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El hombre que no sabe dónde va

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Nitzavim (Deuteronomio 29:9-30:20 )

por Rav Ari Kahn

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Cábala.

En los últimos capítulos de Devarim, Moshé le advierte al pueblo las implicaciones de abandonar la palabra de Dios. La Tierra de Israel tiene una constitución delicada, la mala conducta lleva al exilio. Podríamos pensar que una consecuencia lógica de esta clase de exilio sería que el pacto entre Dios y el pueblo judío quedara completamente anulado y la relación permanentemente interrumpida, pero no es así. La Torá sigue hablando del proceso para volver a encender la relación y regresar a la Tierra. Leídos dentro del contexto, estos versículos describen más que una mera reubicación; describen un renacimiento nacional, una reunión de los judíos exiliados en los lugares más lejanos de su dispersión y la curación de la relación entre Dios y Su nación.

El ciclo anual de la lectura de la Torá avanza en una órbita aparentemente autónoma, independiente del calendario de las festividades judías. Sin embargo, la acostumbre es asegurarnos de que cuando el año llega a su fin, el ciclo completo de lecturas de la Torá se complete en la festividad de Simjat Torá. Esta superposición entre el sistema de lecturas semanales y el calendario de las festividades dictamina que el tema principal de la lectura de la Torá en la temporada de Rosh Hashaná seá el retorno y el renacimiento.

El "retorno" nacional es un cambio positivo que fue el tema de la esperanza y del anhelo judío durante milenios; así como el enfoque de este período en la teshuvá, el retorno personal, puede entenderse como una aplicación más personal de este concepto más amplio. A medida que se acercan las Altas Fiestas, algo resuena dentro de cada judío con pensamientos de retorno, y los versículos de esta parashá que hablan del regreso a Dios a nivel nacional se canalizan y se incorporan a la liturgia del retorno individual, de la teshuvá.

Teshuvá, en su sentido más básico, significa retornar. Retornar a Dios, a una versión más pura de nosotros mismos, a las personas que somos capaces de ser. Nos bendecimos unos a otros deseándonos un año dulce, lleno de felicidad y salud, pero en un nivel más profundo rezamos para ser dignos de recibir esas bendiciones. En un nivel básico, realmente queremos mejorar, queremos ser más espirituales, más fieles a nuestra alma y a nosotros mismos. Queremos sentirnos más cerca de Dios. Sin embargo, a menudo estamos confundidos. No estamos seguros de cómo podemos cambiar, cómo podemos acercarnos a Dios. No estamos seguros cómo hacer para retornar.

El musar, una rama de las enseñanzas éticas judías, se ocupa del crecimiento moral y la concretización de la decencia interna que a menudo está profundamente suprimida dentro de nuestra conciencia. Uno de los grandes maestros de musar del siglo pasado, Rav Iosef "Iosel" Hurwitz (1847-1919), más conocido como el "Alter (anciano) de Novardok", se refirió al problema de la confusión sobre el camino a la teshuvá con una parábola. Si actualizamos un poco esta parábola para el lector moderno, es bastante fuerte:

En Israel hay dos grandes ciudades. Una es la capital oficial y eterna del pueblo judío y del Estado de Israel, Jerusalem. La otra es una moderna metrópolis llamada Tel Aviv. En cada una de estas ciudades viven muchos judíos sagrados, pero Jerusalem no se parece a ningún otro lugar. Es algo único. Jerusalem es LA ciudad sagrada. Entre ambas ciudades se encuentra una tercera ciudad, Modiin.

Un hombre sube al tren en Modiin esperando subir las colinas y las montañas de la sagrada ciudad de Jerusalem, el destino al que desea llegar. Él sabe qué es lo que busca; él conoce lo que es la santidad, y está ansioso por llegar. Unos minutos después de que el tren comenzó a viajar, se da cuenta que está viajando en la dirección equivocada. Accidentalmente subió al tren que viaja hacia Tel Aviv. Lo mejor que puede hacer es bajar del tren en la siguiente parada y subir allí al tren que viaja hacia Jerusalem. Pero a nuestro confuso viajero eso le resulta demasiado difícil, demasiado doloroso. Cambiar de tren es una vergonzosa admisión de que estaba viajando en la dirección equivocada. ¿Cuántos podemos admitirlos errores que hemos cometido? Por eso, en una decisión que fácilmente podrían haberle aconsejado los sabios de Kelm, decide cambiarse a un asiento que mira hacia atrás, uno que le permitirá mirar hacia Jerusalem en constante retroceso en vez de ver que se acerca rápidamente hacia Tel Aviv. Con cada minuto que pasa, se aleja más de su destino previsto y se engaña a sí mismo convenciéndose de que está viajando hacia Jerusalem, a su cita con la santidad.

Así es como algunas personas se relacionan con Rosh Hashaná. En vez de cambiar de tren, cambian el asiento dentro del mismo tren. Puede ser que miren en dirección al lugar de santidad al que desean llegar, pueden tratar de convencerse a sí mismos que van en la dirección correcta, pero en verdad se alejan de donde necesitan ir. Sin admitir sus errores, sin cambiar de dirección, la santidad y la espiritualidad que desean queda cada vez más lejos de su alcance.

En Rosh Hashaná (en particular) debemos retornar a nosotros mismos. Debemos retornar a Dios. A veces esto significa comprender que estamos viajando en la dirección equivocada. A veces significa tener que cambiar de tren. No debemos sentirnos satisfechos con un asiento cómodo en un tren que no nos lleva a ninguna parte. Este es el momento del año para subir al tren adecuado, el tren que nos lleva a casa.



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