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La lucha de Lizzy Savetsky contra el alcoholismo

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31/07/2022 | por Sara Pachter

Por afuera, la vida de esta exitosa influencer en las redes sociales parecía ser perfecta. Por dentro, todo colapsaba.

Lizzy Savetsky y su batalla contra el alcoholismo

Por fuera, la vida de Lizzy Savetsky parece perfecta. Ella es una figura influyente en las redes sociales y una activista judía. Nadie hubiera podido imaginar que ella luchaba una fiera batalla contra el alcoholismo.

Su último trago fue el 31 de julio del 2021. Cada día es un nuevo desafío.

Ella recuerda con claridad el momento en que tocó fondo. "Era una tarde de Shabat. Comencé a beber en la sinagoga y continué en casa. Teníamos huéspedes y mientras los recibíamos me desmayé. No recuerdo nada hasta que me desperté a la mañana siguiente".

Pero el rostro exhausto de su esposo lo dijo todo: Estoy cansado. Estoy cansado de mentirles a tus padres y a los niños. Estoy cansado de dejarte seguir adelante ocultando toda esta basura… No puedo seguir haciéndolo.

"En ese momento comprendí que podía perder todo. Allí fue cuando estuve dispuesta a entregar todo a Dios y luchar esta batalla con todas mis fuerzas".

Perfeccionista y triunfadora

Lizzy creció en Forth Worth, Texas, en una familia de triunfadores. El eje de los valores de su familia era trabajar duro y educarse. Sus padres esperaban la perfección, lo que creaba increíble presión, especialmente académicamente.

"En toda mi vida nunca tuve menos de 10 en mi libreta de calificaciones. Era una expectativa tácita. Nuestra familia no se sacaba menos de 10. Éramos una familia de 10. Yo quería tener buenas notas para que mis padres estuvieran orgullosos. Vivía mi vida para los demás. Estaba desesperada por lograr la aprobación de mi padre y tenía un profundo miedo al rechazo y un terrible complejo de inferioridad.

Lizzy tuvo una vida ejemplar. Participó en el equipo de animadoras, cantaba todos los fines de semana en espectáculos de música country y participó en concursos de belleza como Miss Texas adolescente.

"Era una perfeccionista crónica, nunca estaba satisfecha y siempre quería más. Quería todo. Quería estar en las fiestas correctas y vestir la prenda perfecta. Quería ser todo para todo el mundo. Dondequiera que estuviera, daba mi vida por eso".

Pero ella nunca llegó a entender quién era ni qué la hacía feliz. "Pensaba que lo que me hacía feliz era ser amada por los demás y vivir de acuerdo con las expectativas que los otros tenían de mí".

Lizzy no creció cerca de nadie que bebiera. "Mis padres nunca tocaron nada que los hiciera sentir fuera de control. En la casa no teníamos alcohol".

La línea de educación de sus padres se definía por el deseo de control. Ellos seguían cada movimiento de Lizzy. Tenía una hora estricta en la que debía estar en casa, y nunca le permitieron dormir en otro lado porque no confiaban en nadie. Lizzy sentía que no tenía posibilidad de elección.

Eventualmente, Lizzy asistió a la Escuela Gallatin de Estudios Individualizados de la Universidad de Nueva York. "No quería encasillarme en una sola cosa. Armé mi propia compilación de cursos". Su tesis de graduación fue el estudio de la psicología de las estrellas de rock.

Mientras estudiaba el funcionamiento interno de una estrella de rock, ella misma se esforzaba por convertirse en una estrella. Cantaba en clubes nocturnos y actuaba en diferentes lugares por la ciudad de Nueva York. Comenzó a beber con regularidad, pero nada que fuera más serio que lo que es habitual en una típica estudiante universitaria.

Logró mantener sus calificaciones, a pesar de pasarse la mayor parte del tiempo en fiestas. Externamente llevaba una vida increíble, pero por dentro, el vacío interior era cada vez más grande.

Un cambio en la trayectoria

Ira, el hombre con quien finalmente se casaría, todo el tiempo aparecía en su vida. Él era un judío observante, y a pesar de que Lizzy había crecido con una fuerte identidad judía, ella no sabía demasiado sobre judaísmo. Se despertó su curiosidad y eso la llevó a comenzar a estudiar judaísmo en Meor, en Nueva York.

"Meor cambió toda la trayectoria de mi vida. Allí encontré mucho del significado que estaba buscando. Tenía muchos demonios. Eso me ayudó a construirme y mantenerme por un tiempo".

