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La importancia de la comunicación

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Toldot (Génesis 25:19-28:9 )

por Rav Jonathan Sacks

El Netziv (Rav Naftali Tzvi Iehudá Berlin, 1816-1893, director de la ieshivá en Volozhin), observa con sagacidad que Itzjak y Rivká parecen sufrir de una falta de comunicación. Él señala que la "relación (de Rivká) con Itzjak no era la misma que había entre Sará y Abraham o entre Rajel y Iaakov. Cuando ellos tenían un problema, no temían hablar de eso. Pero no ocurría lo mismo con Rivká". (Haamek Davar sobre Génesis 24:65).

El Netziv siente esta distancia desde el primer momento en que Rivká ve a Itzjak, cuando él está "meditando en el campo" (Génesis 24:63). En ese momento, ella cae de su camello y "se cubre con un velo" (Génesis 24:65). El Netziv comenta: "Ella se cubrió por asombro y por una sensación de inadecuación, somo si sintiera que no era digna de ser su esposa. Desde entonces, esa inquietud quedó fijada en su mente".

El Netziv sugiere que la relación de Itzjak y Rivká nunca fue casual, cándida ni comunicativa. El resultado fue que en una serie de momentos críticos, hubo una falla de comunicación. Por ejemplo, probablemente Rivká nunca le informó a Itzjak que el oráculo le había dicho que tendría mellizos, Esav y Iaakov, y que Dios le dijo que "el mayor servirá al menor" (Génesis 25:23). Aparentemente, esa es una de las razones por las cuales ella amaba a Iaakov más que a Esav, porque sabía que él era el elegido por Dios. Si Itzjak hubiera sabido esta predicción sobre el futuro de sus hijos, ¿habría favorecido de todos modos a Esav? Probablemente él no lo sabía, porque Rivká nunca se lo dijo. Es por eso que, muchos años más tarde, cuando ella se entera de que Itzjak está por bendecir a Esav, se ve obligada a planear un engaño. Ella le dijo a Iaakov que se hiciera pasar por Esav. ¿Por qué no le dijo simplemente a Itzjak que debía bendecir a Iaakov? Porque eso la obligaría a admitir que durante todos esos años había mantenido a su esposo ignorante de la profecía que había recibido.

Si ella hubiese hablado con Itzjak el día de la bendición, él podría haber dicho algo que habría cambiado todo el curso de sus vidas, y de las vidas de sus hijos. Imaginen si Itzjak hubiera dicho: "Por supuesto que yo sé que será Iaakov y no Esav quien continuará con el pacto. Pero tengo dos bendiciones muy diferentes en mente, una para cada uno de nuestros hijos. Le daré a Esav una bendición de riqueza y poder: 'Que Dios te dé el rocío de los cielos y la riqueza de la tierra… Las naciones te servirán y civilizaciones se postrarán ante ti' (Génesis 27:28-29). A Iaakov le daré la bendición que Dios le dio a Abraham y a mí, la bendición de hijos y de la Tierra Prometida: 'Que Dios te bendiga, te haga fructificar y te incremente y que te conviertas en congregación de naciones. Que Él te otorgue a ti y a tu descendencia la bendición de Abraham, para que heredes la Tierra en la que ahora resides como extranjero, la tierra que Dios entregó a Abraham'" (Génesis 28:3-4).

Itzjak nunca tuvo la intención de entregar la bendición del pacto a Esav. Él quería dar a cada uno de sus hijos la bendición que le era adecuada. Todo el plan de engaño planeado por Rivká y llevado a cabo por Iaakov no era necesario. ¿Por qué Rivká no entendió esto? Porque ella y su marido no se comunicaban.

Veamos ahora las consecuencias. Itzjak, anciano y ciego, se sintió traicionado por Iaakov. Él "tembló violentamente" cuando comprendió lo que había sucedido, y le dijo a Esav: "Tu hermano vino con engaños". También Esav se sintió traicionado y experimentó un odio tan violento hacia Iaakov que juró matarlo. Rivká se vio obligada a enviar a Iaakov al exilio, privándose de la compañía del hijo que amaba durante más de dos décadas. Respecto a Iaakov, las consecuencias del engaño duraron para toda la vida, llevando a que hubiera luchas entre sus esposas e incluso entre sus hijos. "Pocos y malos han sido los días de mi vida" (Génesis 47:9), le dijo al Faraón cuando era anciano. Tantas vidas dañadas por un acto que ni siquiera era necesario. De hecho, Itzjak le dio a Iaakov "la bendición de Abraham" sin ningún engaño, cuando sabía que él era Iaakov y no Esav.

