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Biná: El procesamiento de la sabiduría

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02/11/2008 | por Rav Shimon Leiberman

La segunda de las Diez Sefirot - biná - es la matriz donde el entendimiento de en "bruto" es desarrollado y procesado.

Anteriormente hablamos de la Sefirá de Jojmá o ‘Sabiduría inspirada’. Ahora llegamos a la segunda de las Diez Sefirot que es Biná, o ‘Sabiduría procesada’, también conocida como el “razonamiento deductivo”.

Tenemos una definición de biná en nuestra literatura, no mística, sino de Midrashim, que define biná de la misma manera en que la Cábala la define, y esto es: davar mitoj davar, o ‘el entendimiento de una idea a partir de otra idea’.

Si una persona tiene una idea —generada por la Jojmá— y la deja como está, la idea no es realmente útil; es sólo la materia prima. Pero entonces uno comienza a analizarla. ¿Cuáles son exactamente los parámetros de la idea? ¿En qué axiomas está basada? ¿Cuáles son todas las ramificaciones de esta idea y, son consistentes estas ramificaciones internamente entre ellas? ¿Cuáles son sus aplicaciones prácticas?

En la literatura cabalística se utiliza la metáfora de “un padre” y “una madre” para describir el vínculo entre ‘la idea en bruto’ y ‘la idea procesada’.

Así como un padre siembra una semilla, así la Jojmá es una simple semilla. La semilla del padre es infinitesimalmente pequeña y contiene un código sin desarrollar que es potencial puro. Es en la matriz de la madre que este potencial comienza a desarrollarse. Cada línea de código de ADN comienza a transformarse en una célula humana, en un tejido o en un órgano específico. Esta es la capacidad del desarrollo de un embrión humano.

Esta relación también es expresada en la literatura talmúdica: “El hombre trae el trigo y la lana de los campos a su casa. ¿Puede un hombre comer el trigo? ¿Puede él vestir la lana? La mujer entonces toma este trigo y hace la harina, la amasa y luego hace el pan. Ella toma la lana, hace girar la rueda, teje y luego la cose”.

Así nosotros podemos ver que es la mujer la que desarrolla el potencial en cada cosa. (Sin caer en estereotipos, quizás esto explica el talento especial que poseen las madres en el ámbito de la educación, ya que son capaces de ver el potencial de los niños, aún después de que su padre ya se ha dado por vencido.)

Un punto más sobre la metáfora de padre y madre. El primer hombre, Adam, fue creado “de la nada”. Él comenzó como una masa de barro en la cual fue insuflado el aliento Divino. Así que la esencia del hombre es que él proviene “de la nada” al igual que la Jojmá.

Javá, sin embargo, fue tomada de Adam. Su misma existencia demostró que ella era un davar mitoj davar, una entidad que viene a partir de algo ya existente.

Adam pareció ser una sola persona, pero entonces fue revelado que de esta persona, otra persona podría ser forjada. O puesto más correctamente: dentro de este hombre estaba latente una persona entera, esperando emerger.

La Torá entonces explica que ésta es la razón por la cual a la mujer se la llama ishá, ya que ella fue tomada del hombre, ish.

La sabiduría y el estudio de Torá

Analicemos ahora el contraste entre Jojmá y Biná en un área muy diferente: el estudio de Torá.

El Talmud nos dice que la Torá fue entregada a Moshé para que se la diera al pueblo de Israel. En aquel tiempo, Moshé también recibió el arte del pilpul, que se traduce aproximadamente como ‘el proceso de extrapolar lógicamente’ nuevas leyes de la Torá desde el cuerpo de la ley ya existente. No se le exigió a Moshé transmitir esta habilidad a Israel, pero gracias a su “buen corazón” él así lo hizo. De hecho, esta habilidad fue muy útil un tiempo después, porque cuando Moshé murió, Israel olvidó muchas leyes y éstas fueron restauradas gracias al proceso del pilpul.

Esta enseñanza del Talmud es en realidad una descripción tanto del papel de la Jojmá como de la Biná en el estudio de Torá.

La Torá es sin duda un ejemplo de Jojmá. Es una inyección de la sabiduría de Dios al mundo. Su validez no es porque “la entendemos”, sino más bien porque “Dios así lo dijo”.

Aún así, la Torá simultáneamente tiene una Biná interna. Teniendo las bases, uno puede usar la extrapolación lógica y reconstruir el resto. Incluso el modo con el cual nos dieron el método del pilpul nos recuerda la Biná. La Torá en sí fue dada por Dios, pero la Biná (es decir, el pilpul) fue transmitida a nosotros por la persona ¡que ya la tenía! (de forma muy similiar a como la mujer fue creada a partir del hombre que ya había sido creado).

De hecho, para un extraño que visita una Ieshivá, el método de estudio parece extraño. Por un lado los estudiantes muestran una reverencia enorme hacia la Torá por ser la palabra de Dios. Por otra parte, cada punto es meticulosamente discutido con el análisis lógico más penetrante posible. Esto es porque la Torá realmente contiene ambos componentes: Jojmá concedida por Dios y la Biná humana que la desarrolla.

Resumamos. Jojmá es el intelecto que no emana del proceso racional. Se adquiere por inspiración o aprendizaje. Biná es el proceso racional que es innato a la persona y se utiliza para desarrollar una idea de forma completa.




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