Eventualmente decidió irse a Israel, a pesar de que sus padres se opusieron. De todos modos viajó y comprendió que esa fue la primera decisión que tomó en su vida una decisión sin que ellos la aprobaran. Era a la vez aterrorizante y liberador.

Al llegar a un seminario en Jerusalem, vio a una jovencita fumando. Comenzaron a charlar y la joven le ofreció un trago en la habitación del dormitorio.

Estaba en un país extraño, tratando de descubrirme a mí misma. Beber me hacía olvidar de todo.

"Bebí tanto que me sentí mal y vomité. A la mañana siguiente me desperté con resaca, pero no me importó y bebí un poco más. Estaba en un país extraño, tratando de descubrirme a mí misma. No sabía como enfrentar todo eso. Beber me hacía olvidar de todo. Quitaba la dificultad. Ahí fue cuando empecé a beber todos los días. Me sentía incómoda y no podía soportar mi incomodidad. Descubrí que era más fácil escaparme de la molestia. Realmente funcionó".

Lizzy no sintió necesidad de ocultar que bebía. En Israel, por todas partes hay oportunidades socialmente apropiadas para beber. Eso contribuyó a que Lizzy no tomara consciencia de que estaba desarrollando un problema con la bebida.

Esposa, madre, bloguera y completamente vacía

Cuando Lizzy regresó a los Estados Unidos, eventualmente se casó con Ira y se fueron a vivir a Filadelfia, donde Ira estudió medicina. Lizzy obtuvo su maestría y luego se fueron a vivir a la ciudad de Nueva York para que su esposo pudiera hacer su residencia.

Ella comenzó a trabajar en la industria de la moda. Asistía a muchos eventos y fiestas, llevaba una vida glamorosa mientras que por dentro se sentía vacía.

Dos años más tarde tuvo a su primera hija, Stella, y comenzó un blog llamado Excessories Expert, sobre cómo incorporar accesorios al guardarropa. Le encantaba escribir y eso le dio la oportunidad de ejercitar sus músculos creativos mientras su esposo trabajaba día y noche.

El blog se transformó en una página de Instagram que atrajo a una audiencia masiva de más de 200.000. Le encantaba el mundo de las redes sociales. Para ella era natural compartir su vida con sus fieles seguidores, lo cual incluyó la adición de otro hijo.

Muy pronto se encontró colaborando con hoteles y diversas líneas de ropa. Estas compañías llevaron a Lizzy por todo el mundo para promover sus negocios, pero el pozo de vacío volvió a surgir. Lizzy comenzó a sentir que vivía una mentira.

La pareja se esforzaba por tener un tercer hijo y Lizzy sentía que su esposo nunca estaba en casa. Ella estaba sola con dos niños, todo el tiempo. Sentía que su familia no estaba completa, pero estaba sobrepasada por su vida tal como era en ese momento. Los tratamientos de infertilidad agregaron más capas de estrés, emoción y depresión. Estaba consumida por la soledad al perder tres embarazos en un solo año.

"En verdad no quería seguir publicando fotos. Me parecía grotesco. Estaba viviendo una mentira".

"Yo publicaba esas bellas fotografías, pero mi vida se iba derrumbando. Durante ese período decidí usar mi plataforma para hablar sobre lo que me estaba pasando. Comencé a abrirme sobre las pérdidas de los embarazos y mi dolor".

Ahora tengo todo aquello por lo que he trabajado: Otro hijo, una carrera exitosa. Debería estar feliz. Pero no lo estaba. Luchaba contra la ansiedad y la depresión.

En ese momento, en el mundo de las redes sociales no mucha gente utilizaba sus plataformas para compartir sus historias personales. Eso fue algo con lo que sus seguidores realmente se conectaron. "Mi vulnerabilidad sólo me volvió más atractiva. Ese no fue mi objetivo, pero funcionó y me ayudó a sentirme menos sola".

Cuando su esposo terminó su residencia, se mudaron a Dallas. Pero Lizzy no se había preparado para esa vida suburbana y eso revivió muchos de sus demonios.

Ella nunca había sido un adulto en Texas. Llevaba una vida típica de madre, esperando a lod niños en el auto y haciendo las compras. Había más momentos de calma y silencio. Ella no quería ese tiempo para pensar, porque no quería enfrentar sus demonios.

