor que nadie el costo físico y emocional que eso representa, se conmueve. El gesto extraordinario de Iehudá hace que Iosef termine con la charada y les revele su identidad.

La pregunta real es: ¿Cómo sigue la historia? En esencia sólo Iosef puede responder a esta pregunta; después de todo, él está al mando no sólo de Egipto y del destino de sus hermanos, sino también de la clase de reconciliación (si es que la habrá) que pueden esperar y de las nuevas reglas de la relación.

Hay tres posibilidades obvias:

Primero: Iosef castiga a sus hermanos. Él recuerda todo lo que vivió por culpa de ellos, la humillación, la esclavitud, el peligro de muerte y la separación de su amado padre. Sin duda el aprendiz del jefe de los verdugos de Egipto tiene el conocimiento, el poder y los medios para someter a sus hermanos a un dolor inimaginable. Por otro lado, sentenciarlos a vivir como esclavos hubiera sido un castigo justo por su perfidia. Sin embargo, Iosef no alberga pensamientos de venganza.

Segundo: Iosef olvida todo, borra el pasado y comienza de cero, construyendo una nueva relación con sus hermanos, en la que todos están en un mismo nivel. Esta idea, sin dudas, sería muy buena para eliminar los sentimientos cancerosos de celos y odio que podían crecer todavía más, supurando y haciendo metástasis sobre el fértil terreno del éxito de Iosef.

Iosef eligió un tercer camino: si bien no se venga, tampoco busca igualdad. Un análisis del lenguaje de los versículos que describen su relación revela su plan, sus pensamientos y sus sueños para el futuro.

Iosef dijo a sus hermanos: "Yo soy Iosef. ¿Continúa mi padre con vida?" Pero sus hermanos no pudieron responderle, porque se habían asustado delante de él (Bereshit 45:3).

Iosef habla, y el texto acentúa que se dirige a sus hermanos. Esta expresión tan fuerte nos da la esperanza de que busque fraternidad y hermandad, pero esa esperanza desaparece con rapidez, ya que Iosef pregunta: "¿Continúa mi padre con vida?" Si hubiera buscado una reconciliación, se hubiera asegurado de incluirlos y preguntarles: "¿Continúa nuestro padre con vida?"

Los hermanos están en shock, no pueden hablar. Iosef intenta una vez más conectarse con ellos. Puede decir muchas cosas para confirmar su identidad, y los invita a acercarse a él, pero entonces elige recordarles las partes más dolorosas de su relación, usando palabras que deben haber sido como la punta de un cuchillo filoso penetrando sus corazones:

Luego Iosef dijo a sus hermanos: "Por favor, acérquense a mí". Se acercaron, y dijo: "Yo soy su hermano Iosef, a quien vendieron a Egipto" (Bereshit 45:4).

Iosef les asegura que es su hermano, que ha vuelto de la tumba que habían cavado para él en sus mentes. Él es el mismo Iosef a quien habían vendido tantos años atrás. Una vez más Iosef crea un momento de cercanía: "Yo soy su hermano Iosef", pero continúa de inmediato con una destructiva dosis de cruda verdad: "a quien vendieron a Egipto". Si hubiera buscado la reconciliación, había muchas palabras que hubiera podido usar para convencerlos de su identidad. Pero Iosef continúa:

Ahora no se entristezcan y no se enojen por haberme vendido aquí, pues para sustento me envió Dios delante de ustedes. Porque [han pasado] estos dos años de hambruna en la tierra y faltan cinco años en los que no habrá ni arado ni cosecha. Dios me envió delante de ustedes para proporcionarles supervivencia en la tierra y sustentarlos para una gran salvación. Entonces, no fueron ustedes quienes me enviaron aquí sino Dios, Él me puso como padre para el Faraón y como señor de toda su casa, y gobernante en toda la tierra de Egipto (Bereshit 45:5-8).

Con una explicación artística que demuestra su brillantez, Iosef alaba a Dios por haberlo llevado a Egipto y puesto en su elevada posición, y al mismo tiempo que exonera a sus hermanos, quitándolos por completo de la historia. Por un lado, él explica que el plan maestro de Dios lo llevó a Egipto y lo colocó en un lugar de poder inimaginable. Eso salvaría muchas vidas, incluyendo la de él mismo. Pero para que los hermanos no recibieran ningún mérito, ni siquiera accidental, por cualquier cosa buena que resultara del ascenso de Iosef al poder, él acentúa que todo fue obra de Dios.

