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El milagro de Israel

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03/05/2022 | por Rav Efraim Shore

El retorno de Israel a su patria después de 2.000 años de exilio, un evento en los anales de la historia, es un milagro.

"En Israel, para ser realista uno debe creer en milagros", dijo David Ben Gurión, el primer Primer Ministro de Israel.

El retorno de Israel a su patria después de 2.000 años de exilio, un evento en los anales de la historia, es un milagro. Si nos sumergimos un poco en algunos de los detalles de lo que ocurrió en 1948, veremos cuán cierto es esto.

Comencemos con la improbabilidad militar. El 14 de mayo de 1948, Israel declaró su independencia. El primer día de existencia de Israel, su primera tarea fue crear un ejército, y rápido. Hasta entonces, la comunidad judía contaba sólo con un grupo diverso de unidades de combate clandestinas descentralizadas. El día de su nacimiento, el país fue atacado por los ejércitos de cinco países, en cada una de sus fronteras, completamente decididos a borrarlo del mapa.

La comunidad judía ya se tambaleaba tras haber soportado seis meses de brutal guerra civil comenzada por la población árabe local que superaba numéricamente a la población judía en una proporción de 2 a 1 y que contaba con muchas más armas. Al día siguiente a la declaración de la independencia, a esa guerra local se unieron los ejércitos bien formados de cinco grandes naciones árabes: "Esta será una guerra de exterminio y una terrible masacre", declaró Azzam Pasha, el secretario general de la Liga Árabe al hablar por radio El Cairo.

Los ejércitos invasores contaban con 270 tanques, 150 cañones de campaña y 300 aviones. Las fuerzas judías no tenían ametralladoras pesadas, artillería, vehículos blindados, armas antitanques o antiaéreas, aviones militares ni tanques.

En menos de dos semanas el gobierno creó la Fuerza de Defensa de Israel, uniendo la Haganá (la principal organización militar judía desde 1920), el Irgún, y el Leji. Israel contaba con 32.000 soldados, pero sólo un tercio de ellos tenía armas livianas y no contaban con armas pesadas. La mitad de los soldados no había recibido la mínima instrucción militar. Los ejércitos invasores contaban con 270 tanques, 150 cañones de campaña y 300 aviones (A.J. Barker, The Arab Israeli Wars, Hippocrene Books, 1981, Efraim Karsh, The Arab-Israeli Conflict: The Palestine War 1948, Osprey Publishing, 2002, pág. 25). En un primer momento las fuerzas judías no tenían ametralladoras pesadas, artillería, vehículos blindados, armas antitanques o antiaéreas, aviones militares ni tanques. Cuatro pequeños aviones conformaban la "Fuerza Aérea", uno de ellos fue derrumbado en su primera operación. Era una guerra en cada frontera y en cada ciudad.

Para complicar todavía más las cosas, declararon un embargo internacional de armas al estado judío, y prácticamente todas las posiciones estratégicas claves pasaron de las fuerzas británicas que partían a las fuerzas árabes.

Israel ganó.

Pero ese fue sólo el comienzo de la historia.

Mientras Israel ganaba esa guerra (4.400 soldados voluntarios llegaron en su ayuda desde 56 países) y perdía el 1% de su población (Estados Unidos perdió el 3% de su población en su peor guerra, la Segunda Guerra Mundial), también estaba ocupado triplicando su población.

Para poner esto en perspectiva, los países más ricos del mundo que abrieron sus puertas a los inmigrantes absorbieron una fracción de esa cifra. Los Estados Unidos absorbieron el 3% de su población en los últimos 10 años. Israel tenía una pequeña economía que ya estaba extendida a sus límites antes de que comenzara la inmigración. Menos de 100 años atrás había sólo 26.000 judíos en el país, ahora había 630.000. La población ya se había multiplicado por 50 antes de comenzar a triplicarse.

El joven estado de Israel tenía un enorme desafío. Simplemente no contaba con la comida necesaria para alimentar ese flujo masivo de personas, ni casas para albergarlas. Careciendo de recursos naturales (la mitad del pequeño territorio de Israel es desierto) y prácticamente sin grandes industrias que proveyeran empleo, tampoco contaban con un sistema de atención de salud ni con infraestructuras para absorber semejante sunami de inmigrantes.

Pero eso no los detuvo.