Entonces nació su tercer hijo, Ollie. Ella pensó: Ahora tengo todo aquello por lo que he trabajado: Otro hijo, una carrera exitosa. Debería estar feliz. Pero no lo estaba. Luchaba contra la ansiedad y la depresión.

Poco después del nacimiento de Ollie, Lizzy decidió usar su plataforma para defender a Israel. En el momento que publicó una foto de ella con una bandera israelí, comprendió que no había marcha atrás.

"Supe que perdería seguidores, pero sentí que tenía que luchar por mi pueblo. Había abierto una lata de gusanos y no estaba emocionalmente equipada para dominarla. Vivir una vida tan pública hacía que fuera difícil mantener todo unido. Para mí, ese fue el principio del fin".

Lizzy había manifestado tendencias alcohólicas durante muchos años antes de entender que era alcohólica.

"Cuando me fui de Israel y me mudé a Filadelfia, una vez más me encontraba en un medio que me resultaba extraño y estaba completamente sola. Mientras mi esposo estaba estudiando medicina, yo bebía. El alcohol era mi constante compañía. Cuando estaba sola de noche, tenía la compañía de un vaso de vino, a veces dos o tres.

"Recuerdo la primera noche que estuve en el departamento de Filadelfia y no tenía un sacacorchos. De alguna manera logré sacar el corcho con un cuchillo. No me importaba cómo iba a lograr abrir la botella, pero recuerdo que tenía un intenso deseo de abrirla y beberla. Me volví muy dependiente".

Lizzy no entendió que tenía un problema.

Cuando bebía, peleaba más con su esposo. A él no le gustaba que ella bebiera cuando estaba sola de noche, pero tampoco quería confrontarla, por lo que nunca sacó el tema.

"Yo funcionaba a un nivel súper elevado. Cada vez que me volvía descuidada y torpe, estaba alrededor de otras personas que estaban en el mismo estado. Nunca me avergoncé ni tuve que pedir disculpas".

Cuando se mudaron a Manhattan, hubo algunas noches en las que ella no regresó a casa hasta las seis de la mañana. Ella bebía mucho mientras su esposo seguía adelante con sus estudios. "Estaba comprometida con ese hombre a quien no veía nunca, y todas mis amigas estaban en fiestas. Quería estar con ellas".

Todo el tiempo me volvían a llenar el vaso. Volvía a casa, acostaba a los niños y me desmayaba durante toda la noche. Esa era mi rutina.

Lizzy señala que llevaba a sus dos hijas a comer afuera para poder dejar allí su "lío". "Yo no comía, sólo bebía vino. En el lugar ya me conocían y todo el tiempo me volvían a llenar el vaso. Volvía a casa, acostaba a los niños y me desmayaba durante toda la noche. Esa era mi rutina".

El alcohol era la solución, hasta que se convirtió en el problema

El alcohol era su compañero y su mejor amigo. A ella le encantaba poder beber vino cuando almorzaba con amigas y después beber más vino en la "Happy hour".

"El mundo exterior no iba a poder detenerme. Eso tenía que surgir de mi interior".

Lizzy se sentía avergonzada por la cantidad de botellas que escuchaba retumbar en la basura cuando arrojaba una más. Ella pensó: Vaya, eso es mucho alcohol para una sola persona. Siempre había un poco de vergüenza. Constantemente había una voz que le preguntaba: ¿Piensas que tienes un problema?

"Después de mi embarazo ectópico, regresé a casa con Ira. Él se fue a la cama y yo me fui al vodka. Él nunca lo supo. Cuando quería disminuir el dolor, acudía al alcohol".

Las cosas comenzaron a salirse de control cuando estuvo borracha en una entrevista en vivo con el Cónsul General de Israel en Nueva York. Había miles de personas observándola. Se sintió mortificada.

"Finalmente estaba cumpliendo mi sueño, y la bebida se interponía en mi camino. Estaba haciendo cosas que había dicho que nunca haría. Me desmayé frente a mis hijos y frente a mis padres. Ya no funcionaba. Nunca manejé después de beber, pero estoy segura que eso hubiera sucedido en algún momento de no haberme detenido".

Como un paso hacia la recuperación, Lizzy comenzó a tomar Antabuse, un remedio que imposibilita que la persona metabolice el alcohol, y provoca que la persona se enferme si lo ingiere. Esto le permitió a Lizzy dejar de beber de forma física, mientras tomaba la medicación, pero eso ocupó todo su espacio mental. Ella dejó de tomar la medicación y entendió que necesitaba ir a Alcohólicos Anónimos, pero no era capaz de dar el siguiente paso.