El subtexto es extraordinario: Iosef supo desde el comienzo que llegaría a la grandeza. Intentó decírselos, compartir su visión, pero los hermanos lo despreciaron y se burlaron de sus predicciones. Les dice que estaban tan equivocados que ni siquiera pueden adjudicarse algún mérito por el resultado fortuito, porque estuvieron todo el tiempo cegados ante la verdad. Fueron simples peones, marionetas cuyos hilos eran manejados por el Amo de la trama Divina que catapultó a Iosef a la cima. Con su discurso sutil les dice que sólo él fue siempre la estrella del show. Siempre fue el personaje principal, ellos eran simplemente "extras" en un reparto de miles. Iosef le atribuye todo el crédito a Dios, quiere que entiendan que Dios está de su lado.

El discurso de Iosef es sorprendente. Estas no son las palabras de un hombre que busca paz, amor, fraternidad ni reconciliación. El discurso fue de principio a fin en su propio beneficio, rozando lo narcisista, y esa misma retórica es repetida en sus instrucciones para comunicarle a su padre la noticia de que él aún estaba vivo:

Apresúrense, suban hasta mi padre y díganle: "Así dijo tu hijo Iosef: Dios me hizo señor de todo Egipto, baja hasta mí, no te demores. Te asentarás en la tierra de Góshen y estarás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos, tu rebaño, tu ganado y todo lo que te pertenece. Yo te sustentaré allí, porque habrá otros cinco años de hambruna, no sea que empobrezcas, tú y tu casa, y todo lo que te pertenece. Y he aquí que los ojos de ustedes y los ojos de mi hermano Biniamín observan que es mi boca la que habla con ustedes. Díganle a mi padre sobre toda mi honra en Egipto y todo lo que vieron. Dense prisa y hagan descender a mi padre aquí" (Bereshit 45:9-13).

Iosef quiso que su padre supiera que Dios lo puso como líder y amo de Egipto. Una vez más se refiere a su padre, no al padre de todos los hermanos, y a su gloria, poder y honor personal. El benevolente Iosef les informa que los cuidará a todos, que les dará alimento, hogar y todo lo que necesiten, pero la benevolencia tiene un precio. Iosef trata a sus hermanos como si fueran niños, cuidándolos y creando una dependencia absoluta de su buena voluntad en lugar de emplearlos en posiciones útiles y productivas.5 Su benevolencia alimenta y fortalece sus sueños; la realidad que crea sobrepasa incluso a sus sueños.

¿Qué escuchan los hermanos? ¿Cómo interpretan su bondad? Aparentemente ven lo que siempre habían visto: el narcisismo de Iosef. Incluso cuando Iosef los abraza y llora en los hombros de cada uno de sus hermanos, sólo Biniamín reacciona de forma recíproca. Los otros hermanos se quedan quietos, ya sea por la sorpresa o por el disgusto. Ellos están convencidos de haber tenido siempre razón sobre Iosef.

Y se echó sobre el cuello de su hermano Biniamín y lloró, y Biniamín lloró sobre su cuello. Luego besó a todos sus hermanos y lloró sobre ellos; después de eso sus hermanos hablaron con él (Bereshit 45:14-15).

Iosef comparte con sus hermanos un secreto de estado: habría otros cinco años más de sequía y hambruna. Iosef se enorgullece de ver el futuro y lo comparte con sus hermanos para que le digan a Iaakov que debe ir rápidamente a Egipto.

Cuando los hermanos parten, Iosef muestra favoritismo hacia Biniamín, su hermano de padre y madre. Los errores del pasado no se corregirán, sino que se institucionalizarán, porque para Iosef la historia tiene un final feliz. Él fue reivindicado, y ahora todos sus hermanos lo saben. El árbol que cayó en el bosque ahora puede oírse fuerte y claro.

