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Los sacrificios que los padres hacen por sus hijos

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Ki Tetzé (Deuteronomio 21:10-25:19 )

por Rav Baruj Leff

Ideas de la parashá inspiradas en las enseñanzas de Rav Yaakov Weinberg zt''l.

Si tuviéramos que vincular dos mandamientos de la Torá, se nos vendrían muchos a la mente. ¿Qué tal honrar a los padres y alejar a la mamá ave de sus crías? No son los primeros de tu lista, ¿verdad? Sin embargo, hay una fuerte conexión entre el mandamiento de shilúaj hakén, alejar a la mamá ave de sus crías (parashat Ki Tetzé), y kivud av vaem, honrar a los padres.

La Torá dice que si uno encuentra un nido de pájaros y la madre está cuidando a los huevos o a las crías, está prohibido tomar a la madre con los huevos (o los pichones). Primero se debe alejar a la madre y luego tomar los huevos. La recompensa por hacer esto es una vida larga” (Devarim 22:6-7). El único otro lugar donde la Torá usa la expresión: “tendrás una vida larga” como recompensa, es respecto a la mitzvá de honrar a los padres (Shemot 20:12, Devarim 5:16).

Tiene que haber un denominador común entre estos dos mandamientos, que parecen ser tan lejanos. Ese denominador común es el sacrificio personal. La Torá reconoce y recompensa ampliamente los mandamientos que exigen que reconozcamos el mesirut néfesh (autosacrificio). Cuando la Torá nos instruye honrar a nuestros padres, nos dice que los padres manifiestan un gran mesirut néfesh por sus hijos. Desde que los despierten a cualquier hora de la noche durante la niñez hasta las dificultades financieras por pagar su boda, ser padres, por definición, es dejar de lado tu comodidad por el bien de tus hijos. La Torá prescribió la grandiosa recompensa de “una vida larga” por honrar a los padres, para que valoremos el mesirut néfesh de nuestros padres.

Este es exactamente el mismo concepto que encontramos respecto a shilúaj hakén, alejar a la mamá ave antes de tomar las crías. Quien intentó alguna vez atrapar aves sabe que es casi imposible lograrlo. ¿Cuándo es posible atrapar un ave? ¿Cuándo el ave no se escapa? Cuando tiene crías (o huevos). Al igual que toda madre, el ave está dispuesta a sacrificarse y resignar su propia libertad para cuidar a sus hijos. Está prohibido atrapar a la madre y aprovecharse del sacrificio que hace como consecuencia de su instinto maternal hacia las crías. Al liberar a la madre, al alejarla, evitamos usar en su contra su atributo de autosacrificio.

Al no aprovecharnos de su mesirut néfesh, demostramos que valoramos la idea de sacrificarse por los hijos. Entonces, también aquí, la recompensa de ese reconocimiento y valoración del amor y la preocupación de un progenitor hacia su descendencia, es “una vida larga”.

La Torá describe a los alumnos de una persona como sus hijos (ver Rashi en Devarim 6:6, por ejemplo). Rav Yaakov Weinberg, de bendita memoria, trataba a sus estudiantes como si fueran sus hijos y manifestaba gran sacrificio por ellos. Si bien él era la guía espiritual de miles, y constantemente lo consultaban por temas de vida o muerte y por temas relevantes para el bienestar de la nación judía, pudo vivir a la altura de la máxima que afirma que "un judío siempre debe preocuparse por Klal Israel y Rav Israel", lo que implica que un judío debe preocuparse profundamente por los asuntos y problemas que enfrenta la nación judía en general, pero no por eso dejar de lado los asuntos “más pequeñosde su vecino.

Tanto si se trataba de un problema de escala nacional como si uno de sus estudiantes necesitaba ayuda con cosas de menor importancia, Rav Yaakov siempre se sacrificaba. Citemos algunos ejemplos de su vida.

Durante muchos años, Rav Yaakov viajó cada semana a una pequeña comunidad de East Lexington, cerca de Baltimore. Un pequeño grupo de parejas jóvenes seculares lo habían invitado a enseñarles judaísmo. Eventualmente, el grupo construyó una sinagoga. Por la falta de fondos, la construyeron ellos mismos. Uno de los miembros contó que recordaba a Rav Yaakov clavando tejas en el techo y colocando el cableado eléctrico para el nuevo santuario. También contó que muchos de ese grupo eventualmente comenzaron a respetar el Shabat y enviaron a sus hijos a escuelas judías.

En una ocasión Rav Yaakov se ausentó de la ieshivá durante dos días porque un estudiante le contó que tenía la intención de divorciarse de su esposa. Durante dos días, Rav Yaakov los aconsejó para tratar de salvar el matrimonio. En otra ocasión, un joven maestro le llamó desde otra ciudad porque no tenía éxito en su nueva posición. Convencido de no poder ayudarlo telefónicamente, Rav Yaakov viajó con su propio dinero para ver al maestro en acción, se reunió con el director del maestro y dio sus sugerencias.