En cambio, comenzó a beber vino a escondidas. "Una vez, dormimos en la casa de unos amigos durante varias semanas cuando nos estábamos mudando de casa. Yo encontré mi camino hacia su alacena. Sabía exactamente cuánto podía beber sin que mi amiga lo notara.

"No tenía el mínimo control. No podía estar en una habitación en la que hubiera alcohol sin beberlo".

"En un punto, bebí literalmente durante todo el día".

"Me estaba convirtiendo en todo lo que no quería ser. Estaba arruinando mi vida y no podía detenerme. Una mañana me desperté y le dije a Ira que quería matarme. Allí fue cuando fui a Alcohólicos Anónimos".

"Cuando llegué a AA no podía dejar de llorar. Esa fue la primera vez que realmente pertenecía un lugar. Ellos dijeron: 'Nosotros te amaremos hasta que puedas amarte a ti misma': Fue la primera vez que realmente me sentí comprendida".

"El alcoholismo es una de las primeras cosas en las que fracasé. No estaba acostumbrada a esa sensación. Era horrible".

"Comprendí que no podría salir sola del alcoholismo. Uno no tiene la fuerza de voluntad para lograrlo. Es una enfermedad. Simplemente tenía que rendirme al problema y rendirme al tratamiento".

Progreso, no perfeccionismo

Lizzy fue a las reuniones de Alcohólicos Anónimos durante 90 días seguidos. Ella recuerda cada día que es una alcohólica. Hoy celebra su primer año completo de sobriedad, y sigue asistiendo regularmente a los encuentros.

Su nuevo lema en la vida es "progreso, no perfección".

"Nunca entendí que el hecho de beber no tenía nada que ver con la bebida. Yo tenía un alma enferma. Esto me sacudió cuando comencé a profundizar en AA. La mayoría de los encuentros no hablan en absoluto sobre el alcohol. Esa no es la razón por la gente bebe. Las cosas por las que bebía son aquellas sobre las que trabajo durante todo el día".

Por esta razón Lizzy ahora comenzó a implementar límites en su vida y a aprender a alejarse de sus patrones de conducta enfermos, especialmente en lo que se refiere a agradarle a todo el mundo.

Su nuevo lema en la vida es "progreso, no perfección".

"Pasé muchos años preocupándome por el futuro. Ahora me mantengo en el presente y tengo a Dios a mi lado a lo largo del día. Constantemente estoy rezando a Dios y recordando que no estoy sola. Dios siempre está protegiéndome y eso es algo que no podía sentir cuando lo buscaba adentro de una botella.

"Cuando me siento tentada, sólo recuerdo cuánto puedo perder. No vale la pena".

Lizzy cree que su sobriedad es su mayor logro, más importante que cualquier otra cosa. Cuando Lizzy comenzó a asistir a AA se sintió avergonzada. Ira estaba todavía más avergonzado y preocupado de que la gente la viera entrar y le contaran a alguien.

"Nuestra vergüenza desapareció rápidamente cuando vimos cuánto cambié. Fue tan irónico. No estaba avergonzada de estar borracha y actuar como una lunática, pero me avergonzaba de ir a AA. No tenía ninguna lógica".

Lizzy aconseja a otros que se encuentran atrapados en las garras de la adicción que es imposible conquistar solos la adicción. Hay que buscar ayuda.

Ahora, Lizzy comprende que alguien que tiene el coraje de hacer grandes cambios y busca ayuda es noble y admirable. "La gente se apresura a juzgar porque no es una enfermedad como el cáncer. Yo conquisté la vergüenza cuando dejó de importarme lo que otros puedan pensar sobre mi sobriedad. Ya no me importa. Quiero estar viva. Elegí este camino".

Lizzy aconseja a otros que se encuentran atrapados en las garras de la adicción que es imposible conquistar solos la adicción. Ella cree que los compañeros y Dios son los ingredientes más importantes para la recuperación.

"Mi conexión espiritual creció de forma exponencial. No veía a Dios con tanto amor cuando todo estaba tan oscuro. El amor de Dios es muy profundo. Yo cambié el enfoque de toda mi relación con Dios".

Lizzy tuvo el coraje de compartir su historia, porque "si a partir de mi lucha logro ayudar aunque sea a una persona, entonces todo valió la pena, incluso sacrificar mi anonimato".



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