A cada uno de los hermanos Iosef le dio una muda de ropa, pero a Biniamín le dio trescientas piezas de plata y cinco mudas de ropa. A su padre le envió lo siguiente: diez burros cargados con las mejores mercancías de Egipto y diez mulas cargadas con grano, pan y provisiones para abastecer a su padre durante el viaje. Al enviar a los hermanos a buscar a Iaakov, les dijo: "No se peleen en el camino" (Bereshit 45:22-24).

Al volver a Iaakov, los hermanos comparten las noticias con un tono más sutil: Iosef está vivo y rige sobre Egipto. Tras superar la incredulidad inicial, Iaakov vuelve en sí y recupera el espíritu de la profecía.

Ellos subieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, a su padre Iaakov. Le anunciaron: "Iosef vive aún y gobierna en toda la tierra de Egipto". Pero su corazón dio un vuelco, pues no les creyó. Entonces le dijeron todas las palabras que Iosef había hablado a ellos, y al ver las carretas que envió Iosef para transportarlo, revivió el espíritu de su padre Iaakov. "¡Suficiente!" dijo Israel. "Mi hijo Iosef está aún con vida. Debo ir y verlo antes de morir (Bereshit 45:25-28).

Iosef vio cumplirse sus sueños, pero Iaakov poseía profecía y pudo ver el futuro:

Israel viajó con todo lo que tenía y llegó a Beer Sheva, y faenó sacrificios al Dios de su padre Itzjak. Dios le dijo a Israel en visiones nocturnas: "¡Iaakov, Iaakov!". Él dijo: "Heme aquí". Él dijo: "Soy el Dios de tu padre. No temas descender a Egipto, pues allí te convertiré en un gran pueblo. Yo descenderé contigo a Egipto y ciertamente también te haré subir, y Iosef pondrá su mano sobre tus ojos" (Bereshit 46:1-4).

A Iaakov le dijeron que se convertiría en un gran pueblo durante su travesía. Claramente, esta visión va mucho más allá de los cinco años que Iosef pudo ver hacia el futuro. Iaakov entendió que ese exilio se prolongaría durante cientos de años. Él supo que había comenzado a cumplirse el pacto que Dios hizo con Abraham, la esclavitud y el sufrimiento estaban cerca. Iosef podía divertirse con su poder, pero Iaakov sabía que era algo temporal. Si bien Iaakov vivió sus años en Egipto reunido con el hijo al que siempre amó, continuó preocupado por el futuro.

Ahora volvamos a la escena del lecho de muerte. Iaakov se sorprendió, vio que ocurriría algo, que algo malo emergería de Iosef, algo que nunca antes había visto: los descendientes de Iosef serían líderes egocéntricos y narcisistas que desviarían a la nación del camino de Dios. Sorprendido, Iaakov preguntó: "¿Quiénes son estos?",6 a pesar de que las personas paradas junto a la cama eran Efraim y Menashé, los hijos de Iosef, sobre quienes tenemos todos los motivos para creer que eran jóvenes buenos y honrados. Iaakov siente que su visión profética se le escapa frente a algo siniestro; se sorprende y se alarma. Este es un aspecto de Iosef que nunca vio, pero quizás debería haberlo visto. Nuestros Sabios señalan la inmadurez y el narcisismo de Iosef desde una etapa muy temprana de su vida: Israel vio a los hijos de Iosef y dijo: "¿Quiénes son estos?" Este versículo parece contradecir la declaración hecha unos versículos antes: "…los ojos de Israel se debilitaron por la edad, por lo que no podía ver". Sin embargo, lo que el versículo quiere transmitir es que Iaakov vio con inspiración Divina a esos futuros descendientes de Iosef, a Ierobam y sus camaradas. Ierobam hizo dos becerros de oro y dijo: "Estos son tus dioses, Israel" (Reyes I 12:28). Por eso, Israel dijo: "¿Quiénes son estos?"; es decir: "¿Quién es él que un día dirá eso de ídolos?" De este pasaje aprendemos que los rectos ven el futuro lejano y que Dios los corona con Su propia corona (Zóhar, Bereshit 227b).

