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Servir a Dios por placer

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Toldot (Génesis 25:19-28:9 )

por Rav Baruj Leff

Ideas de la parashá inspiradas en las enseñanzas de Rav Yaakov Weinberg zt''l.

Si alguien se te acercara y te garantizara que recibirás 100 millones de dólares tan sólo por hacer lo que te pida, ¿aceptarías el trato? Podrías tener ciertas reservas, porque ignoras lo que esa persona tiene en mente para ti (podría ser algo malvado) o si realmente te pagará.

¿Qué ocurriría si estuvieras completamente seguro de que esa persona sólo te pedirá llevar a cabo actos de bondad y buenas acciones a cambio de los 100 millones? Me parece que la decisión sería bastante simple.

Esto nos lleva a la desconcertante situación de la parashá de esta semana, y de todo el libro de Génesis. Dios le dice a Itzjak:

Habita en esta tierra [de Israel] y Yo estaré contigo y te bendeciré; pues a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que juré a Abraham, tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos; a tu descendencia daré todas estas tierras, y por tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra (Génesis 26:3-4).

Itzjak (al igual que Abraham y Iaakov) sabe que es Dios Quien le habla. No tiene dudas. Cuando Dios quiere que sepas que te está hablando, aparece de tal forma que no deja lugar a dudas. Dios le promete a Itzjak abundantes y asombrosas bendiciones a cambio de que siga Su camino.

¿Cuál es el desafío de Itzjak? ¿No sería obvio y claro lo que tiene que hacer el resto de su vida? Si todo es tan simple, ¿cómo va a ganar Itzjak su gran recompensa? La recompensa Divina depende del uso que el hombre da a su libre albedrío. El libre albedrío de Itzjak debería haber quedado muy limitado luego de escuchar a Dios decirle que recibiría grandes recompensas. ¿Cómo pudo continuar teniendo libre albedrío? ¿Cuál fue la prueba de Itzjak?

La solución nos enseña un principio fundamental en el servicio a Dios. Pero, como ocurre a menudo en el estudio del judaísmo, primero debemos formularnos otras preguntas.

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Por amor al Cielo

Pirkei Avot (1:3) declara:

No sean como esclavos que sirven a su amo para recibir una recompensa. En cambio, sean como esclavos que sirven a su amo no para recibir una recompensa (algunos textos dicen “para no recibir recompensa”).

Se nos instruye servir a Dios por amor al Cielo. Idealmente, no debemos concentrarnos en las recompensas que podríamos llegar a recibir. Sin embargo, debemos saber que recibiremos una recompensa por el cumplimiento de la Torá. El Talmud nos dice en muchos lugares, que las recompensas mencionadas en la Torá (por ejemplo, en Deuteronomio 22:7 y en Talmud Julín 142a) no se refieren a la vida en este mundo sino a la vida en el Mundo Venidero. Esto mismo implica una tensión intelectual con la que es difícil convivir. Pero no sólo estudiamos textos judíos que nos informan constantemente sobre la recompensa que recibiremos, ¡sino que también rezamos por ello a diario!

Sea Tu voluntad, Hashem, Dios nuestro y Dios de nuestros patriarcas, que observemos Tus decretos en este mundo y tengamos el mérito de vivir, ver y heredar la bondad y la bendición en los años del Mashíaj y en la vida en el Mundo Venidero (plegaria Uvá LeTzión, al final de la plegaria matutina Shajarit).

Una cosa es exigir que intentemos ignorar las recompensas mientras servimos a Dios. Pero, ¿cómo se puede esperar que las ignoremos cuando rezamos por ellas? ¡Se supone que debemos concentrarnos intensa y sinceramente en nuestras plegarias! ¿Somos sinceros o no cuando rezamos por las recompensas?

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Darle placer a tu madre

¿Alguna vez visitaste a tu madre después de haber estado lejos mucho tiempo? Tu madre está feliz de verte y te prepara un banquete digno de un rey. Tú saboreas cada plato y disfrutas las especiales delicias caseras. Pero, sin ninguna duda, en cierta forma también disfrutas de estar dando placer a tu madre al comer lo que ella te ha preparado. Ella disfruta al verte disfrutar su comida. Y tú comes, no sólo con la intención de disfrutar de la comida, sino también de darle placer a tu madre.

Dios creó el mundo para darnos placer. El placer más intenso se encuentra en el Mundo Venidero (ver el comienzo de Mesilat Iesharim, del Ramjal). Él desea ver que recibimos placer. Nuestro desafío en la vida es cumplir las mitzvot, las instrucciones de Dios para la vida, con la intención de recibir la recompensa que Dios quiere que recibamos. Idealmente, no debemos cumplir la Torá por motivos egoístas; no debemos concentrarnos en nuestra recompensa por nuestro propio bien. En cambio, debemos pensar que a Dios le da satisfacción y nájat darnos placer. Por lo tanto, deberíamos obedecer Sus leyes por Su bien, no por el nuestro.

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La porción perdida

Hay una leyenda sobre el Báal Shem Tov, el fundador del movimiento jasídico, que es imposible creer.

La historia dice que en una ocasión el Báal Shem Tov ascendió al Cielo y recibió ciertos secretos de la Torá con la condición de que no se los divulgara a nadie. Cuando el Báal Shem Tov volvió a este mundo, esos secretos le resultaron tan profundos y dulces que no pudo resistir contárselos a sus estudiantes. Poco después, se escuchó una voz Celestial diciendo: "El Báal Shem Tov acaba de perder su porción en el Mundo Venidero". El Báal Shem Tov no pudo contener su inmensa alegría y comenzó a bailar descontroladamente, porque ahora tendría la oportunidad de servir a Dios por Su bien, sin ningún pensamiento de recompensa. Cuando Dios vio su reacción, una voz Celestial proclamó: "El Báal Shem Tov acaba de ganar nuevamente su lugar en el Mundo Venidero".

La razón por la que no podemos aceptar que esta historia sea cierta ahora debe ser obvia. Si el Báal Shem Tov hubiese perdido su porción en el Mundo Venidero, para Dios eso habría sido una inmensa tragedia. ¡Un hombre tan sagrado y Dios no disfrutaría dándole su recompensa!

El mayor placer de Dios es dar placer a los justos del mundo. Que el Báal Shem Tov perdiera su lugar en el Mundo Venidero sin duda no hubiera sido motivo de celebración. ¿Por qué se regocijaría el Báal Shem Tov en el dolor de Hashem?

Servirle a Dios por Su bien, y no por el nuestro, no implica que nuestro deseo sea no recibir recompensa. La Torá está llena de indicaciones y recordatorios de nuestra recompensa. En cambio, debemos querer la recompensa porque Dios quiere que la tengamos, no porque nosotros queramos recibirla.

Esta tarea tan difícil de querer el bien personal pero no por beneficio personal, es algo que dominaron nuestros patriarcas y matriarcas. Este fue su desafío y su prueba. Sin dudas ellos sabían que recibirían una gran recompensa, como Dios les había dicho. Su lucha fue respecto a la intención que tendrían al ganarse esa recompensa. ¿Lo harían por el placer de Dios o por el propio?

Lograr este acto de equilibrio de cumplir la voluntad de Dios para brindarle satisfacción, ganando así una recompensa pero deseando la misma por el bien de Dios, también es nuestra propia lucha.

Tratemos de pensar siempre en cómo ayudar a Dios a darnos más placer, permitiéndole lograr lo que Él realmente desea para el mundo. Él siente placer al darnos placer. Dejemos que lo haga.



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