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Fuentes de significado

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Toldot (Génesis 25:19-28:9 )

por Rav Benji Levy

Cuando la hambruna volvió a asolar a Israel, Itzjak se vio forzado a huir a la tierra de los pilishtim para encontrar refugio, tal como lo había hecho previamente su padre:

"Itzjak volvió a cavar los pozos de agua (beerot) que habían cavado en los días de su padre Abraham, que los pilishtim habían tapado después de la muerte de Abraham. Y los llamó con los mismos nombres con los que su padre los había llamado" (Génesis 26:18-19).

La Torá continúa describiendo con gran detalle lo que parece ser un incidente trivial, el hecho de que Itzjak volviera a cavar esos pozos a pesar de que en el área había muchos otros fosos. Hay una diferencia significativa entre un pozo (beer) y un foso (bor), lo que puede explicar la atención brindada a estas excavaciones.

La palabra bor consiste de dos letras, la bet y la reish, mientras que en la palabra beer se agrega entre estas dos letras una alef. La letra alef es emblemática de la palabra Elokim (Dios); tanto como una abreviación como en la unidad numérica que ella denota.

La distinción entre las dos palabras continúa, cuando consideramos la diferencia práctica entre un pozo y un foso. Un foso es un gran agujero en la tierra, que sirve como una especie de contenedor que debe llenarse con agua desde el exterior. Un pozo también sirve como un contenedor de agua, sin embargo, se cava hasta que se encuentra una fuente natural de agua, lo que permite que se mantenga a sí mismo.

Esta idea respecto a los pozos también puede entenderse en un sentido simbólico. Tal como Itzjak se esforzó extensamente para cavar esos pozos hasta que llegaron a convertirse en fuentes de agua, así también nosotros debemos cavar metafóricamente fuentes de significado en nuestras vidas (Sfat Emet, 5631). Debemos "cavar" a través de las capas de materialismo y de complacencia humana para descubrir la abundancia de riqueza espiritual que reside por debajo de la superficie. En donde sea que habitemos, existe esta capacidad de cavar. En algunos lugares necesitamos cavar más profundo, y en otros lugares lleva más tiempo, En algunas partes se cava fácilmente y en otras se encuentran obstáculos. Pero en definitiva, en todas las situaciones existe una oportunidad de llegar a una fuente profunda e ilimitada.

Rav Kook (Lehosif Ometz, Maamarei Hareiá) discute una idea similar en el contexto de los pioneros que establecieron el Estado de Israel. Él habla de personas que hiceron un trabajo agotador, cavando la tierra en busca de agua fresca. Eventualmente algunas personas se dieron por vencidas. Habían trabajado muy duro y sólo vieron tierra en vez de encontrar los frutos de su esfuerzo. Agotados y desilusionados, ellos dejaron sus herramientas y partieron. Otros excavadores seguían teniendo la esperanza de llegar a encontrar agua. Tenían fe en que su trabajo no era en vano y finalmente llegaron a encontrar un hilo de agua. ¡La emoción fue inmensa! Pero entonces vieron que el agua estaba sucia, llena de arena. Ese descubrimiento fue demoledor. Después de todo ese arduo trabajo, comprendieron que el agua no era apta para beber. También ellos perdieron las esperanzas y muy decepcionados dejaron sus herramientas y partieron. Otros, con una fe todavía más profunda, continuaron adelante con el desafío. Ellos entendieron que, a pesar del lodo, el agua seguía siendo agua, y esa era una señal de que estaban cerca de su objetivo. Sólo necesitaban cavar un poco más profundo. Este grupo renovó las excavaciones todavía con más energía y esfuerzo, hasta que pasaron la capa de arena y finalmente llegaron a una corriente de agua pura.

El mensaje de Rav Kook, como el que aprendemos de Itzjak cuando volvió a cavar los pozos cerrados, es el de la fe. Incluso cuando la vida es difícil, incluso cuando el agua no es clara, si excavamos suficientemente profundo siempre encontraremos sentido. La Torá a menudo se compara con el agua (por ejemplo, en Isaías 55:1), porque tal como el agua nutre nuestros cuerpos, la espiritualidad nutre nuestras almas. Nuestra generación parece estar más sedienta que nunca. Sin embargo, a menudo intentamos saciar esa sed con agua sucia de un foso y cuando ese foso se seca debemos llenarlo con otra cosa del exterior, en vez de aprovechar nuestra fuente espiritual.

En última instancia, nuestra misión básica en la vida es cavar metafóricamente un pozo para lograr nuestra misión. Aunque los pozos de Abraham duraron mientras éste estuvo con vida, cuando él murió los pilishtim los llenaron de arena. Itzjak llegó, volvió a cavarlos, y alcanzó la misma profundidad al aprovechar la misma fuente ilimitada que su padre. Aunque en un principio puede ser difícil ver frutos cuando tratamos de llegar a las profundidades de la espiritualidad en nuestras propias vidas, y aunque a veces los pozos que cavamos sean tapados temporalmente, en definitiva si continuamos cavando suficientemente profundo, nuestros esfuerzos y nuestra fe culminará en fuentes de significado.





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