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Constructores polacos encuentran enterrados 400 objetos judíos

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17/01/2023 | por Yvette Alt Miller

Obreros polacos encuentran una caja con cientos de tesoros judíos del Holocausto.

En la calle Polnocna 23, en la ciudad de Lodz, Polonia, hay un antiguo edificio de departamentos, uno en una larga fila de edificios previos a la guerra, en una calle de adoquines. En diciembre del 2022, un estremecedor descubrimiento reveló la vibrante historia judía del edificio.

Los obreros que trabajaban en un proyecto de renovación, encontraron una gran caja de madera enterrada en el patio detrás del edificio. Allí encontraron un verdadero tesoro: más de 400 objetos de plata, incluyendo copas de kidush, menorás, candelabros de Shabat, cubiertos de plata y algunos recipientes cosméticos de vidrio, todo envuelto en antiguos periódicos.

Krzysztof Hejmanowski, a la izquierda, inspector de construcción, y el arqueólogo Bartlomiej Gwozdz, con los objetos que probablemente fueron ocultos por sus dueños judíos durante la Segunda Guerra Mundial en Lodz, Polonia (AP Photo/Rafal Niedzielski)

No había ninguna nota, ninguna instrucción respecto a dónde enviar los ítems, ninguna indicación respecto a quiénes pueden haber sido sus dueños. "Los residentes que enterraron estos objetos probablemente lo hicieron pensando que un día retornarían a buscarlos, que podrían recuperarlos", explicó a los periodistas el vicealcalde de Lodz, Adam Pustelnik.

Estos objetos una vez adornaron los hogares de judíos que, al parecer, los enterraron apurados durante los primeros días de la Segunda Guerra Mundial. Al observarlos, casi es posible imaginar las cálidas escenas familiares que tuvieron lugar durante las bellas cenas de Shabat, cuando esos candelabros iluminaban y las copas de kidush y los cubiertos formaban parte de especiales cenas de Shabat.

La historia de los judíos de Lodz

Durante cientos de años, Lodz albergó una de las mayores comunidades judías del mundo. En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, Lodz (la tercer gran ciudad de Polonia), era un lugar intensamente judío. En 1939, aproximadamente la tercera parte de una población de alrededor de 700.000, eran judíos. Escuelas judías, sinagogas, grupos juveniles, caridades y clubes creaban una vibrante vida cultural y religiosa. La ciudad contaba con teatros y periódicos en ídish, y había otros periódicos judíos en polaco y hebreo. En Lodz vivían judíos jasídicos, judíos seculares y sionistas idealistas. Allí se fundó la primera escuela judía secundaria en idioma polaco, había ieshivot en donde estudiaban en ídish, y centros de entrenamiento sionista, en los que hablaban en hebreo. Incluso hubo un kibutz, una granja judía comunitaria, en la que los judíos practicaban las habilidades necesarias para trabajar en el campo antes de irse a la Tierra de Israel.

La vida no era sencilla. Los judíos de Lodz sabían que apenas eran tolerados por sus vecinos polacos.

Copas de plata encontradas debajo del departamento de Lodz.

La ciudad fue devastada durante la Primera Guerra Mundial, y luego los programas gubernamentales ayudaron a los residentes no judíos a reconstruirla, ignorando los sectores de la ciudad que pertenecían a los judíos, particularmente textiles, que en esa época se consideraba como una industria "judía". En los años 30 el antisemitismo llegó a nuevos niveles y los ataques a los judíos eran algo habitual. De todos modos, los judíos de Lodz lograron prosperar, manteniendo su estilo de vida judío y sus creencias a pesar del incremento del odio.

El establecimiento del gueto de Lodz

Poco después de que Alemania invadiera a Polonia en setiembre de 1939, comenzaron a planificar un gueto judío en la parte noreste de la ciudad. El borde del gueto estaba muy cerca de la calle Polocna 23, donde encontraron enterrada la caja.