Y consideremos quiénes eran los inmigrantes. Del millón doscientos de recién llegados, un tercio eran pobres sobrevivientes del Holocausto, quebrados porque sus familias habían sido asesinadas. Al enfrentar otra amenaza existencial, 23.000 sobrevivientes fueron conscriptos en el nuevo ejército israelí apenas llegaron y les dieron dos semanas de entrenamiento militar. Los otros dos tercios de inmigrantes que llegaron posteriormente eran refugiados que huían de los países musulmanes donde habían vivido durante siglos, y también ellos llegaron destituidos y devastados. Israel trajo por vía aérea a 50.000 judíos de Yemen y 120.000 de Iraq. Israel absorbió más inmigrantes per cápita que cualquier otro país en la historia.

Campamentos de inmigrantes en Israel.

Los nuevos inmigrantes no podían hablar el idioma local: hebreo. A fin de cuentas, Israel acababa de lograr otro evento en la historia mundial: revivir un idioma no hablado después de 2.000 años, devolviendo la vida al hebreo hablado pocas décadas antes de la fundación del estado. (Si bien muchos podían leer la antigua escritura de la Biblia, comunicarse en hebreo era algo completamente diferente). Sin un idioma común y proviniendo de decenas de culturas diferentes, un millón doscientas mil personas debieron ser absorbidas por 600.000, albergarlas en casas que no existían, alimentarlas, educarlas, enseñarles un nuevo idioma y brindarles empleo.

Al luchar una guerra imposible para sobrevivir, con las manos atadas a su espalda, Israel fundó 28 nuevas comunidades agrícolas en un par de años (400 en su primera década), y otros 25 pueblos nuevos donde previamente no había electricidad, agua ni carreteras.

Los fundadores de Israel enfrentaron cada desafío a pesar de que pareciera imposible. Tuvieron que inventar un país desde cero. En cuestión de meses crearon un sistema de justicia, una fuerza policial, tribunales y leyes, y todo un gobierno. Rápidamente procedieron a dar lugar a las primeras elecciones democráticas en el Medio Oriente. Hasta la actualidad, Israel sigue siendo la única democracia verdadera en el Medio Oriente.

El nacimiento del estado judío bajo estas circunstancias insanas fue no sólo un milagro Divino sino también un milagro del espíritu humano. Los niveles sobrehumanos de creatividad, estamina, coraje y fuerza que precisaron los líderes judíos están más allá de lo que podemos imaginar. Pero los líderes solos no hubieran podido ganar la carrera. Toda la nación demostró una determinación, a cualquier costo personal, para lograr un sueño imposible. Fue una demostración del espíritu humano en su mejor nivel. Les debemos nuestro más profundo aprecio.

Ben Gurión capturó la fuente de este espíritu en un discurso que dio en 1936 a la Comisión Peel:

"Hace 300 años, llego al Nuevo Mundo un barco llamado Mayflower. Que el Mayflower anclara en Plymouth Rock fue uno de los grandes eventos en la historia de Inglaterra y de Norteamérica. Pero a mí me gustaría preguntar a cualquier inglés que esté hoy en esta comisión, ¿qué día partió del puerto el Mayflower? ¿Cuál era la fecha? Me gustaría preguntarles a los norteamericanos: ¿Saben qué día partió el Mayflower del puerto en Inglaterra? ¿Cuántas personas había a bordo? ¿Quiénes eran sus líderes ¿Qué clase de comida comieron en el barco?

Hace más de 3.300 años, mucho antes del Mayflower, nuestro pueblo partió de Egipto, y todo judío, en cualquier lugar del mundo, sabe qué día salieron, sabe qué comida comieron. Y seguimos comiendo ese mismo alimento en cada aniversario. Y sabemos quién fue nuestro líder. Nos sentamos y relatamos la historia a nuestros hijos y nietos para garantizar que esto nunca sea olvidado. Y decimos: 'Ahora somos esclavos, pero el próximo año seremos un pueblo libre'.

"Ahora estamos en la Unión Soviética y sus prisiones. Ahora estamos en Alemania y Hitler nos está destruyendo. Ahora estamos dispersos por el mundo, pero el próximo año estaremos en Jerusalem. Llegará un día en el que llegaremos a casa en Sion, en la Tierra de Israel. Esa es la naturaleza del pueblo judío".

Este Iom HaAtzmaut, nos detengamos y valoremos el milagro de Israel.



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