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Estoy muy gordo y llegó el momento de volver a correr

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22/08/2022 | por Rav Nejemia Coopersmith

Por qué correr es la forma ideal para ponerme en forma física y espiritualmente.

Llegó el momento de volver a correr

Difícil de creer, pero yo solía levantarme a las 5 am y salía a correr 20 minutos, suficiente ejercicio para dejarme totalmente empapado en sudor e imaginarme que era Rocky Balboa por las calles de Filadelfia.

No recuerdo cuándo fue la última vez que salí a trotar (creo que fue hace como cuatro meses, un sábado por la noche después de haber comido mucho durante todo Shabat. Gracias a Dios no tuve un infarto, aunque había una voz gritando en mi cabeza “¡Detente ahora mismo! ¡Vas a tener un infarto!”).

Correr básicamente ha quedado de lado, y vaya que siento los efectos. Las camisas comienzan a apretarme, me siento fuera de forma. A veces veo en el espejo la imagen de un tipo gordito a quien ni siquiera reconozco.

Si trato de engañarme a mí mismo pensando que no he subido tanto de peso, siempre puedo contar con mis hijos para que me corrijan. “Aba, ¡Estás gordo!” Me dijo hace poco mi hijo Iehudá con el candor y la honestidad que sólo puede tener un adolescente con síndrome de Down.

La verdad duele.

La buena noticia es que la próxima semana comienza el mes hebreo de elul, el último mes del año en el cual estiramos nuestros músculos espirituales y recalibramos nuestras metas en la vida para prepararnos para Rosh Hashaná. Y para mí, correr y comer sano son algunas de las formas ideales para ponerme en forma física y espiritualmente. Aquí explico el por qué.

1. Una batalla directa contra mi iétzer hará, mi yo inferior

Salir a correr es como entrar en un ring para competir con la parte de tu ser que quiere huir del dolor, escapar del desafío y refugiarse en las garras de la comodidad somnífera y del falso placer.

Salir a correr me muestra quién es realmente el jefe: mi alma. Es una vigorizante demostración de mi habilidad para conquistar a mis demonios internos y utilizar mis músculos de libre albedrio.

2. Un acto que afecta todo mi día

Acceder a mis músculos espirituales y vencer a mi parte perezosa que quiere seguir durmiendo, desconectarse y comer postres extremadamente calóricos, afecta el resto de mi día. Comenzar el día con ese triunfo espiritual es un verdadero refuerzo de confianza. Es acceder al único poder real que tenemos, nuestra habilidad de escoger vencer a nuestro yo inferior, tal como dice la Mishná: “¿Quién es la persona poderosa? Aquella que conquista su inclinación al mal” (Pirkei Avot. 4:1).

Con mi autoestima fortalecida y sintiéndome bien conmigo mismo, tengo más posibilidades de utilizar bien mi libre albedrio en otras búsquedas espirituales.

3. Es una meta concreta y medible, difícil pero factible

El verdadero crecimiento no llega a través de acciones grandiosas que encuentras en el universo Marvel; sino a través de pasos sostenibles y concretos que te sacan de tu zona de confort y eventualmente forman nuevos hábitos.

Para mí, correr me lleva a ese equilibrio, es un cambio real que requiere que me esfuerce, pero no es algo imposible. No me expongo al fracaso. Pero tendré que buscar muy profundo para encontrar la forma de superar los formidables obstáculos y lograr que esto ocurra (Mmmm… ¿quizás es imposible?).

Además, escribir este artículo es una forma inteligente de obligarme a comenzar a correr de nuevo, o quizás es algo tonto porque si no lo hago me avergonzaré a mí mismo. No lo sé. De cualquier forma, voy a intentarlo.




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