A partir de 1940, los judíos del resto de la ciudad y de áreas tan alejadas como Viena, Luxemburgo y Praga, fueron sistemáticamente trasladados al gueto de Lodz. Les ordenaban empacar rápidamente unos pocos ítems y los trasladaban al área designada. Eventualmente, 230.000 judíos fueron confinados dentro de un área cercada de unos 4 kilómetros cuadrados, así como unos 5.000 gitanos que fueron trasladados a un subcampo cercano. El gueto estaba sellado del resto de la ciudad con cercas de alambre de púas.

Sara Plagier

Hay muchos registros de la vida en el gueto. "En el gueto no necesitábamos un calendario", escribió una jovencita del gueto, Sara Plagier, de 14 años. "Nuestras vidas estaban divididas en períodos basados en la distribución de alimento: pan cada ocho días, la ración una vez por mes. Cada día se dividía en dos partes: antes y después de recibir nuestra sopa. Así pasaba nuestro tiempo".

Un joven bar mitzvá, Jaim Kozienicki, que estuvo prisionero en el gueto, escribió: "Llegó el día de mi bar mitzvá. Me puse tefilín y dije las bendiciones. Como regalo de mi familia recibí media hogaza de pan. Ellos querían que la comiera en ese mismo momento, ante su presencia. Pero me negué. Ni siquiera podía imaginarme durante cuánto tiempo ellos no comieron para poder dármelo. Ellos decidieron que tenía que comerlo, y lo comí. Pero no podía mirarlos a los ojos porque me comí su pan".

Las condiciones dentro del gueto eran espantosas. No había electricidad ni agua corriente. Lodz debía ser un gueto "modelo" donde los judíos podrían probar su valor al trabajar en fábricas alemanas, en condiciones primitivas. Incluso los niños pequeños trabajaban como esclavos. Decenas de miles de judíos murieron de hambre y enfermedades.

En 1942, los nazis comenzaron a deportar a los judíos del gueto al campo de exterminio vecino en Chelmno. El gueto fue "liquidado" en 1944 por las fuerzas nazis, y los 60.000 judíos que quedaban fueron enviados a Auschwitz y asesinados. Cuando el ejército soviético entró al gueto en 1945, encontraron allí 877 judíos vivos.

Nunca sabremos quién ocultó sus tesoros familiares en la calle Polnocna 23, justo afuera de las murallas del gueto. Las madres que encendieron las velas cada semana en los candelabros enterrados, los padres que hicieron Kidush para sus familias y los niños que se reunieron alrededor de sus mesas desaparecieron en los horrores del gueto de Lodz, asesinados al trabajar como esclavos, murieron de hambre o fueron gaseados en los campos de exterminio nazi.

Una nueva vida

La mayoría de los artefactos descubiertos serán expuestos en el Museo de arqueología y etnografía de Lodz. "Lo más probable es que estas personas perdieran la vida" en el Holocausto, explicó el vicealcalde de Lodz. "Estas historias son muy raras y valiosas, y también una gran lección para todos nosotros".

Una menorá encontrada debajo del edificio en Lodz, 3 de enero 2023 (Facebook/Oficina de protección de monumentos en Lodz)

Dos de los objetos cobraron nueva vida este último Janucá: la comunidad de Lodz organizó para que dos de las menorot fueran encendidas en público, la primera vez que fueron usadas en casi un siglo, declarando al mundo que después de los horrores del Holocausto, la comunidad judía sigue en pie.

Unos pocos días después de leer sobre este sorprendente hallazgo, me preparé para encender mis propios candelabros de Shabat. Ellos pertenecieron una vez a mi tía abuela y fueron fabricados en Polonia antes del Holocausto. Al encenderlos, pensé en los tesoros de Lodz saboreando el privilegio de ser encendidos y recibir al Shabat en mi hogar. Pensé en los cientos de miles de judíos que estuvieron encerrados en el gueto de Lodz y fueron asesinados, incluyendo a mi bisabuelo. Me pregunté si una de las copas de Kidush de esa caja tal vez habrá pertenecido a él, oculta allí en un intento desesperado de salvar un objeto valioso de la familia.

Usar estos valiosos objetos judíos es el mayor tributo que podemos hacer a los judíos que los enterraron, con la esperanza de poder un día celebrar con ellos una vez más el Shabat y las festividades judías.




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