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El odio y la paz

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Vaieshev (Génesis 37-40 )

por Rebetzin Esther Jungreis

Sabiduría milenaria e ideas inspiradoras para compartir en tu mesa de Shabat.

En la parashá de esta semana leemos sobre la traición de los hermanos de Iosef. Este es uno de esos incidentes amargos y dolorosos que cuesta tanto comprender. ¿Cómo pudieron los hermanos ser tan insensibles? ¿Cómo pudieron ser tan crueles? Al examinar de cerca esta sección de la Torá, podemos entenderlo un poco.

La Torá declara: “Lo vieron a él (a Iosef) desde lejos, y antes de que se acercara a ellos conspiraron en su contra para matarlo”.1 Las expresiones “desde lejos” y “antes de que se acercara” parecen redundantes. Quizás hubiera sido suficiente decir: conspiraron en su contra”. ¿Por qué acentuar que aún no se había acercado?

El odio sólo puede prevalecer en los corazones cuando no hay comunicación. Los hermanos lo vieron desde lejos porque “no le permitieron que se acercara”. Es más fácil condenar, tener resentimiento y odiar desde la distancia. Este distanciamiento fue la tragedia que llevó a que los hermanos traicionaran a Iosef.

Para evitar tal deterioro en las relaciones, la Torá nos ordena: “No odiarás a tu prójimo en tu corazón”.2 Esto nos exige solucionar nuestras diferencias y no permitir que la enemistad y el odio fermenten en nuestro interior. Intentemos aplicar esta enseñanza a nuestra vida personal y tratemos de comunicarnos de forma amigable y civilizada con aquellos hacia quienes guardamos resentimiento. Debemos hacer esto no sólo por el bien de los demás, sino principalmente por nuestro propio bien. Cuando permitimos que los celos y el odio nos dominen, literalmente pueden consumirnos y volvernos personas amargas y hurañas que no sólo destruyen a los demás sino también a sí mismas.

Si deseamos eliminar las rivalidades y las controversias dentro de nuestra familia (por más sutiles que sean), debemos aprender a comunicarnos con respeto, “juzgar a cada persona favorablemente”3 y darle el beneficio de la duda. Después de todo, ¿no es eso lo que deseamos que los demás hagan por nosotros? Enfócate en sus buenas cualidades en lugar de concentrarte en sus defectos y descubrirás que la vida es mucho más placentera y las relaciones más gratificantes.

 

LAS DIVERSAS FACETAS DEL SHALOM

En la parashá de esta semana se menciona varias veces la palabra shalom, y podemos detectar que tiene distintas dimensiones. Shalom significa saludar, shalom significa paz, shalom significa bienestar, y sus letras hebreas también connotan completitud, como en la palabra shalem, completo.

En esta parashá4 vemos que los hermanos de Iosef lo odiaban y no podían hablarle “leshalom”, pacíficamente o, literalmente, “hacia la paz”. Además, en este pasaje notamos que la palabra Shalom está escrita sin la letra vav. Esto transmite muchas enseñanzas. Si queremos alcanzar la paz en nuestras relaciones, debemos dar los pasos necesarios hacia la paz, por eso dice “hacia la paz”; y cada paso pequeño se convierte en un nuevo eslabón hasta que se alcanza la completitud, shalem, la paz absoluta. Como los hermanos de Iosef lo odiaban, ni siquiera pudieron dar el primer pequeño paso: ni siquiera podían saludarlo.

Sin la letra vav, la guematria de la palabra leshalom, hacia la paz, es 400, equivalente al valor de áin ra, un mal ojo. Los hermanos veían a Iosef con malos ojos, eran incapaces de ver el bien en él o de interpretar sus acciones de forma favorable. Por otro lado, cuando el patriarca Iaakov/Israel expresó su deseo de enviar a Iosef con sus hermanos en Shejem, Iosef respondió “Hineni”, aquí estoy. Iaakov le encargó a Iosef velar por el bienestar de sus hermanos y, en este caso la palabra shalom, está escrita con todas las letras,5 lo que nos enseña que Iaakov le instruyó a Iosef buscar la completitud en sus hermanos y no prestar atención a sus defectos, y también que Iosef estaba a la altura de esa exigencia.

Todo depende de nosotros: ¿Nos miraremos con “malos ojos” o buscaremos la "completitud"? Sin duda es mucho más fácil ver los defectos de los demás. El desafío es buscar lo bueno, los atributos positivos de cada persona. La forma en que juzgamos a los demás dice mucho sobre nuestro propio carácter. Encendamos en nuestro corazón las luces del amor y la compasión.

 

EL VENENO DEL ODIO

En esta parashá podemos entender las terribles consecuencias de los celos y la enemistad que, si se les da rienda suelta, pueden llevar a un odio tan intenso que impide la comunicación más simple. Nuestros Sabios nos dicen que cuando Iosef saludó a sus hermanos diciéndoles “Shalom” ellos se burlaron de su saludo. Sin embargo, cuando permaneció en silencio se mofaron: "ni siquiera dice 'shalom'". Esto nos enseña que cuando hay envidia y odio, nada de lo que uno haga estará bien. Por otro lado, cuando hay amor, siempre existe la disposición a mirar hacia otro lado y perdonar.

Otra manifestación de celos y odio quedó en evidencia cuando le dijeron a Iaakov: "Por favor, identifica si esta es o no la túnica de tu hijo".6 El odio de los hermanos era tan intenso que ni siquiera soportaban pronunciar su nombre. Para evitar un deterioro tan destructivo en nuestras relaciones, procuremos siempre referirnos a los demás utilizando sus nombres y viéndolos como personas en lugar de como objetos impersonales: "él" o "ella".

Nuestra madre, la Rebetzin Esther Jungreis, decía que a menudo cuando llegaban a consultarlas familias con problemas, los niños hostiles simplemente no podían pronunciar las palabras "mi mamá" o "mi papá", y en cambio se referían a ellos como "ella" o "él". Hay una diferencia inmensa entre esas dos cosas. Cuando dices "mi mamá" o "mi papá" reconoces que, más allá de todas las diferencias, tienes una conexión… Sabes que les importas y que se preocupan de tu bienestar. Sin embargo, cuando los padres se convierten en él o ella, se transforman en objetos que no tienen ninguna importancia en tu vida.

Obsérvate a ti mismo: ¿Cómo te refieres a los miembros de tu familia? Mejora tus relaciones mediante el simple ejercicio de referirte a los demás usando sus nombres. No es casualidad que cuando Hashem expresó su amor por el patriarca Abraham y por nuestro maestro Moshé repitiera sus nombres.


NOTAS:

1. Génesis 37:18.
2. Levítico 19:17.
3. Ética de los Padres 1:6.
4. Génesis 37:4.
5. Ibíd. 37:13-14.
6. Ibíd. 37:32.

 




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