Estas son las generaciones de Iaakov: A los diecisiete años, Iosef era pastor del rebaño con sus hermanos y era un muchacho (náar) [que solía estar] con los hijos de las esposas de su padre Bilá y Zilpá. Y Iosef solía traer habladurías sobre ellos a su padre (Bereshit 37:2).

...y era un muchacho (náar) — Sus acciones eran infantiles: se acomodaba el cabello y retocaba sus ojos para parecer más atractivo (Rashi, Bereshit 37:2, basado en Bereshit Rabá 84:7).

Él dejó todo lo que tenía en manos de Iosef y no sabía nada [de lo que estaba] con él, excepto el pan que comía. Iosef era hermoso de forma y hermoso de aspecto (Bereshit 39:6).

Y Iosef era hermoso de forma y hermoso de aspecto — Apenas tuvo el poder, comenzó a comer, a beber y a arreglarse el cabello. Hashem le dijo: "¿Tu padre guarda duelo y tú te arreglas el cabello? ¡Enviaré de inmediato al oso en tu contra!" (Midrash Tanjumá, Vaiéshev 8). Inmediatamente… (Rashi Bereshit 39:6).

Los Sabios ven algo que Iaakov no detectó, algo de egocentrismo en la personalidad de Iosef. Iosef está seguro de estar destinado a liderar, y se ve atraído por las garras del liderazgo.

En los descendientes de Iosef, específicamente en los reyes citados anteriormente, esta disfunción se transforma en una enfermedad espiritual patológica. Ierobam piensa que es inteligente repetir la mayor ofensa cometida por sus ancestros y construye no uno sino dos becerros. Coloca guardias en la frontera para evitar que judíos realicen el peregrinaje a Jerusalem. Ierobam está dispuesto a hacer que una generación entera se descarríe sólo para asegurar su posición de rey.

En una de las expresiones más extremas de esta enfermedad, los Sabios relatan una conversación entre Dios y Ierobam:

Y después de este tema, Ierobam no se arrepintió de sus caminos malvados (Reyes I 13:33). ¿A qué se refiere "después"? Rabí Aba dice: después de que el Santo, bendito Sea, tomó a Ierobam de su ropa y le dijo: "Arrepiéntete, y tú y el hijo de Ishai caminarán juntos en el Jardín del Edén”. (Ierobam) le dijo: “¿Quién irá adelante?”(Dios) le dijo (a Ierobam): “El hijo de Ishai irá adelante”. (Ierobam) dijo: “Si es así, no me interesa” (Talmud Bablí, Sanedrín 102a).

Este pasaje expresa el descaro impensable e inimaginable de Ierobam: Dios "tomó a Ierobam de su ropa", una frase que lo vincula directamente con su antepasado Iosef. Se le ofrece un paseo con Dios y el Mesías en el Jardín del Edén, el paseo (peregrinaje) más exclusivo, con la compañía más exclusiva y enaltecida. Pero su primera pregunta es: "¿Quién caminará primero?" ¿Quién será el líder? ¿Acaso Ierobam pensó que Dios caminaría detrás de un rey mortal? Dios parece seguirle el juego, con el deseo de enseñarle a Ierobam una lección de humildad, y no se pone en primer lugar; pero cuando Ierobam escucha que él no será la estrella del show, ¡rechaza a Dios!

Este es el aspecto de Iosef que los hermanos siempre vieron. Ellos sintieron que su primordial y quizás única preocupación, era engrandecerse. Sin embargo, Iosef dejó sus prendas detrás cuando escapó de la esposa de Potifar, mientras que las prendas de Ierobam se desgarraron cuando él escapó de Dios. En definitiva aquí radica la complejidad de Iosef. Iosef consigue suprimir los aspectos negativos de su personalidad, Ierobam no. Pero los hermanos no pudieron verlo. Cuando veían a Iosef, sólo veían el aspecto vanaglorioso, justiciero y engreído de Iosef. Mientras que Iaakov era ciego al lado más oscuro de Iosef, los hermanos lo eran a su lado positivo. No sabían nada de las luchas y las victorias espirituales de Iosef. No sabían nada de las tentaciones que enfrentó y superó. No lo escucharon hablar de Dios a todos quienes lo rodeaban, incluso poniendo en riesgo su propia vida. No sabían que no se adjudicó ningún mérito personal por interpretar los sueños del Faraón y salvar a Egipto. No sabían lo grandioso que era en realidad. Por eso cuando Iosef habla y se compromete a dejar atrás el pasado y cuidarlos a ellos y a sus familias, nuevamente lo entienden mal. Iosef los "perdona por nada", insinúa que eran detalles menores de la historia. De nuevo, ven las partes de su personalidad que siempre habían odiado. Peor aún: a las que temían:

Iosef volvió a Egipto, él, sus hermanos y todos los que habían subido con él para enterrar a su padre, después de haber enterrado a su padre. Temieron los hermanos de Iosef al ver que su padre había muerto y dijeron: "Quizás Iosef nos guarde rencor, y ciertamente nos retribuirá todo el mal que le causamos". Entonces ordenaron decir a Iosef: "Tu padre encomendó antes de morir que sea dicho: 'Así le dirán a Iosef: Por favor perdona el delito de tus hermanos y su pecado, pues mal te retribuyeron, y ahora por favor perdona el delito de los siervos del Dios de tu padre'". Y Iosef lloró mientras le hablaban. Sus hermanos también fueron y se echaron delante de él, y dijeron: "Somos para ti como esclavos". Iosef les dijo: "No teman, ¿Acaso estoy yo en lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme el mal, Dios lo pensó para bien, para hacer como este día, para que sobreviva un pueblo numeroso. Ahora, no teman, yo los sustentaré, a ustedes y a sus hijos". Los consoló y les habló al corazón (Bereshit 50:14-21)

A pesar de haber vivido como una familia unida durante diecisiete años, los hermanos estaban lejos de convencerse de que este era el verdadero Iosef. Ellos estaban convencidos de que la tranquilidad alcanzada se debía sólo a la presencia de su padre. Ahora que Iaakov había muerto, Iosef haría su reclamo y los mataría a todos. Iosef, por su parte, se sorprende de la desconfianza de sus hermanos y le duele saber que sospechan que él tiene tales pensamientos. Iosef repite el discurso que había dado cuando reveló su identidad y una vez más los excusa, explicando que lo que esa fue la voluntad de Dios.

Si el objetivo de Iosef fue reconciliarse, fracasó. Sin embargo, si su objetivo fue demostrar su superioridad, tuvo éxito.

Iosef continúa siendo un personaje complejo. Alcanzó un poder impresionante, un éxito inimaginable. Creó un sistema de bienestar social en la profundidad de las eras más oscuras aplicando las enseñanzas de Abraham a escala nacional. Mientras que Abraham abrió su tienda a todos los necesitados, Iosef se anticipó a las necesidades de un imperio y respondió a ellas,7 permaneciendo fiel a la fe de Abraham que había aprendido de sus padres, sin perder nunca de vista que Dios posibilitó todos sus logros.

¿Se cura alguna vez este fraccionamiento, en la personalidad de Iosef y entre Iosef y sus hermanos? El capítulo final de la historia de la vida de Iosef es una verdadera reconciliación:

Iosef dijo a sus hermanos: "Estoy [a punto] de morir, pero Dios por cierto los recordará a ustedes y los hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Itzjak y a Iaakov". Entonces Iosef hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: "Dios ciertamente los recordará, entonces harán subir mis huesos de aquí". Iosef murió a la edad de ciento diez años, y lo embalsamaron y fue puesto en un ataúd en Egipto (Bereshit 50:24-26).

En su lecho de muerte, con sus últimas palabras a sus hermanos, Iosef les ruega que le prometan que llevarán sus restos con ellos cuando salgan de Egipto. Iosef desea ser parte de la familia y no parte del panteón egipcio. Finalmente hay paz, no sólo porque el hombre al que temían está a punto de morir, sino porque ocurrió un cambio real. Si escuchamos con atención, como seguramente lo hicieron los hermanos, escucharemos a un Iosef diferente. Iosef finalmente entendió lo que su padre Iaakov supo desde antes de descender a Egipto: esa visita no duraría cinco años, el tiempo de la hambruna. Esta no era la historia de Iosef. Este era el comienzo de un duro y difícil exilio. Los sueños de Iosef ya no son lo más importa



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