Durante la semana de shivá tras la muerte de Rav Yaakov, una mujer anciana llamó a la casa, aparentemente no se había enterado que Rav Yaakov había fallecido. Ella preguntó por qué esa semana no había recibido el dinero para su medicina. La familia concluyó que su padre debía haber llevado el dinero personalmente. Para no provocar que la mujer se sintiera mal por la tragedia, le explicaron que quizás habían perdido la dirección. "¿Durante 20 años enviaron dinero al mismo lugar y ahora perdieron la dirección?" contestó con incredulidad.

En una ocasión Rav Yaakov, ante el desesperado pedido de una pequeña ieshivá, pasó meses como Rosh Ieshivá temporal. Rav Yaakov durmió en una casa que pertenecía a la ieshivá y que no tenía calefacción. Instalaron en su cuarto una estufa eléctrica. Los estudiantes se preocuparon cuando Rav Yaakov se resfrió y no lograba recuperarse. Un estudiante fue al cuarto de Rav Yaakov para verificar que el calefactor funcionara bien. Pero la estufa había desaparecido.

Los cocineros de la ieshivá, una pareja de inmigrantes rusos, dormían en otra parte de la casa y, por alguna razón desconocida, a nadie se le ocurrió instalar calefacción en su habitación. Rav Yaakov llevó secretamente el calefactor de su cuarto al de ellos porque, como explicó después: "No quería que se resfriaran".

Itzjak estudió con Rav Yaakov todos los jueves por la noche durante muchos años. Él esperaba toda la semana con ansiedad y registraba todas las preguntas para hacerle al Rav. Un jueves, Rav Yaakov viajó a Atlanta para una celebración familiar e Itzjak asumió que Rav Yaakov no estaría en la ciudad, por lo que no fue a su casa esa noche. La noche del viernes Itzjak le deseó a Rav Yaakov su usual Shabat Shalom. Rav Yaakov le preguntó:

—¿En dónde estuviste anoche? Te esperé.

—Pensé que el Rav no estaba en la ciudad —respondió Itzjak.

—Estuve fuera, pero dejé la celebración temprano y tomé un vuelo previo para estar a tiempo para nuestra sesión.

Rav Yaakov sabía cuánto disfrutaba Itzjak su estudio semanal, por lo que disminuyó su placer personal por el bien de su estudiante.

Era una frenética tarde de viernes y el Sium Hashas (septiembre de 1997), la importante celebración de finalización del estudio mundial de 7 años y medio de Daf Yomí (una hoja diaria de Talmud) realizada en el Madison Square Garden y transmitida a muchos lugares del mundo, estaba planificada para el domingo por la noche. David tenía entradas para él, su esposa y sus tres hijos. Durante meses habían hablado del evento con sus hijos, explicándoles lo especial que era ser parte del mismo. El plan era viajar en auto desde Baltimore a New York el domingo, y volver en esa misma noche o a la mañana siguiente. En las tres semanas previas, David había estado inundado de trabajo por un importante vencimiento y había promediado entre 3 y 5 horas de sueño por noche. Estaba muy cansado.

El jueves a la noche, antes del gran evento, Joana, su esposa, le dijo: "Estás demasiado cansado para manejar. Es peligroso viajar así. No podemos hacerlo". En ese entonces, Joana tenía el tobillo enyesado. La probabilidad de ir a la celebración parecía pequeña. Sin embargo, habían hablado mucho del tema con los niños durante meses.

Chequearon vuelos, tren, hoteles, etc. El mejor escenario posible estaba muy por encima de su presupuesto. Estaban atormentados. ¿Debían gastar más que lo que podían? ¿Qué les dirían a los niños?

Finalmente, el viernes por la tarde, Joana dijo algo que había dicho muchas veces en el pasado: "Llama a Rav Yaakov". Cualquiera fuera su consejo, lo seguirían con absoluta confianza y serenidad.

David llamó a Rav Yaakov y le explicó el escenario. Rav Yaakov dijo: "Espera un momento". Luego David lo escuchó llamar a su esposa, la rabanit: "Los Goldman necesitan que alguien los lleve al Sium HaShas el domingo. ¿Quién puede hacerlo?"

Cuando Rav Yaakov volvió al teléfono, David estaba mudo. Lo último que quería era que Rav Yaakov perdiera tiempo buscando que alguien lo llevara a Nueva York. Después de una breve conversación, Rav Yaakov dijo que valía la pena gastar el dinero extra y llevar a los niños al sium. Sin embargo, insistió que si económicamente era difícil, David le volvería a llamar para que encontraran alguien que los pudiera llevar.

Ese viernes a la tarde Rav Yaakov tenía muchas otras preocupaciones. Su propia salud, las necesidades de su familia, de la nación, muchas personas le llamaban por una razón u otra. De todos modos, no pareció tener otra cosa que hacer más que encontrarle un aventón a David. Ese es un ejemplo del amor que Rav Yaakov manifestaba hacia sus estudiantes.

Que podamos aprender de los extraordinarios sacrificios que nuestros padres y maestros hicieron por nosotros y hagamos lo mismo por nuestros hijos y estudiantes.



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