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Desiguales

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Vaieshev (Génesis 37-40 )

por Rav Ari Kahn

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Cábala.

Estar casado con cuatro mujeres al mismo tiempo puede complicar la vida. Tener hijos con cada una de esas esposas agrega complicaciones. Tener una esposa favorita y un hijo elegido puede hacer que la vida se vuelva peligrosa, particularmente para ese niño. En resumen, esta era la situación en el hogar de Iaakov.

El hijo favorito era Iosef, hijo de Rajel, la esposa "verdadera" de Iaakov, la única esposa que él había deseado. Iosef tenía una extraña combinación de virtudes: buena apariencia, inteligencia, carisma y un desarrollado sentido de la decencia. Sus hermanos oscilaban entre los celos y el odio, quedándose eventualmente con una combinación de ambos.

A diferencia de sus hermanos, uno de los "pecados" de Iosef fue tratar como hermanos a los hijos de las pilagshim, las concubinas de su padre, algo que no era obvio ni automático. En esa clase de familias había una jerarquía entre las esposas que se extendía también a los hijos. La familia de Iaakov no era una excepción.

Al comienzo de la Parashat Vaieshev, al dar a luz muere Rajel, la esposa amada de Iaakov. Ella deja dos hijos huérfanos: Iosef y el recién nacido Biniamín. Leá, la segunda esposa de Iaakov, había dado a luz a seis hijos y una hija. Este era el grupo dominante tanto por su superioridad numérica como por el estatus de su madre de esposa legítima. Los otros hermanos eran los hijos de Bilá y Zilpá, sirvientas de Rajel y Leá.

Ahora más que nunca, los hijos de Leá intentaron establecer su estatus dentro de la familia. Aunque no podían esperar alcanzar el estatus de preferidos que gozaban los hijos de Rajel, tampoco deseaban ser agrupados como “segunda clase” con los hijos de las concubinas, ni ser sobrepasados por los hijos de Bilá, la sirvienta de Rajel que había pasado a ser la madre adoptiva de los hijos huérfanos de Rajel.1 Con el tema del estatus en mente, Reubén cambia de lugar la cama de Bilá, relegándola al estatus de vasalla y clasificando a sus hijos como esclavos, al tiempo que se declara simbólicamente como el verdadero heredero de Iaakov.

La respuesta de Iosef a la estrategia de Reubén no es menos astuta: Iosef tiene una afinidad con Bilá y defiende su honor honrando a sus hijos y tratándolos como hermanos. Él contrarresta el atropello de Reubén con amor hacia las víctimas secundarias: los hijos de las concubinas. Esto se vuelve un tema recurrente en la vida de Iosef: el abuso se paga con amor, nunca con venganza. Una y otra vez Iosef recurre al amor para arreglar riñas y curar heridas.

El comportamiento de Iosef no surgió de la nada, sino que lo aprendió de su padre. Iaakov tuvo que enfrentar el comportamiento atropellado de sus hijos en más de una ocasión: Reubén, Shimón y Leví al aniquilar a la ciudad de Shejem, y el desprecio y rechazo de los hermanos hacia Iosef. Cada uno de esos episodios pudo haber servido como razón para que Iaakov excluyera de la familia a uno o más de sus hijos. Si lo hubiera hecho, hubiera continuado con el patrón establecido en las generaciones previas de la familia: Ishmael fue expulsado por sus abuelos, y su hermano Esav ya no era parte del clan. Sin embargo, Iaakov no tomó ese camino. En cambio, él hizo todo lo que estuvo a su alcance (por lo menos en su propio entendimiento)2 para mantener la unidad de su familia. Iosef aprendió muy bien esta lección. Aparentemente, Iosef entendió que el silencio de Iaakov frente a la intriga familiar comunicaba un valor básico: la familia es lo principal. Debían continuar juntos sin importar lo que pasara. Con este entendimiento, Iosef extendió la actitud de "la familia es lo principal" a sus hermanos más vulnerables: los hijos de las pilagshim.3

Una vez más la bondad de Iosef es retribuida con odio. Sus hermanos lo detestan, planean matarlo. Irónicamente, la conspiración que idean para librarse de Iosef es lo que finalmente los une como hermanos. Ellos comparten su pérfido secreto y eso los une entre ellos, forzándolos a confiar el uno en el otro. Los hijos de las pilagshim fácilmente hubieran podido aprovechar el oscuro secreto de los hermanos para equiparar su estatus en la casa de Iaakov, pero en cambio decidieron unirse a los hijos de Leá y conservar el secreto hasta el final. Al permanecer en silencio durante y después de la venta de Iosef, los hijos de Bilá y Zilpá se volvieron cómplices, y los hijos de Leá intuyeron que el precio de su silencio era un cambio en el estatus de los hijos de las pilagshim. Ahora, y sólo ahora, se vuelven hermanos al 100%, socios en el crimen, unidos por una promesa sobre un secreto terrible e inenarrable. No podemos dejar de preguntarnos si Iosef notó la ironía: él logró unir a la familia al convertirse en un enemigo común y en la víctima.

Esto puede explicar por qué la mano de Dios dirigió a Iosef a Egipto. De haber permanecido con su familia, su verdadera grandeza no hubiera emergido. Iosef se hubiera rebajado por el bien de la unidad. Iosef no podía dejar a sus hermanos detrás, razón por la que fue tan doloroso cuando sus hermanos lo expulsaron. Sólo en Egipto, cuando estuvo lejos de la familia, pudo emerger la verdadera personalidad de Iosef y se reveló su grandeza. Sus hermanos, cegados por los celos, no lograron ver quién era Iosef en realidad.


NOTAS

1. Rashi, Bereshit 37:10.

2. Iaakov envía a Iosef a cuidar a sus hermanos, y lo alienta a no separarse de ellos. Lo reprende por sus sueños que causan fricción y desunión.

3. Ver Rashi, Bereshit 37:2.



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