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La verdad sobre la honestidad

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Toldot (Génesis 25:19-28:9 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

Por un momento, sé honesto. ¿Cuán a menudo mientes? Immanuel Kant consideraba la honestidad como un imperativo categórico, lo que implica que pensaba que nunca es aceptable mentir. Antes que él, teólogos tales como Agustín y Aquino argumentaron que cualquier clase de mentira es un pecado. En el pensamiento judío, el Talmud nos dice que el sello de Dios está grabado con la verdad. Uno de los Diez Mandamientos es no dar falso testimonio, y hay prohibiciones respecto a ser deshonesto en los negocios y, en general, a engañar a los demás. Tendemos a pensar que mentir es algo malo y abogamos por la honestidad. Sin embargo, si examinamos las historias de nuestros patriarcas, en especial de Iaakov, la mentira parece ocupar una gran parte de la narrativa.

Iaakov, con la ayuda de Rivká, se viste como si fuera Esav y le lleva a Itzjak la comida deliciosa que él le había ordenado preparar para recibir las bendiciones que Itzjak quería darle a Esav. Cuando Itzjak preguntó: "¿Quién eres tú, hijo mío?"; Iaakov respondió: "Yo soy Esav, tu primogénito". Rashi defiende la mentira sugiriendo que esto puede leerse como si fueran dos frases separadas. "Yo soy", el que te trae la comida, y, entre paréntesis, "Esav tu primogénito". Si bien esto puede excusar cierto nivel de falsedad verbal, no elimina el hecho de que todo el acto es engañoso. ¿Cómo debemos entender la deshonestidad de Iaakov y Rivká, especialmente cuando lo yuxtaponemos a las demandas de honestidad en otras partes de la Torá?

Rav Iehudá Brandes sugiere que el tema en verdad sólo es formidable desde una perspectiva teórica. Sólo si alguien se sienta en una torre de marfil, y habla y piensa en ideas abstractas, entonces puede caber la posibilidad de que mentir nunca sea aceptable. La Torá es para ser estudiada y vivida en el mundo real, un mundo repleto con mentiras, paradojas, contradicciones, enigmas éticos y tensiones dialécticas. La verdad no es el valor supremo dentro de un marco de Torá y debe ser considerada junto con otros valores, como la paz y ser sensible a los sentimientos de los demás. La Torá tampoco espera que la persona justa se apegue a la verdad al punto en que otros pueden aprovecharse de ella. Por eso Abraham le mintió a Avimélej, diciéndole que Sará no era su esposa sino su hermana.

Dan Ariely, el psicólogo nacido en Israel, presentó una conferencia clave en la convención anual de Ciencia Psicológica en el 2016, delineando las investigaciones que había efectuado sobre la mentira. Para comenzar su presentación, Ariely enmarcó su discusión citando el Jumash. Cuando Dios le dijo a Sará que iba a tener un hijo, ella respondió con incredulidad: "¿Cómo puedo tener un hijo si mi esposo es tan anciano?". Cuando Dios le repitió a Abraham lo que había dicho Sará, Dios mintió. Él le dijo a Abraham que Sará cuestionó cómo podía tener ella un hijo siendo tan anciana.

Ariely, haciendo eco al mensaje del Talmud, concluye que la moraleja de la historia es que está bien mentir para mantener la paz en el hogar. "Si lo pensamos, de eso se trata la falta de honestidad", concluyó. Como declaró Maurice Schweuitzer, colaborador de Ariely y profesor en la escuela de negocios de Wharton, nuestra concepción de la mentira como algo que automáticamente es erróneo, es incorrecta. Necesitamos diferenciar entre falta de honestidad y egoísmo. Podemos ser deshonestos benevolentes y honestos egoístas. A través de su investigación, él concluyó que "cuando le decimos a la gente: 'Nunca me mientas', lo que realmente queremos decir es: 'no seas egoísta'".

Como regla general, mentir es incorrecto. Sin embargo, hay ciertos momentos en los cuales otros valores superan a la virtud de la honestidad. Obviamente, este enfoque abre una caja de Pandora. El juicio subjetivo respecto a cuándo es aceptable e incluso apropiado mentir puede usarse de forma impropia como una excusa para justificar un comportamiento no ético. Si bien esto definitivamente es un peligro real, la forma de enfrentar este tema no es pretender que mentir siempre sea incorrecto. Más bien, como recomienda Rav Brandes, la idea es aprender y enseñar cómo sopesar los dilemas morales a través del prisma de la ética judía, explorar las fuentes, aplicar con cuidado los valores a cada situación, tomar conciencia de las formas habituales en las que nos engañamos a nosotros mismos, y consultar con maestros y mentores más sabios y temerosos de Dios.




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