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Trabajo de limpieza

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Tzav (Levítico 6-8 )

por Rav Isajar Frand

Cada mañana, el cohen llegaba al Beit HaMikdash, vestía las prendas sacerdotales especiales y se preparaba para un día de servicio sagrado. ¿Cuál era la primera tarea que le asignaban? Remover las cenizas acumuladas en el Altar de todos los sacrificios que se habían consumido sobre el Altar a lo largo de la noche.

El Jovot Halevavot explica que esto era algo deliberado. La Torá no quiso que el estatus del cohen se le subiera a la cabeza. Al entrar al Beit HaMikdash como un miembro de la selecta casta de los sacerdotes, el cohen podía caer fácilmente en la arrogancia. Podía empezar a pensar que de alguna manera era mejor que los demás. Por eso, la primera tarea que le asignaban lo hacía sentir humilde. No pienses que eres demasiado grande e importante. ¡Limpia las cenizas!

Tal como a la Torá le preocupa que el ego del cohen no se infle demasiado, también le preocupa que el ego de la persona pobre no decaiga. El Talmud (Bava Kama 92a) nos dice que cuando llevaban al Beit HaMikdash los bikurim, los primeros frutos, los ricos los llevaban en canastas de oro y plata y los pobres en canastas de cañas entretejidas. Cuando llegaban los ricos, el cohen tomaba los frutos de su canasta y les devolvía la canasta. Cuando llegaban los pobres, el cohen tomaba los frutos junto con la canasta. "Los pobres se volvían más pobres", observa el Talmud con pesar.

Es cierto, las circunstancias dan a entender que los pobres de alguna manera se volvían más pobres. ¿Pero por qué los cohanim diferenciaban entre las ofrendas de los ricos y de los pobres?

Rav Aharón Bakst explica que esto lo hacían para proteger a los pobres. El rico tenía buenos huertos que producían frutos generosos y sus ofrendas de bikurim eran espléndidas. Cuando el cohen sacaba de la canasta sus frutos suculentos y deliciosos, repletos de jugo, y los colocaba frente a él, era un espectáculo para la vista. Pero los pobres tenían unos pocos árboles raquíticos que apenas producían unos pocos frutos magros. Si el cohen hubiera sacado de la canasta los frutos del pobre, lo hubiera avergonzado. Por eso tomaba la canasta con los frutos y la dignidad del hombre pobre se mantenía intacta.

Hace algunos años, hubo una campaña de hajnasat kalá en Baltimore. Una conocida y respetada familia casaba a una hija y no tenían dinero para cubrir los gastos. Se formó un comité para recaudar dinero.

Surgió una pregunta, ¿Debían revelar la identidad de la familia a los potenciales donantes? Probablemente eso generaría mucho más dinero, la comunidad realmente apreciaba y respetaba a esa familia. Por otro lado, ¿no debían mantener oculta su identidad para evitar avergonzarlos?

La pregunta llegó a mi Rosh Ieshivá, el Rav Ruderman, y él de inmediato respondió: "La identidad de la familia no debe revelarse. El honor de una familia es muy importante".

Dentro de un agradecimiento

Prácticamente todo niño judío sabe cómo decir gracias en hebreo: todá. También hay un sacrificio llamado el korbán todá, la ofrenda de agradecimiento. El Midrash dice que en el futuro todos los sacrificios se interrumpirán, excepto la ofrenda de agradecimiento. Siempre será necesario decir gracias a Hashem.

Rav Itzjak Hutner observó que la palabra hebrea para agradecimiento es hodaá, y que la misma palabra significa también "admitir". Esto no es coincidencia, explicó Rab Hutner. Para poder agradecer debidamente, la persona tiene que admitir que necesitó ayuda, que no es todopoderosa y que a quien se le agradece hizo algo importante por ella. La admisión es una parte integral del agradecimiento. Por eso se usa para ambas cosas la misma palabra.

Rav Hutner pregunta cómo podemos saber si la palabra hodaá se usa para indicar un agradecimiento u otra clase de admisión, por ejemplo una admisión de culpa. Responde que podemos saberlo al observar cómo sigue la frase. Si sigue la preposición al, "por", esto significa "gracias por". Si sigue la partícula she, "que", implica "admito que".

En la décimo séptima bendición del Shemoná Esré decimos: "Modim anajnu laj she…" Modim es la forma presente plural de la palabra hodaá. En general se entiende que esta es la bendición de agradecimiento del Shemoná Esré, lo que de hecho es cierto. Sin embargo, vemos que está seguido de la partícula she. Claramente, la bendición de agradecimiento está incompleta a menos que comience con una admisión, un reconocimiento de todas las cosas maravillosas que Hashem hace por nosotros cada día.

Cuando el shelíaj tzibur, el representante de la congregación que repite en voz alta el Shemoná Esré, llega a la bendición de Modim, la congregación dice su propia versión llamada Modim deRabanan. ¿Por qué es necesario esto? ¿Por qué el shelíaj tibur no puede representar a la congregación en esta bendición como lo hace en todas las otras?

El Avudraham explica que uno puede nombrar un shelíaj, un enviado, para todo: para rezar por salud, por manutención, etc. Pero no se puede nombrar un shelíaj para decir gracias. Tienes que decirlo tú mismo.




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