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El efecto del orden de nacimiento

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Vaiejí (Génesis 47:28-50:26 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

En un fascinante análisis de 700 hermanos que jugaron en la Liga Mayor de beisbol, el psicólogo Frank Sulloway descubrió que los hermanos menores tenían 10,6 más probabilidades de tratar de ganar una base y era 3,2 veces más probable que tuvieran éxito y lo lograran en comparación a sus hermanos mayores. Este estudio se alinea con investigaciones previas que indican que el orden de nacimiento influye sobre el desarrollo de la personalidad.

El hermano mayor por lo general es más intelectual, responsable y conformista. Para poder armarse su propio espacio, los hermanos menores asumen más riesgos, son más creativos y no son conformistas. A pesar de la evidencia que apoya estas descripciones, estas son muy debatidas. En estudios subsecuentes, otros estudiosos sostuvieron que cuando se usan métodos investigativos más robustos, no hay diferencias significativas de personalidad entre los hermanos basadas sólo en su orden de nacimiento.

Sin tomar una postura respecto a qué lado del debate es más convincente, queda claro que el tema del orden de nacimiento es central en todo el libro del Génesis, y llega a su completo desarrollo en la porción de la Torá de esta semana. Este tema comienza con la mortal rivalidad entre Caín y Hével y continúa con la conflictiva relación de Ishmael e Itzjak, Esav y Iaakov, Leá y Rajel y Iosef y sus hermanos. Si bien cada relación tuvo sus propias dinámicas que agregaron al drama, el hecho de que los hermanos menores se llevaran toda la atención a costa del hermano mayor es un tema claro en cada episodio. Esto es particularmente acentuado en la historia de Esav y Iaakov, cuando Esav vende sus derechos de primogenitura y los hermanos pelean por la bendición del primogénito de su padre.

Iaakov, el hermano menor, ante la angustia de sus hijos mayores, favorecía a los dos más pequeños, Iosef y Biniamin. Esto contribuyó a la eventual venta de Iosef y estableció el escenario para la reunificación de la familia en Egipto. Si bien en retrospectiva la culminación de la historia fue fortuita, la tragedia y el trauma de los años de separación afectó a todas las partes, en especial a Iaakov.

Por lo tanto, es sorpresivo que al brindar las bendiciones a los dos hijos de Iosef, Menashé y Efraim, Iaakov cruzara las manos y brindara la mejor bendición al hermano menor, Efraim. Iosef, supuestamente a causa de los recuerdos relativos al peligro real inherente a favorecer a un hijo antes que a otro, especialmente al hijo menor antes que al mayor, trató de intervenir y le dijo a su padre que estaba equivocado. Sin embargo, Iaakov le respondió que su preferencia por Efraim era intencional. En definitiva, él sería más grande que Menashé, y por lo tanto merecía la bendición más importante.

De todos modos, podemos preguntarnos: ¿Acaso Iaakov no entendió el peligro de su decisión? ¿Por qué siguió favoreciendo a uno sobre el otro hasta el fin de su vida?

Quizás Iaakov estaba comunicándoles a sus hijos, nietos y a todas las generaciones posteriores, que el éxito en la vida no tiene nada que ver con el orden en que nacimos. Si bien ser el primogénito tiene ventajas, eso no determina nuestros logros futuros. Nacer segundo, tercero o décimo segundo puede tener algunas desventajas, pero el orden no necesariamente dictamina nuestro lugar en el mundo. El hijo menor puede tener más éxito que el mayor, y también el mayor puede tener más exito que el menor. Comenzando con Caín Y Hével y culminando con Efraim y Menashé, el libro de Génesis subvierte lo que aceptamos como la norma, que el mayor automáticamente recibe grandeza y privilegio. Esto establece el escenario para el Libro de Éxodo, donde por primera vez, el hermano menor, Moshé, supera a sus hermanos mayores, y todos aceptan con gracia sus roles basados en los méritos de cada uno.

Aunque la comunidad científica continúa debatiendo si el orden de nacimiento en general impacta sobre la personalidad, quizás el mensaje del Libro de Genesis es que de todas maneras, no debemos dejar que eso impacte sobre nuestros logros. El éxito debe basarse en los méritos, no en el orden de nacimiento.




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