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Marcel Marceau salvó a cientos de huérfanos durante el Holocausto

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24/03/2022 | por Ronda Robinson

La mayor actuación del artista de la pantomima: arriesgar su vida para salvar a otros.

El artista de la pantomima, Marcel Marceau, no sólo nos entretuvo con sus movimientos graciosos, elegantes y exagerados, sino que también salvó vidas, entre ellas las de cientos de huérfanos durante el Holocausto.

En su adolescencia, aprovechó para bien su don para la actuación. Como miembro del movimiento de resistencia que luchaba contra la ocupación nazi de Francia, se hizo pasar como un director de Boy Scout y evacuó un orfanato judío. Primero convenció a los niños diciéndoles que iban a pasear por los Alpes. Luego los llevó a la seguridad de Suiza. Para evitar ser detectados durante el peligroso viaje, él entretuvo a los niños con sus pantomimas silenciosas.

"Estaba haciendo mímica por su vida", dijo el documentalista Phillipe Mora, cuyo padre fue socio de Marceau en la resistencia francesa.

Marceau (Marcel Mangel) nació en una familia judía el 22 de marzo de 1923, en Estrasburgo. Profesionalmente desarrolló en todo el mundo y durante más de 60 años lo que él llamó "el arte del silencio". Todo comenzó cuando a los 5 años descubrió a Charles Chaplin y divirtió a sus amigos imitando a la estrella cinematográfica.

A los 16 años, Marcel cambió su apellido a Marceau para evitar ser identificado como judío. Los nazis habían invadido Francia, y los judíos de Estrasburgo, en la región de Alsacia, cerca de la frontera alemana, huían para salvar sus vidas.

El joven Marcel viajó con su hermano mayor a Limoges y se unieron a la resistencia. Marcel no sólo hizo mímica para mantener en silencio a los huérfanos que llevó a cruzar la frontera hacia Suiza, sino que también aprovechó su destreza manual para cambiar la edad en los documentos de identidad de muchísimos jóvenes franceses, tanto judíos como gentiles. Él quería que pensaran que eran demasiado jóvenes para los campos de trabajo o para trabajar en las fábricas del ejército alemán.

Mi humilde participación durante la guerra fue sólo una pequeña parte de lo que les ocurrió a los héroes que murieron por sus actos en momentos de peligro.

"No me gusta hablar sobre mí mismo, porque mi humilde participación durante la guerra fue sólo una pequeña parte de lo que les ocurrió a los héroes que murieron por sus actos en momentos de peligro", dijo Marceau en la Universidad de Michigan en el 2001, al aceptar la medalla Raoul Wallenberg en memoria del gentil justo que salvó de la muerte a miles de judíos durante el Holocausto. "Piensen en los soldados norteamericanos cuando estuvieron en Normandía y fueron asesinados de forma terrible antes de llegar a Francia".

"Lamentablemente nunca podremos destruir al mal. Pero también existe el bien entre la mayoría de las personas. Voy a hablar brevemente de mis propios actos. Es cierto que salvé niños, llevándolos a la frontera con Suiza. Con mi hermano falsificamos documentos de identidad cuando eso era muy peligroso porque podían arrestarte si formabas parte de la resistencia. También falsifiqué documentos, no sólo para salvar judíos y niños, sino para salvar gentiles y judíos, especialmente gentiles, porque en la Francia ocupada de Vichy había una ley que obligaba a enviar a los jóvenes franceses que tenían 18, 19 años a trabajar en fábricas alemanas, para el ejército alemán. Entonces se me ocurrió la idea de sobornar a los oficiales y hacer que la gente pareciera mucho más joven en sus fotos".

Esa noche en Michigan, Marceau le advirtió al público: "Nunca dejen que un mimo empiece a hablar, porque no se va a callar nunca".

Él habló sobre sus habilidades para la actuación que le permitieron salvar vidas. El primo que lo ayudó a esconderse durante la guerra sabía que en el futuro Marceau haría una importante contribución al mundo del teatro.

Marceau habló sobre su padre, a quien no tuvo la oportunidad de rescatar. El anciano carnicero murió en Auschwitz. "Lloré por mi padre, pero también lloré por los millones de personas que murieron", dijo Marceau.

El genio de la mímica nunca antes había hablado sobre sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial. Su silencio no era sorprendente, de acuerdo con Irene Butter, profesora emérita de la Universidad de Michigan, quien lo presentó como el ganador de la medalla Wallenberg.

"Muchos, posiblemente la mayoría, de los sobrevivientes del Holocausto no pudieron hablar sobre el tema durante casi medio siglo", explicó Butter, ella misma una sobreviviente del Holocausto. "Marcel Marceau es conocido como el maestro del silencio. Es posible que para él haya sido particularmente difícil quebrar el silencio sobre este trágico período de su vida".

Marceau construyó su carrera sobre ese silencio.

En 1944, después de que París fuera liberada, Marceau se enlistó en el ejército francés y sirvió al lado de los soldados norteamericanos. "En diciembre de 1945 ya estábamos en paz, pero seguíamos movilizados. Fui a Frankfurt, donde estaba la sexta división del General Patton, y me encontré con el capitán Parker. Él me dijo: 'Joven, ¿qué piensa hacer después?' Yo le dije: 'Pantomima… Ya sabe, como Chaplin, Keaton. Quiero hacer teatro sin hablar'".

El capitán le pidió a Marceau que hiciera una demostración. Él aceptó y realizó algunos sketches sobre caminar contra el viento y subir escaleras. Entonces Parker le pidió que entretuviera a las tropas norteamericanas: 3.000 soldados.

Con la cara pintada de blanco, las cejas arqueadas y los labios rojos, durante décadas Marceau siguió comunicándose con las audiencias a través de sus movimientos.

Hasta su muerte en Iom Kipur del año 2007, a los 84 años, Marceau hizo 300 actuaciones al año y enseñó en su escuela de pantomima en París. El artista que llevó la poesía al silencio descansa en un cementerio de París.



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