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El Kodesh HaKodashim

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15/03/2013 | por AishLatino.com

Éste es el punto accesible más cercano al lugar donde estaba el Arón HaKodesh (Arca Sagrada).

Una de las lecciones fundamentales que el judaísmo le ha enseñado al mundo es el concepto de santidad – la capacidad de fortalecernos a nosotros mismos para elevar nuestra conciencia física y espiritual más allá de nuestras limitaciones normales, y conectarnos con una “Realidad Más Elevada”.

El tiempo puede ser sagrado, y un lugar puede ser sagrado. Iom Kipur, por ejemplo, es un punto sagrado en el tiempo, una oportunidad para reexaminar nuestras vidas y empezar de nuevo. Shabat, en su propio modo particular, también es una isla especial en el tiempo, distinto de los días de la semana que lo preceden y suceden.

El Kotel, por otro lado, representa la santidad en términos del lugar. Aquí, por varias razones, somos capaces de abrirnos a Dios de un modo especial. De repente, nos encontramos precipitándonos para poner una nota en Muro, esperando llegar a nuestro Creador.

En este lugar ocurre lo mismo, sólo que estamos mucho más cerca del punto más sagrado de la tierra, el único lugar en donde todas las puertas del rezo están abiertas. Hoy en día, la entrada a este lugar ha sido cubierta. Pero el poder de conexión aún permanece.

Puedes notar que la piedra del medio de la entrada en forma de arco está húmeda. Es casi como si Dios llorara suavemente con compasión por aquellos que rezan en este lugar.

Puede que mientras estás aquí parado sientas que estás cerca de Alguien que te está escuchando y cuidando. Cuán afortunados somos de poder estar otra vez acá.

Siéntete libre de tomarte un tiempo para decir una plegaria silenciosa. Permítete presenciar la calma belleza y la santidad de este lugar. Que sepas que tus plegarias resonarán con las plegarias de todos quienes han pasado por aquí antes. Estás siguiendo los pasos de un pueblo antiguo y eterno.

El tiempo pasa y debemos continuar. Antes de seguir, tal vez te estés preguntando sobre la costumbre de dejar una nota en las grietas del Muro Occidental, una costumbre que comenzó con la historia del rabino Jaim David Azulai, más conocido como Jidá.

El rabino Azulai fue un rabino sefaradí, originalmente de Marruecos. Cuando era joven, dejó a su maestro – el maestro cabalista Or HaJaim. El maestro le dijo: “Dado que vas rumbo a la tierra de Israel, te voy a dar una pequeña nota. Quiero que la pongas en el Muro Occidental”.

En esos días, cuando viajaban, no podían llevar tantas maletas como podemos hacer hoy. Cuando tenían algo realmente importante, lo cosían a su ropa para no perderlo. Y eso es exactamente lo que hizo el Jidá – tomó la nota y la cosió a su chaqueta.

Seguramente, cuando llegó a Eretz Israel, no recordó la nota. Sencillamente se le olvidó. Se dedicó a su vida, y por un largo período de tiempo, las cosas no anduvieron muy bien. Era nuevo aquí – y ya conoces la vieja expresión, “Aquí, en Jerusalem, el tío de todo el mundo es rabino – no necesitamos otro”. No es una profesión fácil aquí en Jerusalem.

Al Jidá no le estaba yendo muy bien. Pero entonces, cuando estaba deprimido, se dio cuenta de que ¡había olvidado la nota de su maestro! Buscó su vieja chaqueta, la abrió, y encontró la nota. La tomó, la trajo al Muro Occidental, y la puso ahí.

Al día siguiente, estaba sentado en el Beit Midrash, en la sinagoga, y alguien fue hacia él y le hizo una pregunta sobre ley judía. La pregunta resultó ser justo sobre la porción particular que él había estado estudiando ese día. Supo la respuesta al instante. Ocurrieron una serie de eventos aparentemente fortuitos, pero la coincidencia era demasiado grande como para pensar que sólo era por azar. Su fortuna y su situación cambiaron, y pronto fue reconocido por quien realmente era – un gran erudito y santo. Hasta entonces, no había sido del tipo de persona que se presenta a sí mismo, y no había obtenido el reconocimiento que merecía.

El rabino de la comunidad advirtió el cambio, y dijo: “Hay algo muy extraño aquí. Hasta ahora, yo admiraba a Rav Azulai, pero parece extraño que de repente su fortuna haya cambiado”. Entonces se acercó a él y le preguntó, “Vamos, cuéntame, ¿qué ha ocurrido? ¿Hubo algo particular que hizo cambiar tu suerte? ¿Hiciste algo fuera de lo normal? ¿Algo especial? Rabí Azulai dijo, “Nada en verdad”.

El rabino continuó insistiendo y presionándolo, a tal grado que Rabí Azulai finalmente dijo, “Sí, en realidad, mi maestro me dio una nota para poner en el Kotel, y hace poco la coloqué allí”.

Entonces el rabino de la comunidad le rogó que bajase al Kotel y que viese lo que decía la nota, porque sabía que la nota era de su maestro. Rabí Azulai dijo, “Está bien. Bajaremos y echaremos un vistazo”. Entonces buscaron y encontraron la nota; la abrieron y vieron que esta decía: “Querido Dios, por favor deja que mi alumno, Azulai, sea exitoso en la Tierra de Israel”.

Esa es la historia de acuerdo a nuestra tradición. La idea no es que le estamos rezando al muro, y tampoco es un tipo de superstición, sino que como es tan claro que aquí hay una Presencia Divina, incluso escribir una plegaria en un trozo de papel es como rezar. Es como una oración continua por esa persona, por esa necesidad en particular.

Ahora, a medida que continuamos, encontraremos un largo y angosto pasadizo…



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