Hoy todos somos macabeos

05/12/2023

4 min de lectura

Todos somos macabeos, luchando por la verdad y la luz a pesar del odio y la maldad que han contaminado la atmósfera.

Un terrorista nacido en Francia mató a una persona e hirió a otras cerca de la Torre Eiffel mientras gritaba "Allahu Akbar". El ayuntamiento de Havering, al este de Londres, decidió que es "imprudente" instalar la tradicional menorá afuera del ayuntamiento, porque se "corre el riesgo de inflamar aún más las tensiones dentro de nuestras comunidades". Se suspendió el encendido de la menorá por considerarlo una amenaza para la sociedad.

Los rectores de las universidades temen de los simpatizantes de Hamás y de sus intimidaciones, las manchas de pintura y los cánticos racistas. Intimidados, guardan silencio e incluso toleran su odio y violencia como si estuvieran protegidos bajo el disfraz de la libertad de expresión. Los estudiantes judíos que expresan temor por sus vidas y por su seguridad en las universidades son ignorados. En vez de escuchar sus gritos, los ignoran y los dejan de lado. Los cánticos genocidas en los campos universitarios —los bastiones de la cultura, la educación más elitista y elevada, y los supuestos defensores de la democracia— se han vuelto algo normal, algo de moda.

En las últimas semanas, en todo el mundo, hemos sido testigos de aquellos que glorifican el secuestro, la violación, el asesinato, la tortura y la decapitación. Ellos celebran el intento de exterminar al pueblo judío blandiendo carteles con esvásticas, "por todas las formas, por todos los medios posibles", acusando falsamente a Israel de llevar a cabo un genocidio e inventar malvadas atrocidades. Los cánticos de "desde el río hasta el mar" hacen eco de la visión de Hitler y los nazis, que querían que Israel y todo el mundo quedara judenrein, 'limpio de judíos'.

La violación intencional de mujeres ha sido marginalizada por ONU Mujeres y otras organizaciones feministas de todo el mundo. (Les llevó ocho semanas y enormes reclamos para finalmente emitir una declaración tibia).

Los niños secuestrados ese día barbárico fueron marcados por sus captores con quemaduras en las piernas, causadas por los abrasadores caños de escape de las motocicletas. En caso de que hubiera un intento de fuga, el niño secuestrado sería identificado y encontrado. También los drogaron para mantenerlos calmados. Vemos videos de Kfir Bibas, un bebé cuya sonrisa angelical llena nuestra pantalla. El día que su madre lo llevó a casa después de su nacimiento, su hermano Ariel, de 4 años, le besó los deditos del pie con ternura. ¿A quién no se le quiebra el corazón preguntándose quién abraza a esos bebés en la oscuridad de la noche, quien les seca las lágrimas, dónde están esos bellos niños pelirrojos? ¿Acaso todo el mundo ha perdido el alma?

Es fácil desalentarse, dejarse caer, y no tener fuerzas ya de luchar por un mundo lleno de bondad y luz.

Pero no debemos permitirlo.

Durante miles de años el mensaje de los Diez mandamientos entregado en el Monte Sinaí fue el ancla de la civilización respecto a todo lo que es justo y bueno. "No secuestrarás. No asesinarás". Si nos fatigamos y permitimos que el mundo dé la espalda a la sabiduría eterna del Sinaí, entonces habremos abdicado de la misión judía. Debemos mantenernos firmes y ser "una luz para las naciones", luchar contra la oscuridad con nuestra luz.

¿Cómo hacemos para mantener nuestra fuerza?

En las noches más oscuras, recibimos el regalo de la luz de Janucá para fortalecernos y alentar nuestra fuerza vital.

Los griegos trataron de poner al pueblo judío de rodillas. Persiguieron a quienes estudiaban Torá, cuidaban el Shabat y honraban el pacto de la circuncisión. Violaron a nuestras mujeres. Llevaron un cerdo dentro de las murallas sagradas del Templo, esperando despojar al pueblo judío de su santidad y, por lo tanto, de su identidad.

Entonces entraron en escena los macabeos. Matitiahu y sus cinco hijos se levantaron como leones. Reunieron a los valientes, los valerosos y las personas que se negaban a quedarse calladas. Pocos contra muchos, los débiles contra los fuertes. Muchos dudaron de poder ganar la batalla. La salvación llegó a través del heroísmo manifestado no por militantes feroces, sino por los sacerdotes espirituales, los cohanim, quienes habían realizado el servicio Divino en el Templo. Su fe les infundió fuerza para perseverar.

Al entrar al Templo en Jerusalem, ellos lo purificaron y lo reconstruyeron. La búsqueda de aceite puro para poder encender la menorá era también la búsqueda de su "aceite interno". Sólo había suficiente aceite para que las velas ardieran una noche, pero milagrosamente el aceite duró ocho días, dando lugar a un festival eterno de luz.

Hay momentos en los que pensamos que no poseemos suficiente aceite para luchar contra la oscuridad que nos rodea. Nos debilitamos. El milagro de Janucá nos enseña algo para nuestra situación actual. Podemos sentir que todo el mundo se volvió loco. La oscuridad es demasiado espesa, asfixiante, no nos permite respirar. Pero debemos saber que todos somos macabeos, defendiendo la verdad y la luz a pesar del odio y la maldad que han contaminado la atmósfera.

¿Tienes aceite en tu interior?

¡Por supuesto que sí! Eres parte de esta nación eterna y milagrosa. Hemos recorrido los cuatro rincones de esta tierra, fuimos testigos de todas las formas de persecución. Y, sin embargo, aquí estamos. Una nación aferrada a sus tradiciones, redescubriendo nuestro amor mutuo, unidos y fuertes.

Este Janucá, conéctate con la fuerza del día. Recuerda que en lo más profundo eres el hijo valiente de los macabeos, celebrando la fuerza eterna de la nación judía. ¡Am Israel jai!

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