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Buscando la perfección

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Emor (Levítico 21-24 )

por Rav Zev Leff

Enseñanzas profundas de la parashá semanal del líder espiritual de Moshav Matitiyahu en Israel.

Sforno explica que a pesar de que hay defectos que realmente aumentan la fuerza y el valor del animal, estos defectos lo transforman en no-apto para un sacrificio. A través de la Torá encontramos que la completitud y la entereza tienen precedencia por sobre la cantidad. Por eso en la recitación de la bendición de haMotzi, un pan entero de menor tamaño tiene precedencia por sobre una hogaza de pan incompleta de mayor tamaño.

De esto aprendemos que nuestro servicio Divino se mide no por la cantidad, sino por cuán cercano está de la perfección. Dado que Dios es la perfección máxima, nuestra meta debe ser alcanzar la mayor medida de perfección posible para un ser humano, porque se nos exhorta a emularlo a Él y a “ser completos con Dios”. Sólo al estar tan cerca de la perfección como sea posible podemos esperar tener una relación con Dios.

El Cohén es el representante de Dios, y además, es la persona que está más directamente involucrada en Su exaltado servicio. Él debe reflejar perfección y por eso una imperfección física hace que el Cohén sea no-apto para el servicio en el santuario.

La señal más clara de la imperfección inherente del hombre es la muerte. Tal como dice el verso (Salmos 82:6): “Yo dije que son angelicales, hijos de lo más alto son, pero como hombres deben morir”. Porque la mortalidad del hombre constituye la negación más grande de su búsqueda de perfección, el Cohén, quien debe ser la personificación de la perfección, está severamente restringido en su contacto con cuerpos muertos.

Incluso los Cohanim ordinarios, que tienen permitido impurificarse con el cadáver de sus siete parientes más cercanos, sólo pueden hacerlo si los cuerpos están completos. Por lo tanto, la Torá permite que el Cohén se relacione con la imperfección espiritual del hombre sólo ante las circunstancias extenuantes de la muerte de un pariente, sólo si el cuerpo está completo, así por lo menos aún existe algún indicio de perfección.

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Búsqueda de Perfección

Los Sabios nos dicen (Talmud – Berajot 5b) que el hecho de hacer “más” o “menos” es insignificante. Lo que uno logra realmente en este mundo está en las manos de Dios. La consideración principal es que uno dirija y concentre su corazón hacia el cielo. Lo que podemos controlar es la intensidad de nuestro deseo y la pureza de nuestro esfuerzo en la búsqueda de la perfección.

Dijo Rabi Yitzjak: “La Torá nos enseña que cuando una persona hace una mitzvá, debe hacerlo con el corazón completo y feliz. Si Reuven hubiera sabido que la Torá iba a registrar que él trató de salvar a Yosef de sus hermanos, él lo habría subido sobre sus hombros y habría corrido con él a su casa. Y si Aarón hubiera sabido que la Torá iba a registrar que él estuvo feliz cuando se reencontró con Moshé después [de que Moshé había sido elegido para ser un redentor], él habría salido a recibirlo con tambores y platillos. Y si Boaz hubiera sabido que los profetas registrarían que él le dio a Rut algunos granos tostados para comer, él le habría dado un banquete real”. (Midrash – Yalkut Shimoni Rut 604)

En cada instancia citada por el Midrash, había duda sobre cuál era la conducta verdaderamente apropiada. Reuven no estaba seguro si salvar a Yosef era lo apropiado después de que sus hermanos habían determinado que él era una amenaza. En el segundo caso, si Moshé cuestionó su propia idoneidad para ser un redentor, Aarón también tenía el derecho de tener sus reservas en relación al nombramiento de su hermano. Similarmente, Boaz podía haber dudado legítimamente sobre Rut la conversa, sin conocer su sinceridad y su carácter.

Por eso ellos actuaron sin un corazón completo y feliz que habría hecho sus mitzvot perfectas, y ese defecto se reflejó en el resultado de sus acciones. Yosef fue vendido como esclavo; la misión para liberar al pueblo judío del Faraón tuvo un inicio fallido (ver Haemek Davar – Éxodo 3:18); y el linaje de David fue cuestionado.

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Cincuenta Niveles

Después de que el pueblo judío fue liberado de la esclavitud en Egipto para servir a Dios, el primer paso en ese servicio fue buscar la perfección. Esa búsqueda tomó la forma de contar siete semanas completas, 49 días completos, hasta la entrega de la Torá en el día cincuenta.

El cincuenta representa perfección (50 puertas de sabiduría, 50 puertas de pureza). Nuestra tarea es contar hasta 49. Nosotros no somos capaces de crear la perfección; sólo Dios puede hacer algo perfecto. Todo lo que nosotros podemos hacer es luchar para lograr eso. Pero al contar los 49 días, es como si hubiésemos contado también el cincuenta. Porque el nivel cincuenta es el resultado automático de nuestros esfuerzos de asegurar los primeros 49.

Este es el significado de Lag B’Omer tal como lo explica el Maharshá (Moed Katan 28a). La mayoría de la cuenta del Omer se alcanza cuando dos tercios del tiempo pasan. Esto ocurre en el día treinta y tres. Una vez que la mayoría del tiempo ha pasado exitosamente, uno puede estar confiado de que tendrá éxito en cumplir lo que resta. Lag B’Omer es un día de alegría por la búsqueda exitosa de la perfección. Las fogatas tradicionales simbolizan el fuego puro e intenso del corazón que es la base de nuestra búsqueda de la perfección.

El Midrash comenta: “¿Cuándo son los días del Omer perfectos y completos? Cuando nosotros cumplimos la voluntad de Dios” (Vayikra Raba 28:3). Es la intensidad de nuestra búsqueda de la perfección en la realización de la Voluntad Divina, la que infunde nuestra cuenta del Omer con un significado y una efectividad agregada.

Que podamos buscar la perfección en todo lo que hagamos, para que nuestros esfuerzos puedan ser coronados con éxito por Dios, Quien nos llevara a la perfección máxima, “dándole a Su nación fuerza y bendiciéndola con paz”.




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