Ese es el precio que pagan los humanos por una falla en la comunicación. La Torá es excepcionalmente cándida respecto a estos temas, y eso es lo que la convierte en una guía tan poderosa para la vida: una vida real, entre personas reales con problemas reales. La comunicación es importante. Al comienzo, Dios creó el mundo natural con palabras: "Y Dios dijo: Que sea…" Nosotros creamos el mundo social con palabras. El Targum traduce la frase: "Y el hombre se volvió un alma viviente" (Génesis 2:7), como: "Y el hombre se volvió un alma hablante". Para nosotros, el habla es vida. La vida son las relaciones, y las relaciones humanas se construyen a través de la comunicación. Podemos contarles a los demás nuestras esperanzas, nuestros miedos, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos.

Es por eso que cualquier líder, desde un padre hasta un director ejecutivo, debe stablecer como su máxima prioridad lograr una buena comunicación, fuerte, honesta y abierta. Eso es lo que hace sanas a las familias, a los equipos, a las culturas corporativas. Todos deben saber cuál es su objetivo principal como un equipo, cuáles son sus roles específicos. Qué responsabilidades tienen, y qué valores y comportamientos se esperan de ellos. Debe haber elogios para aquellos que lo hacen bien, así como críticas constructivas para quienes no están a la altura de las expectativas. La crítica debe ser sobre el acto, no sobre la persona. La persona debe sentirse respetada sin importar cuáles sean sus fracasos. Esta es una de las diferencias esenciales entre la "culpa moral", de la cual el judaísmo es el ejemplo supremo, y la "vergüenza moral" como lo que existía en la antigua Grecia (es decir, que la culpa hace una distinción clara entre el acto y la persona, mientras que la vergüenza no diferencia).

Hay momentos en los que mucho depende de una comunicación clara. No es una exageración decir que hay momentos en los que el destino mismo del mundo depende de eso.

Uno de estos casos ocurrió durante la crisis de los misiles cubanos en 1962, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron al borde de una guerra nuclear. En el momento más álgido de la crisis, tal como lo describió Robert McNamara en su película "La niebla de la guerra", John F. Kennedy recibió dos mensajes del líder soviético Nikita Khrushchev. Uno era conciliatorio, el otro mucho más agresivo. La mayoría de los asesores de Kennedy creyeron que el segundo representaba el punto de vista real de Khrushchev y que debían tomarlo en serio.

Sin embargo, hubo una persona que ofreció una perspectiva diferente. Llewellyn Thompson Jr. había sido el embajador norteamericano en la Unión Soviética desde 1957 hasta 1962, y había llegado a conocer bien al presidente ruso. Él incluso había vivido un período de tiempo con Khrushchev y su esposa. Él le dijo a Kennedy que el mensaje conciliatorio sonaba como su perspectiva personal, mientras que la carta más agresiva, que no parecía ser de él, probablemente había sido escruta para satisfacer a los generales rusos. Kennedy hizo caso a Thompson y le dio a Khruhschev la oportunidad de dar un paso atrás sin tener que avergonzarse. El resultado fue que se evitó una guerra potencialmente devastadora. Es aterrador imaginar lo que hubiera podido suceder si Thompson no hubiera estado allí para establecer qué implicaba cada carta y cuál era el verdadero acto de comunicación.

Muchos aspectos de nuestras vidas se ven impactados por la falta de información y todo mejora con una comunicación genuina. Esta es la razón por la que amigos, padres, socios y líderes deben establecer una cultura en la cual tenga lugar una comunicación honesta, abierta, respetuosa, que involucre no sólo hablar sino también escuchar. Sin esto, la tragedia está a la vuelta de la esquina.

Shabat Shalom




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